Blackstar

David Bowie
David Bowie
Por Nando Cruz |
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Certeza, ninguna. Pero la sensación que 'Blackstar' es un disco concebido como si David Bowie ya estuviera muerto ha tomado consistencia definitiva. Escuchad cómo se mueve su voz. La música gira a su alrededor con una viscosidad inédita, aparecen sonidos extraños por debajo, por la izquierda, por detrás... Y él intenta mantener las formas de 'crooner' solemne, tembloroso y crepuscular. 'Blackstar', la canción, es medio letanía medio exploración del terreno. Bowie canta desde un lugar desconocido. No sabe donde está. Pero ya no está entre nosotros.

Esto no quiere decir que 'Blackstar' anuncie una muerte inminente. Es más que esto. Parece como si el trabajo del productor Tony Visconti hubiese sido imaginar el clima sonoro desde donde alguien que ya no está entre nosotros nos envía un disco. Bowie siempre ha estado interesando en llevarnos con su música a sitios donde nunca hemos estado. Y este podría ser el último. Al día siguiente del último día.

En los videoclips de 'Blackstar' y 'Lazarus', la columna vertebral del disco, vemos a un Bowie demacrado, sí, pero la voz todavía suena temperada. Y en muchos otros momentos del disco, incluso se agarra a melodías luminosas. Es bastante extraño. Es un Bowie que todavía quiere vivir (escuchad 'I can't give everything'), pero que ya se nos presenta dentro del laberinto sin retorno.

'Blackstar' es un disco angustioso, oscuro, intrigante, apocalíptico, a veces frenético, a menudo jeroglífico. Es un disco de texturas experimentales donde la batería y el saxofón son protagonistas destacados; per no es un disco de Scott Walker, para entendernos. Es un disco corto, eso sí. Pero no había tiempo para más.

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