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El Petit de Cal Eril, 'La figura del buit'

Joan Pons cambia de tono en su tercer disco, ‘La figura del buit’, para dar un salto adelante junto a Mau Boada y Joan Colomo

El petit de cal eril
Por Marta Salicrú
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Me daba miedo que Juan Pons, El Petit de Cal Eril, me dejara plantada. La noche anterior había formado parte del cartel del Love is Back, el concierto en el Apolo en beneficio de Louise Sansom, compartiendo escenario con el par del Montseny, Joan Colomo y Mau Boada (Esperit!, Las Aves), y pintaba que la cosa podía alargarse: se ve que se lo pasan pipa, juntos. Por eso este año quieren repetir la Gira Santa, los tres solos por España, como la que hicieron en 2011, aunque pierdan dinero. "Nos lo pasamos muy bien y comemos aún mejor", dice el de Guissona.

Se le ve eufórico: martes se publica su tercer álbum, 'La figura del buit', y él parece otro, en comparación con cuando nos encontramos para hablar de 'Vol i dol' (2010), su anterior trabajo, un salto mortal en su carrera pero grave y trascendente. "Sí, quizás fue demasiado fuerte-admite-. Hace un año y medio que no lo escucho y no tengo ganas de escucharlo hasta dentro de bastante tiempo, porque me da un poco de dolor de estómago, este disco. Me parece que es muy bueno, pero me dejó un poco aturdido ". Una vez terminada la gira Pons acabó tomándose un año sabático - "estaba muy perdido, no sabía muy bien qué hacer" -. Y canta en 'Com un plom': "Me adentro en el mar, ensimismado por no haber hecho ninguna canción en más de dos años".

Él le quita hierro. De hecho, lo explica como si no hubiera significado ningún trauma. Pero 'Vol i dol' le costó la banda que lo acompañaba casi desde la época de 'Per què es grillen les patates?' (2007), la maqueta que BankRobber le reeditó el año pasado. 'La figura del buit' lo ha grabado con Mau Boada-que como Colomo ya había colaborado en el disco anterior: ahora Mau es su mano derecha, y Colomo continúa de invitado-, y lo presentará con una nueva formación: un cuarteto que en algunos conciertos se ampliará con una sección de vientos. "Era parte del experimento, tenía ganas de tocar con otra gente-explica-. Con Cándido, Luis y David ya hacía tiempo que íbamos juntos, y era genial, pero tenía ganas de cambiar. Era un paso natural que necesitaba hacer y un paso que tiene marcha atrás ". De hecho, tiene pensado grabar con ellos en una iglesia una canción de misa en latín, pero eso es otra historia.

A Joan Pons se le ilumina la cara cuando le demuestro que me he dado cuenta de que el fantasma de la portada no se refleja en la ventana que tiene detrás, sino en la del balcón de al lado. Los ojos le brillan cuando dice que soy la primera que se lo comenta, la primera que resuelve una de las muchas adivinanzas de la cubierta del disco, pensada para la edición en vinilo - "en formato CD queda un poco pequeña" - y que remite a un 13 Rue del Percebe surrealista, con una fachada con nueve viñetas habitadas por personas en actitudes curiosas, un fantasma y un tío vestido de reno. A Pons le entusiasma: dice que quería hacer la portada antes del álbum y todo. "Como el disco es muy largo, puedes estar rato mirándotela". Y darte cuenta, mientras escuchas los 17 temas de este disco doble-tenían que ser estos para que los dos dígitos sumaran la cifra mágica-, que de los nueve balcones sólo ocho están llenos.
"Me angustia la idea de hacer una portada muy preparada. Y esta lo es, pero a la vez refleja un momento concreto, porque la foto de después ya era diferente. Esto es como en el disco". Mau Boada ha tenido mucho que ver, dice: "Él sólo se preocupa de que lo que se grabe refleje un momento en que aquello le diga algo". Y la espontaneidad le va de perlas al tono fresco y vital del disco. "Nadie nos sacará nunca las ganas de vivir. Nadie nos sacará nunca las ganas de reír", canta en 'Amb tot', el tema que estrenó en vivo en el 'Love is Back' del Apolo.

"Hemos reído mucho, grabando, y no sólo grabando, y el disco también tiene mucho de eso, ha sido muy influenciado por el momento". Pero El Petit de Cal Eril no eligió a Boada por su sonrisa-esa sonrisa aŀlucinat que hace cuando se pone a la batería-, sino para poderse relajar. "Tenía ganas de despreocuparse un poco de la grabación, y necesitaba alguien en quien confiara mucho y que me ayudara a sacar este punto más vivo de la música", explica. Y cuando se trata de grabar, Mau es su alma gemela. "Es un fanático del tema analógico y antiguo como yo, nos podemos pasar horas charlando de micrófonos y de grabaciones y en cambio no hablar de música, y siempre coincidimos con las músicas que nos gusta cómo están grabadas".

Sólo así se explica que Joan Pons haya podido titular el disco a partir de un tipo de micrófono, o vaya, con un juego de palabras que hace referencia ('buit', vacío en catalán' se escribe casi igual que 'vuit', número ocho). "Los micros de figura del 8 son los primeros que se hicieron, y se utilizaban mucho antes. Son bidireccionales y graban igual por delante y por detrás". Dibujad mentalmente un ocho e imaginad un micro en el punto donde el trazo se cruza: el espacio comprendido dentro del ocho es el área de alcance del micrófono. Pero si bien Pons abre el álbum con un tema titulado 'La figura del 8', para el título del disco lo cambia en 'La figura del buit', ligando la pasión que siente por la física con la tendencia a la metafísica que demostraba en 'Vol i dol' . Ahora, la gravedad se quedó por el camino durante ese año sabático. Y temas trascendentes, como el paso del tiempo, se manifiestan en letras en apariencia menos serias, como cuando canta que se ha visto más barriga al verse reflejado.

El símbolo del infinito
Por primera vez, o casi, El Petit de Cal Eril hace de Ray Davies, y como hacía el británico ya al frente de The Kinks, retrata personajes curiosos, como un farmacéutico de Lleida que está pegado al Orfidal. "No lo había hecho mucho, no, y nunca tanto-reconoce-. Tras el otro disco me iban saliendo canciones, pero no los encontraba el punto; me parecía que buscaba otra cosa y sentía cierto pudor. Pero intenté ser honesto conmigo mismo y me dije, si estas son las canciones que te salen, pues es este el disco que tienes que hacer ". Al final se fue sintiendo cómodo con la idea de asumir diferentes puntos de vista, le fue encontrando el gusto. "Hay muchas cosas que dependen de cómo las mires. Esto también encaja con el tema 'La figura del 8', que depende de cómo te lo mires puede ser un 8 o el símbolo del infinito". Un símbolo que, por cierto, no puede ser más trascendente.

El desfile de personajes no es el único rasgo que da un cierto aire de pop británico en el álbum, aunque no fuera algo buscada, al menos por Juan. "En el disco hay bastantes vientos porque yo quería hacer un disco Motown, tenía esta idea en la cabeza. Pero Mau me ha pervertido el asunto y me ha hecho muy de los 90, con esos pa-pa-pa. El rollo este Motown no acaba de entrar, me decía-y ríe, dando a entender que le levantó la camisa-. Pero también me gusta. Ayer me decía Fernando Palacio (de Anímic), que hay temas que parecen de Blur ". Ayuda el hecho de que Pons amputa los tramos finales de algunos temas, haciendo que el pop gane al rock de tintes progresivos. "Ya ha quedado suficientemente largo, yo no sé si la gente lo podrá escuchar hasta el final, todo entero, debes tener un rato".

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