Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Barcelona icon-chevron-right La marea de Lluís Foix

La marea de Lluís Foix

Uno de los libros que agotaron existencias en Sant Jordi

Lluís Foix
Por Josep Lambies |
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Hubo un tiempo en el que el MeteoSat no existía, y la gente sólo podía predecir las inclemencias meteorológicas  por la altura que tomaba el vuelo de las perdices. Así funcionaba el mundo cuando Lluís Foix, el hombre que en una ocasión fue director de 'La Vanguardia', vivía en Rocafort de Vallbona. "Es en la infancia cuando nos hacemos fuertes -explica-. Yo  lo he notado mucho cada vez que he hecho turismo periodístico, que es el turismo más formativo que existe". Estuvo en Irak cuando durante la Guerra del Golfo, en Beirut en los momentos de conflicto y en la punta sur de Argentina. Hizo de enviado especial en China, en Babilonia y en Teherán. Y durante una época fue corresponsal en Londres. Pero cuando ha escrito un libro de memorias no nos ha hablado de sus viajes por medio mundo, sino de los recuerdos de cuando era niño y creció en un pueblecito de Lledia, en un momento en el que no existía el MeteoSat.

Se llama 'La marinada sempre arriba', y es un friso impresionista que retrata usos y costumbres de la vida agrícola durante la postguerra. "Lluís Permanyer me confesó que al principio había tenido miedo de que me saliera una especie de colección de artículos -dice Foix-. Por suerte, parece que le sorprendí". Decía Max Aub que uno es de donde cursó el bachillerato, pero si en lugar de nacer en París hubiera sufrido la Cataluña rural de los años 40 quizá habría apuntado un poco antes. Lluís Foix afirma en su libro que todo lo que sabe se lo debe a la época que pasó en el campo. "Bien, siempre se aprenden cosas -precisa-. Pero cuando llegué a Barcelona, con 17 años, ya tenía la cabeza amueblada. Lo que vino después fue como estar en el filo". Es probable que sus relatos autobiográficos no se detengan aquí, que vengan más libros sobre la facultad y la profesión. Pero las tripas le pedían empezar por el principio.

Goethe escribió que quien no sabe cómo crece un roble no sabe nada. "Quien no sabe que para obtener una uva que permita hacer vino hay que esperar, tampoco sabe nada -contesta-. En general, un agricultor ha aprendido a ser más paciente y metódico que la gente de ciudad". Tiene gracia que mientras profiere esta declaración de principios vaya consultando insistentemente el iPhone. También es cierto que 'La marinada sempre arriba' es mucho más que un manual de buena conducta campestre con homenaje a las raíces camuflado. Diría que es la mirada fascinada de un niño que hacía retratos robot de los maquis, que se tomaba el estraperlo como un juego, que sabía que el pueblo estaba dividido entre el bar de izquierdas y de derechas. Ahora este niño ha crecido, está sentado delante de mí, muy feliz, y con una sonrisa tranquila que dice: "La verdad, yo no esperaba tanto de la vida".

LA MARINADA SEMPRE ARRIBA
Lluís Foix
Columna
250 pág., 19,90 €

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