Entrevista a Muse

El batería Dom Howard admite que siempre soñaron con ser un grupo de estadios. Presentan 'The 2nd law' en el Estadi Olímpic
Muse
Por Marta Salicrú |
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Que levanten la mano aquellos que de adolescentes hayan tenido un grupo y se hayan imaginado tocando para cientos de miles de personas. Dom Howard la levantaría sin dudarlo ni un segundo: el batería de Muse fantaseaba con la idea de formar parte de un grupo de estadios desde los tiempos en que él, Matt Bellamy y Chris Wolstenholme eran unos mocosos que ensayaban en el sótano de la abuela de Bellamy.

"Salíamos de la adolescencia e íbamos a festivales como Reading y Glastonbury, y eso nos inspiró, nos mostró hasta dónde podíamos llegar en un futuro -recuerda Howard-. Yo soñaba con tocar en grandes estadios, y recuerdo un momento muy concreto, viendo a Rage Against the Machine en Reading, y pensar, uau, me gustaría tocar en el escenario principal". Si a parte de Howard alguien más ha levantado la mano, que la baje si su sueño no se ha hecho realidad: Muse se estrenó en el escenario principal del festival de Reading en 2006, año en el que editaron su cuarto álbum, 'Black holes and revelations'.

"Fue una experiencia increíble", afirma, y desde entonces tocar ante decenas de miles de personas ha sido para ellos algo tan rutinario que cuando en febrero tocaron en el Shepherd's Bush Empire de Londres -con un aforo para 2.000 personas, casi el doble que la Apolo- para el trío fue como hacer un show de pequeño formato. Ahora los británicos afrontan el reto de llenar el Estadi Olímpic de Barcelona, un cometido en el que ni la ambición rubia, Madonna, ha salido airosa. Pero si Muse eran ambiciosos cuando empezaron a tocar, hace casi veinte años, imaginad cómo lo son ahora.
 
Ambición sónica
El disco que vienen a presentar, 'The 2nd law', publicado a finales del 2012, es otra evidencia de la ambición del trío, en este caso sónica. Si en los inicios las comparaciones con Radiohead les podían resultar odiosas, el grupo de Thom Yorke y Muse han tomado direcciones opuestas: unos hacia la electrónica experimental tirando a minimalista, y los otros hacia el rock sinfónico y el electro-house para masas en la línea de Skrillex.

"Creo que nos hemos arriesgado mucho con este disco -explica Howard-, y como grupo hemos sentido que hemos encontrado algunas áreas de la música que no habíamos abordado nunca. Hemos conseguido un disco muy diverso, nos dimos cuenta de que la música nos llevaba hacia diferentes direcciones, así que lo maximizamos, probar muchas ideas diferentes. Sólo tienes que escuchar las primeras tres canciones: ¡parece que seamos tres grupos diferentes! Nos hemos abierto muchas puertas y nos ha dado muchas opciones de cara al futuro".

Es evidente que han arriesgado: sólo hay que escuchar 'Survival', quizá el himno olímpico -lo fue de Londres 2012- más excesivo de la historia: su aire al Queen más demencial haría palidecer a Freddie Mercury, y los coros de soprano, Montserrat Caballé. ¿En algún momento pensaron que estaban yendo demasiado lejos? "Con la música me gusta llevar las cosas al límite -dice Howard-. 'Survival' quería llevar al límite la idea de una canción épica, y cuando la acabamos pensamos que realmente no podíamos ir más allá".

¿Y han tocado techo? "Quizá de cara al próximo disco tiramos marcha atrás -concede-. O quizá encontramos la forma de ir todavía más lejos. Éste es el tipo de música que hacemos, con progresiones demenciales, instrumentos pesados, coros masivos, armonías enormes... son las cosas que nos excitan de la música"

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