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Passatge de les Manufactures
Scott Chasserot

5 cosas que no sabías del Passatge de les Manufactures

Por
Eugenia Sendra
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Celebramos la reapertura del Passatge de les Manufactures; no tiene el encanto de antaño, cuando parecía que te metías dentro de una calle sin saber dónde te llevaría, pero almenos aún es transitable y permite el rápido acceso entre Sant Pere més Alt y la calle Trafalgar. Asciende o desciende, mira a izquierda, derecha y también hacia arriba, y déjate llevar por la historia que aún respira el pasaje.

Espíritu benjaminiano
"Un día, por casualidad, cerca de mi nuevo piso alquilado me encontré en la boca del pasaje Manufacturas, camuflada en un portal de la calle Trafalgar, y pasé la administración de lotería y bajé las escaleras en penumbra y crucé aquel túnel alucinante que no se parece a ningún otro de esta ciudad uniforme y, sin embargo, llena de diferencias, y al otro extremo me tomé un café en el bar Pasajes". La referencia a Jordi Carrión resulta obligada, sobre todo porque a raíz del descubrimiento del passatge de les Manufactures comenzó la investigación que acabaría dando lugar al monumental libro dedicado a los pasajes (Galaxia Gutenberg, 2017). A lo largo de ocho años, el autor ha recorrido hasta 400 pasajes, recuperando las respectivas historias y con Walter Benjamin siempre presente, quien escribió que "los pasajes son casas o corredores que no tienen ningún lado exterior, al igual que los sueños".

'Barcelona. Libro de los pasajes', de Jorge Carrión

Pasado industrial
El passatge de les Manufactures y el de Sert, callejones paralelos con historias y ritmos vitales diferentes, son testigos del pasado industrial del barrio de Sant Pere, que vivió el revulsivo definitivo con la construcción del Palau de la Música a principios de 1900. En 1878 entró en servicio el corredor que quedaba integrado en el edificio construido por el fabricante de tejidos Joan Cirici.

© Maria Dias

Público o privado
Se trata de un espacio privado de uso público que une dos edificios catalogados: el de Trafalgar, donde se ubica el Yurbban Passage Hotel & Spa, el segundo alojamiento de la cadena Smart Rooms Company en la misma calle, y el de Sant Pere més Alt. En la remodleació han eliminado los volúmenes que se habían ido añadiendo con el tiempo, se ha instalado un nuevo pavimento (similar a la piedra de Montjuïc) y se han decapado las paredes para encontrar los colores originales del pasaje. "Se ha restaurado siguiendo la supervisión de Patrimonio y el Institut de Paisatge Urbà", indica Mercè Conca, del despacho Blanch + Conca. Destaca la recuperación de los techos artesonados de escayola en la entrada de Sant Pere més Alt. Ahora el pasaje luce diáfano y aséptico y, a pesar de haber perdido el cierto encanto tronado, sugiere como era a principios de siglo XX. "El aspecto original y el encanto por el que es un espacio catalogado es este", remata Conca.

Curva de terreno
Pero el pasaje esconde otro secreto, y es que en él se evidencia el desnivel que separa el plano de Barcelona de las zonas deltaicas y litorales. Según leemos en el Mapa geotécnico de Barcelona, "hay un talud inclinado, que se puede seguido en muchos lugares, si bien el desarrollo urbano ha tendido a hacerlo desaparecer en el centro de la ciudad". Se reconoce en la calle de Gravina y en la zona de Via Laietana, entre otros. Entre las calles de Sant Pere més Alt y Jonqueres hay un desnivel de 4 metros que se salva con las escaleras del pasaje. Carrión también habla de ello en su libro.

Huella artística
Han desaparecido los pequeños establecimientos que ocupaban el pasaje antes de su reconversión y, por el contrario, se han abierto grandes ventanales que dan a los fogones y las mesas del restaurante Flax & Kale. Pero también hay espacio para el arte: antes de subir la escalera os encontraréis con la escultura voladora de Antoni Yranzo. "Por aquí sólo había transitado gente, y ya que el hotel reabría el pasaje, pensé en las huellas. Es el recuerdo de las huellas que ha dejado la gente". Se trata de una instalación viva, que situada bajo el lucernario del hotel, de 9 m x 3 m. "Siempre trabajo con madera buena recuperada, pero aquí quería que la pieza no pesara y durara", explica el artista.

'Petjades', d'Antoni Yranzo

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