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Barcelona ha perdido una de cada cuatro mercerías, droguerías y pescaderías desde 2016

“Adaptarnos nos ha hecho aguantar 103 años, pero no sabemos qué hará la cuarta generación”, dicen en la mercería Perelló

Escrito por
Time Out Barcelona ACN
Merceria Perelló
ACN | Merceria Perelló
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Barcelona ha perdido una de cada cuatro mercerías y droguerías entre el año 2016 y el 2024, y también un 30% de las zapaterías y negocios de piel, según los censos municipales de locales comerciales consultados por la ACN. Las cifras ilustran el retroceso del comercio tradicional y al detalle, que en el ámbito de la alimentación también sufren negocios como las pescaderías -han cerrado 141 en estos ocho años, casi el 25%-, las tiendas de huevos y aves -un 15% menos- e incluso las carnicerías -un 10% menos-. El alcalde Collboni planteó recientemente regular los alquileres comerciales y un fondo para comprar locales emblemáticos "en riesgo". En la centenaria mercería Perelló de Sant Andreu no tienen claro que la cuarta generación tome el relevo, admiten a la ACN.

Ramon Martínez Perelló es la tercera generación de la centenaria mercería Perelló (103 años de historia) en el barrio de Sant Andreu. Su negocio resiste “adaptándose de forma camaleónica al cliente y a lo que pide hoy”, pero tiene dudas de que la cuarta generación siga su legado como merceros.

Mercerías: “de una cada tres esquinas a una cada tres barrios”

Resignado, pero sin perder el humor, Perelló resume gráficamente el declive de su negocio: “Antes había una mercería cada tres esquinas, ahora hay una cada tres barrios”. El tendero reconoce que hay otros negocios que les han hecho daño, sobre todo “los grandes bazares chinos”, que ofrecen muchos de sus productos; eso sí, “con una calidad muy inferior y un servicio de asistencia del que no se pueden hacer cargo, empezando por la lengua”, subraya.

“De momento tenemos para unos cuantos años”, dice Perelló para tranquilizar a la clientela habitual. Y, optimista, no descarta que el negocio pueda continuar como tal con un traspaso, aunque no lleve el nombre de su familia. “Creo que no cerrará, porque tenemos unos valores que no hay en ningún otro sitio”.

La ACN se ha fijado en la evolución en Barcelona de comercios tradicionales, históricos o no, concretamente en mercerías, zapaterías y negocios que trabajan la piel, droguerías y perfumerías; en cuanto a la alimentación, en comercios de venta al detalle fuera del supermercado, como las pescaderías, carnicerías y charcuterías, y las tiendas de huevos y aves. Hay que decir que no existe una delimitación clara sobre qué se entiende por comercio tradicional, y que incluso hay algún caso de negocio que se podría considerar como tal, por ejemplo tintorerías y peluquerías, que crecen en los últimos años.

Pero, cuando se compara el censo de locales de 2016 (el primero con este nivel de detalle) con el de 2024 (el último con datos disponibles), el retroceso de la mayoría de establecimientos tradicionales es pronunciado. Probablemente, si se pudiera ir más atrás el descenso sería más acusado porque el declive de este tipo de comercios no es reciente.

Zapaterías, droguerías y pequeña alimentación, también a menos

Las zapaterías y negocios de piel también sufren: han cerrado 250 en menos de una década, que son casi el 30% de las que había en 2016. Y el mundo de las droguerías y perfumerías también va a la baja, con el adiós a 200 de cerca de 800 negocios que aún había en 2016 (una de cada cuatro, igual que las mercerías).

El mundo de la alimentación también se ha ido transformando y concentrando alrededor de los supermercados. En este ámbito, han bajado sobre todo las pescaderías y marisquerías, de las que se han perdido 141 (de nuevo, casi una de cada cuatro). Los puntos de venta de huevos y aves caen menos porcentualmente (un 15%), pero es que ya quedaban pocos. Cerca de 300 hace ocho años, 260 en el último censo comercial disponible. Y en cuanto a las carnicerías, han cerrado 120, lo que supone un 10% de las 1.137 que había en 2016 en Barcelona. Los puntos de fruta y verdura también van a menos en los últimos tiempos, y caen por debajo del millar (158 locales activos menos).

