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Entrevista a Chucho Valdés

El pianista cubano recuerda su padre Bebo y presenta 'Border-free' en 45 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

Por Marta Salicrú |
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Chucho Valdés
© Frank Steward Chucho Valdés

Chucho Valdés suelta una risotada, extrañamente aguda para un hombretón de su tamaño, cuando se le hace notar hasta qué punto se aprovecha su visita a Cataluña como plato fuerte del acabado de arrancar 45 Voll- Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona.

"¡Eso siempre!", dice el gran pianista cubano. Pero su agenda desde cansa sólo de mirarla: tres conciertos al frente de The Afro- Cuban Messengers para presentar el álbum 'Border-free' (2013) en Barcelona, Girona (31 de octubre) y Manresa (1 de noviembre); un papel estelar en la Rumba para Bebo, el homenaje que el festival rinde a su padre, el también ilustre pianista cubano Bebo Valdés, fallecido este año; una clase magistral martes Conservatorio del Liceo; y la presentación de 'Calle 54' junto al director Fernando Trueba en la Filmoteca.

Una actividad frenética, y más para un hombre de 72 años. Pero él lo tiene clarísimo: "El tiempo no existe cuando hay creatividad". Y a él le sobra: entre sus proyectos de futuro tiene llevar su jazz afrocubano al plano sinfónico y estrenar una obra con Wynton Marsalis que hermanará Cuba con Nueva Orleans, parientes con respecto a las raíces africanas y francesas. Así que tranquilos, podemos continuar exprimiendo a Chucho sin remordimientos.

Rumba para Bebo
Le esperan días de emociones fuertes. Se le humedecen los ojos cuando recuerda la vez en la que el Festival honró a su padre con la medalla de oro que otorga a los grandes maestros -"Me sentí tan orgulloso", evoca-, y que este año recibirá él. Y también será muy potente ser el maestro de ceremonias de la Rumba para Bebo, el homenaje con el que el desaparecido pianista quería que se le recordara. "Desde que era pequeño me decía -recuerda Chucho-: el día que muera no quiero lágrimas, quiero que haga una fiesta con mi música más bailable, y que todos se diviertan y brinden por mí, que beban ron y tomen chocolate caliente", delicias que animaban las veladas, cuando aún se velaba a los muertos en casa, en su Quivicán natal. Una gran fiesta con música y baile que contará con más de una veintena de músicos, entre ellos Omar Sosa, Javier Colina y Jerry González.

Como mínimo no tendrá que preocuparse por el jet lag. El cubano vive en Málaga, donde se trasladó con su mujer y su hijo hace tres años para estar con su padre, cuando a éste le empezaron a fallar las fuerzas y hasta el final. ¿Qué hacía Bebo, en Málaga? "Fue a tocar y le gustó la ciudad y la gente. Y estaba harto del frío de Suecia". Aunque le dio pena por su madre, Chucho no reprochó nunca a su padre que los dejara cuando abandonó Cuba por discrepancias con el régimen, ni que rehiciera su vida en el norte de Europa. Cuando Bebo lo necesitó, Chucho corrió a su lado. Y ahora no tiene ninguna intención de irse de Málaga. "Como músico que trabaja en Europa para mí es más fácil venir de allí que de América".

Sin fronteras
Pero Chucho no sólo viene para recordar a su padre. Nos trae ' Border-free', el segundo álbum con sus Afro-Cuban Messengers -su cuarteto de jóvenes talentos, como los Jazz Messengers de Art Blakey- después de 'Chucho's steps' (2010), que le valió el quinto Grammy. Es un disco en el que lleva "un poco más allá" la fusión connatural en la música cubana y en su trayectoria. "Nuestra música es pura fusión, rompe fronteras sin saberlo: los haitianos nos llevaron los ritmos franceses, que se convirtieron en cubanos. Pero haciendo fusión de forma premeditada encuentras que hay cosas que no se han mezclado y que tienen mucha relación, como los ritmos árabes, el flamenco y la música clásica europea".

Chucho cita a Rachmaninov y Bach en los temas que dedica a su abuela, 'Caridad Amaro', que recupera de 'Calle 54' y hace crecer, y a su madre, 'Pilar', quien murió hace dos años, porque eran lo que una y otra le pedían que les tocara. "Los temas me lo pedían, era una cuestión personal". Y Chucho no lleva plumas de cabeza comanche en la portada del álbum porque sí: el álbum también indaga en la herencia de los indios americanos deportados a Cuba en el siglo XIX. "Es feo que lo diga yo, pero para mí este disco es genial", remata satisfecho. ¿Preferiríais falsa modestia?
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