Refree cierra una etapa

El músico barcelonés, a caballo entre la canción de autor y el pop de vanguardia, celebra el 10º aniversario y se despide de la guitarra acústica
Refree
© Maria Dias
Por Marta Salicrú |
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De acuerdo, hace 11 años que se publico 'Quitamiedos' (2002), el primer disco de Refree. Pero Raül Fernández reniega un poco de este debut hecho con prisas en el que, eso sí, reconoce "muchas cosas que han acabado saliendo más tarde, pero mal hechas".

El que él considera su primer disco es 'Nones' (2003), y de este sí que celebra este año la primera década. Por eso, cuando el Festival del Mil·lenni le ofreció tocar, el músico y productor -se siente afortunado de que gente "con tanto talento" como Kiko Veneno, Fernando Alfaro, Sílvia Pérez Cruz, Mala Rodríguez y Nacho Umbert, entre otros, le hayan confiado su música - pensó que estaría bien soplar las velas.

Pero sobre todo para pasar página. "Desde que acabé 'Matilda' (2010), vivo un momento de cambio. El concierto es la clausura de una etapa". Hablamos sobre ello.
 
¿Qué es ahora Refree?
Ha habido una evolución de lo que significaba Refree para mí. En los primeros discos, toda mi vida musical giraba alrededor de ellos. En lo que me he acabado convirtiendo, Refree se ha convertido en "el sitio de mi recreo", como decía Antonio Vega, un proyecto en el que hago lo que me apetece cuando tengo alguna cosa para explicar, sin prisa. 'Els invertebrats' (2007) ya fue una demostración que no quiero sufrir para romper con lo que hecho o para perder público. Si deja de ser esto perderá todo el sentido.

¿Estás satisfecho de que sea así?
Tengo dominado el ego y no necesito más reconocimiento, estoy muy cómodo con la estima que siento de los músicos, la prensa y el público. Ahora, con Refree es difícil tocar fuera de las grandes ciudades, donde no tengo público suficiente. Da pena que después de 10 años sea un proyecto tan minoritario. Pero yo no he buscado otra cosa

Eres caro de ver y nunca tocas solo.
No, no hago concesiones de ningún tipo. Tampoco utilizo las redes sociales ni hago demasiada promoción. Me gusta mucho ser un artesano con mi trabajo, el resto de cosas me despistan. Curro mucho, pero siempre haciendo cosas que me gustan. Si un día, como músico, tuviera que hacer algo que no me gusta, preferiría otro trabajo. ¡Si cuando toco con alguien que no me gusta tengo ganas de matarlo! Exagero, pero por eso me gusta tanto tocar con quien toco, porque con el paso de los años he ido encontrando gente con quien me siento especial tocando. Soy muy romántico, pero creo que es con el amor a la música con el que se consiguen las cosas.

¿Cómo eres como productor?
Soy un productor atípico, hago mucho trabajo de preproducción. Ensayo, toco con uno y con otros, ceno... y así conozco al artista, porque no quiero hacerle ser lo que no es. Cuando produje a Roger Mas, que fue una de las primeras producciones que hice, creo que le quise ir hacia un sitio que no era el suyo. Yo estoy contento del disco, pero creo que fue un error.

¿El productor le ha quitado el sitio a Refree?
Me decía Sílvia (Pérez Cruz) si no debería descansar un poco de producir. Pero a veces lo siento como una responsabilidad. Ahora produciré el nuevo disco de Christina Rosenvinge y, cuando la escucho, pienso que tengo que hacerlo, porque tiene temas buenísimos.

¿Qué otros proyectos tienes a la vista?
El nuevo de Nacho Umbert, que será brutal, un nuevo proyecto con Ferran Palau (Anímic), Joan Pons (El Petit de Cal Eril), Mau Boada (Esperit!) y Jordi Matas, y con Sílvia nos debemos y queremos grabar temas que nos gustan a dúo, guitarra y voz. ¡Pero yo quiero tocar la eléctrica!

En el concierto benéfico Love is Back tocasteis juntos con la eléctrica. ¿El cambio viene a raíz de aquel concierto?
Sí, fue uno de los momentos más intensos de mi vida. Porque la decisión de coger la eléctrica la tomé cinco segundos antes de salir al escenario. Cogí la Telecaster de Jordi Matas cuando él se marchaba del escenario.

¿Y el nuevo disco de Refree?
Se han acabado los arreglos de cuerda y la guitarra acústica, de la que me he cansado, le he cogido manía, basta de hacer de cantautor. Estoy prescindiendo de todos los instrumentos acústicos, excepto de la batería. Es salvaje: grabo de noche y me voy a la cama preguntándome si me estoy volviendo loco. Pero lo escucho al día siguiente y ¡me gusta!

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