La voz de los comerciantes

Pròsper Puig, presidente de la Fundació Barcelona Comerç y expropietario de la histórica Cansaladeria Puig en Sant Andreu (todavía abierta, ahora en manos de un grupo charcutero catalán), asume que el cierre del negocio tradicional “es una realidad” que quieren “combatir”, aunque defiende que los ejes comerciales mantienen “una fortaleza importante”. “Vemos un cambio de tipología del comercio, se está profesionalizando mucho y entran otro tipo de operadores que antes no estaban”, expone. Según Puig, los negocios que “necesitan presencialidad” tienen mucha más resistencia que los demás, que han sido más víctimas de las opciones de compra en línea.

Sobre la propuesta lanzada recientemente por el alcalde Collboni de regular alquileres comerciales y comprar locales emblemáticos “en riesgo”, unos días antes del anuncio Pròsper Puig decía a la ACN que ve “difícil” la protección del comercio histórico, pero ya apuntaba “que se pueden hacer muchas cosas”.

Ayudas económicas y “menos normativas”

El mercero Perelló pide no solo “medidas económicas” como las propuestas por Collboni, sino también facilidades y tal vez un “estatus especial” para proteger este tipo de comercio. Apunta, por ejemplo, una relajación de las “normativas municipales” de todo tipo (rotulación, iluminación, acceso adaptado, regulación laboral, etc., enumera) “que hacen que cada vez nos sea más complicado sacar adelante el negocio”.

A pesar de este panorama incierto, desde Barcelona Comerç, Pròsper Puig rompe una lanza por el comercio de proximidad y reivindica que hay sectores que han evolucionado “muchísimo” y que a base de profesionalización y buen servicio al cliente se hacen “imbatibles”. “Profesionalidad, buen servicio y buen producto”; eso, en un mundo en línea es imposible de ofrecer, remata.

Dinamismo comercial barcelonés

Las cifras de apertura y cierre de establecimientos se deben poner en un contexto de dinamismo comercial en Barcelona. Hoy constan 61.875 locales ‘activos’ en la ciudad, un incremento de un 2,6% (1.500 negocios) respecto a 2016 (y de un 5% respecto a 2022, pero esta comparación se ve afectada por la salida de la pandemia). Además, la distribución territorial de locales activos se mantiene constante desde 2019 y el número ha crecido en todos los distritos como mínimo respecto a 2022.

En este sentido, el retroceso de los tradicionales no se puede imputar en ningún caso a un descenso del volumen de negocios. Además, hay algunos crecimientos comerciales que sobresalen, como la apertura sostenida de nuevos establecimientos de gimnasio y fitness, de los cuales la ciudad tiene un tercio más que en 2022 (de 367 locales se ha pasado a 486 en tan solo dos años -no se puede comparar con 2016 porque estaban agrupados gimnasios y equipamientos deportivos-). También se puede inferir el impacto del comercio electrónico en el aumento de las actividades de almacenamiento, con un crecimiento espectacular del 44%, 800 nuevos puntos en la ciudad en dos años, de 1.684 a 2.419.

Índice de comercio cotidiano “mejor”

Además, a raíz de la pandemia y los confinamientos el Ayuntamiento incorporó a su análisis periódico sobre la actividad comercial un nuevo indicador, el índice de comercio de uso cotidiano, que mide la proporción de este tipo de comercio respecto al total de establecimientos (incluye supermercados y entidades financieras, en un contexto de reducción de oficinas bancarias que se entiende como una “barrera” para cierta población). Según el consistorio, el indicador se mantiene en un 13% en los últimos años, de media. Analizado por barrios, se observan importantes diferencias entre zonas con mucho más comercio de proximidad (como Trinitat Nova, en Nou Barris, con un 30%), y otras con una carencia clara (como la Marina del Prat Vermell, en Sants-Montjuïc, con un 2,1%).

El último informe municipal sobre el estado de salud del comercio ofrece también la relación por distrito, donde gana Nou Barris (15,5%), aunque ha retrocedido más que en ningún otro (un punto en dos años), seguido de Horta Guinardó (14,1%), Sants-Montjuïc (13,5%), Ciutat Vella (13,3%), Gràcia (13,2%) y Eixample (13,01%). El distrito con el índice más bajo es Sarrià-Sant Gervasi con un 11,4%.

Por otro lado, se describe Barcelona como una ciudad “muy activa en comercio y servicios”, y que destaca por tener una densidad de comercios superior a otras metrópolis como París. “La ciudadanía de Barcelona tiene a su alcance una oferta de comercio muy abundante; múltiples variables como pueden ser la compacidad urbana, la gran cantidad de visitantes que cada año recibe o su morfología hacen de Barcelona una ciudad muy activa en comercio y servicios”, apunta el mismo informe.

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