El latín ha muerto, ¡viva el latín!

Wilfried Stroh explora los misterios de la lengua de Virgilio en 'El latín ha muerto, ¡viva el latín!'
El latín ha muerto, ¡Viva el latín! de Wilfried Stroh
El latín ha muerto, ¡Viva el latín! de Wilfried Stroh
Por Abel Grau
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EL LATÍN HA MUERTO, ¡VIVA EL LATÍN!
Wilfried Stroh
Trad. Fruela Fernández.
Ediciones del subsuelo.
375 pág. 22 € Pobre latín. Cómo debe estar el conocimiento de la lengua de Virgilio que ni los corresponsales de prensa en la Santa Sede, donde es el idioma oficial, no la dominan mucho. Cuando el papa Benedicto XVI anunció en latín su inesperada renuncia, sólo una periodista lo entendió (y obtuvo una exclusiva mundial). Sin embargo, hay quien sostiene que el latín no sólo no está muerto, sino que algún día "volverá a impartirse como la reina de las lenguas extranjeras". El autor de tan quijotesco pronóstico es el latinista alemán Wilfried Stroh (Stuttgart, 1939), filólogo emérito de la Universidad de Munich y divulgador carismático. Stroh desarrolla su teoría en el tratado 'El latín ha muerto, ¡viva el latín!', Un delicioso recorrido por la historia de la lengua latina a lo largo de 2.500 años. La tesis de Stroh es que el latín nunca murió. En el siglo I aC, el latín culto quedó fijado, con Cicerón como modelo, y ya no evolucionó más. De modo que, en vez de morir, se hizo inmortal. Stroh repasa las contribuciones de los grandes poetas, narradores, científicos, filósofos y filólogos que marcaron el reinado cultural del latín en Europa. Desde la excelencia de los antiguos romanos (Cicerón, Virgilio, Horacio), el Renacimiento y el humanismo (Petrarca, Erasmo, Lutero), hasta llegar a la Ilustración, cuando el latín pierde el último bastión: la ciencia. Más controvertido resulta Stroh cuando habla del presente y el futuro. Está convencido de que el latín reaviva en chats y clubes de latinistas, por no hablar de una peculiar radio finesa. Y, lo mejor, rechaza que el inglés pueda sustituirlo como interlingua.
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