[category]
[title]
Entrevistamos a la escritora, guionista y comunicadora Anna Manso sobre los retos de la violencia digital

Por Rita Roig
Anna Manso es escritora, guionista y comunicadora. Su periodismo feminista, lleno de humor y crítica social, le genera todo tipo de reacciones, tanto en las redes como en la sección de comentarios de los diarios digitales. Además, como autora de literatura infantil y juvenil, mantiene un contacto directo con los adolescentes y su forma de relacionarse en el espacio digital. Hablamos con ella sobre dar la cara, escribir y opinar, y sobre la iniciativa “On són les dones?”, que impulsó en 2016 para reivindicar la presencia femenina en los espacios de opinión.
¿Has sufrido violencia machista digital en las redes?
Creo que no hay ninguna mujer que haya interactuado en el mundo digital que no haya sufrido, en mayor o menor medida, violencia digital por el hecho de ser mujer. Si, además, tienes la osadía de opinar y sentar cátedra al mismo nivel que lo haría cualquier hombre, ¡los puntos se duplican! Y si lo haces en catalán, ¡tres puntos más! Vamos acumulando puntos, pero el factor más importante sigue siendo ser mujer.
¿Cómo se manifiesta esta violencia en tu caso? ¿Tiene que ver con hablar de feminismo en internet?
Cuando existía el antiguo Twitter (ahora en X tengo el perfil congelado por una cuestión de militancia contra Elon Musk), si escribía la palabra "feminismo", siempre había alguien que respondía. Ese alguien, por casualidad, siempre era un hombre que me explicaba exactamente lo que yo quería decir. En mi caso, me lo puedo tomar con humor, porque no es un acoso brutal que me incapacite, algo que sí les ocurre a muchas compañeras de trinchera, como Cristina Fallarás, que es el caso más paradigmático y dramático de esta violencia. Ser articulista también tiene que ver: este verano hice una serie de cuadernos en el Diari Ara sobre feminismo con sentido del humor y tuve que lidiar con los comentarios de algunos hombres indignados. A ellos los llamo “Antonius”, un nombre inventado para no generalizar, pero que hace referencia al hombre que reacciona a la defensiva y al que le falta una buena parte de comprensión lectora. En Instagram también recibo algún mensaje violento. Son pocos, pero los denuncio y bloqueo. Soy una gran defensora del bloqueo: hay que contestar, pero luego bloquear. Las redes son nuestra casa y no debemos dejar entrar a cualquiera.
Háblanos de la iniciativa “On són les dones?”. ¿Cómo nació y por qué?
Existe una violencia digital proactiva: tú alzas la voz y recibes una reacción, ya sea en redes o en los medios. Cuando participas en tertulias, puedes recibir respuestas cargadas de paternalismo o desprecio. Además de esta violencia directa, existe otra, quizás más importante: la violencia del silenciamiento. En 2016 tuve la fortuna de participar en la creación de la plataforma “¿On són les dones?”, formada por 50 mujeres unidas para reivindicar el derecho a participar en el espacio de opinión de los medios catalanes. Y todavía seguimos activas. A pesar de algunas mejoras, el hecho de que en la mayoría de los diarios en papel el 80% de las opiniones sean masculinas demuestra que queda muchísimo por hacer. Nos dedicamos periódicamente a contar cuántas mujeres participan en los principales espacios de opinión de los medios catalanes (columnas, críticas y tertulias) y lo explicamos en redes con humor. La primera vez tuvo buena acogida, pero después nos decían que el humor ya cansaba. Entonces, en lugar de arredrarnos, pensamos: “Vamos muy bien”.
¿Qué opinas sobre el anonimato en internet? ¿El hecho de ser un personaje público hace que recibas más comentarios que si fueras anónima?
Me cuestiono mucho el espacio de comentarios de los diarios. Entiendo que a los medios les interesa, pero deja al articulista expuesto a comentarios muy desagradables que quedan registrados, sin derecho a réplica. Sobre el anonimato en las redes, lo estoy pensando. Una identidad digital evitaría los bots, pero el anonimato es necesario para el activismo desde los márgenes y la disidencia. Lo que sí que pido es reciprocidad: si yo firmo con nombre y apellidos, quien me comenta también debería hacerlo para estar en igualdad.
¿Cómo valoras el uso de las redes y la violencia digital entre los adolescentes cuando das charlas en las aulas? ¿Lo tienes en cuenta al escribir literatura juvenil?
El mundo de los adolescentes me preocupa, especialmente cómo crecen los chicos y la masculinidad que se conforma en el entorno digital. Recomiendo mucho el libro Què passa amb els homes? de Caitlin Moran. Las chicas tienen el feminismo como referente, a pesar de la presión estética, pero los chicos a menudo no tienen referentes positivos y caen en la “masclósfera”. En mi última novela juvenil, Violins elèctrics, hablo de la presión de las redes. El protagonista tiene quince años, le sale una cola de caballo y lo oculta. Si esto trascendiera en las redes, sería durísimo para él. Agradezco no haber tenido redes durante mi adolescencia, porque lo habría pasado muy mal. En las escuelas defiendo la lectura profunda como herramienta de pensamiento crítico y como un buen antídoto frente a la inmediatez reactiva de las redes.
Discover Time Out original video