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El año 1703, y tras una terrible epidemia de peste, el gremio de confiteros y pasteleros convocó un concurso de dulces para animar a la gente durante las fiestas navideñas. Las normas decían que uno de los postres debía ser como la piedra y el otro como el pergamino, de fácil conservación y con un precio asequible. Este taller rememora el concurso y podrá convertirse en maestros pasteleros. Paseando por el Born conoceréis cómo eran las comidas de Navidad y en el Museo del Chocolate prepararéis deliciosos barquillos y exquisitos turrones.
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