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Bruna Cusí: “El compromiso es el acto más radical”

La actriz estrena Un altre home y visita la redacción de Time Out para hablarnos de la película, pero también del dulce momento que vive, de surfear olas, de creación, de cooperativas de vivienda y de conversaciones en la cama

Àlex Montoya
Escrito por
Àlex Montoya
Editor de cine
Bruna Cusí
Sebastián Marín | Bruna Cusí
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"Ostras, Bruna, estás en todas partes", nos cuenta que escucha a menudo. Y es comprensible que esta sea la sensación de los amigos, conocidos y saludados de Bruna Cusí (Barcelona, 1986). Aún no hace dos meses que levantaba un premio Gaudí por su interpretación en Frontera, e inmediatamente después estrenaba Balandrau, viento salvaje, un fenómeno de público que ha llevado al cine a 150.000 catalanes. Otro dato más: hace pocas semanas presentaba hasta tres largometrajes en un mismo festival, el de Málaga. Así que convendremos en que los amigos, conocidos y saludados de Bruna tienen algo de razón.

Pero solo un poco, porque si algo caracteriza el oficio de la protagonista son los altibajos, y el contraste entre los momentos de máxima exposición y los de recogimiento y reflexión. De eso hablaremos en esta charla que mantenemos en la redacción de Time Out, la misma semana que presenta Pizza movies en el Festival D'A y que llega a las salas Un altre home, el segundo largometraje de David Moragas. El film arranca cuando, en el piso de enfrente de donde viven Eudald y Marc, la pareja protagonista, se instala un nuevo vecino, 'el otro hombre' del título. Este hecho, aparentemente trivial, se convertirá en el clic que dispara un trastorno casi existencial para Marc. Y, en medio de la inevitable crisis de una pareja que parecía muy sólida, aparece ella, Bruna.

En Un altre home eres la tercera en discordia, o la cuarta si contamos al vecino que aparece como un inesperado terremoto en la, hasta entonces plácida, existencia de Marc y Eudald. Después de seis años de amor y convivencia, se dan cuenta de que quizá estaban en puntos vitales muy diferentes.

B.C.: Ellos sufren una crisis en un momento de estabilidad, pero uno necesita avanzar y al otro le da miedo. Y le da miedo porque sigue digiriendo que su madre murió y que, ante el momento en que toca dar un paso más, le falta un punto de madurez y no se siente preparado. Duda. Me gusta que la película hable mucho de la toma de decisiones y de cómo las procrastinamos, de cómo dudamos en un mundo tan ambivalente en el que todo es posible y, a la vez, nada lo es. Y mi personaje, Marta, la hermana de Marc, también vive su propia crisis, pero de una manera mucho más hacia afuera. Ella es quien lo confronta en todas las escenas que tienen juntos: debemos poder hablar de los problemas, de la madre, de los conflictos. De alguna forma aparece para sacudir al protagonista. Creo que de Marta se podría hacer un spin-off, porque no te la acabas nunca.

Es un personaje muy rico, sí...

B.C.: Contrariamente a su hermano, ella sí ha buscado una estabilidad de futuro. Que seguramente nace de la inestabilidad emocional que vivía con la madre, y de una necesidad de arraigo: ha construido una familia, tiene pareja estable y un hijo, una casa en propiedad... lo tiene todo bien arreglado. Pero tras morir la madre, se da cuenta de que quizá no es realmente feliz en esta estructura más convencional. Quizá no es lo que realmente quería, pero tiene que gestionar constantemente un juego de espejos: le da pánico acabar siendo como fue su madre. Es un personaje con una carga dramática muy grande desde el inicio, un cóctel molotov, y trabajarlo como actriz fue muy interesante porque tenía que hacerlo desde la verdad, la vulnerabilidad y el dolor, pero también con el punto ligero que tiene la comedia. Me ha encantado jugar y pasar de la risa al llanto en un segundo.

Hablabas de cómo procrastinamos cuando toca tomar decisiones importantes. Esto es muy generacional.

B.C.: Yo creo que procrastinamos porque antes las cosas estaban mucho más claras. Ahora existe esta incertidumbre y este 'no futuro', la dificultad para acceder a un trabajo, o para alquilar o comprarse un piso... La precarización ha fomentado la duda. Y la globalización, este capitalismo tan consumista, hace que haya tanto para elegir que creo que nos perdemos un poco. Este verano leía El tiempo de la promesa, un libro de Marina Garcés que habla de lo difícil que es, ahora mismo, prometer cosas, o comprometernos con las cosas. Y hoy hacerlo es, para mí, el acto más radical.

La precarización ha fomentado la duda. Y este capitalismo tan consumista hace que haya tanto para elegir que nos perdemos

Recupero dos reflexiones de David Moragas a propósito de Un altre home. Por un lado, decía que había más visibilidad del colectivo LGTBIQ+ en el cine, pero que faltaba toda una gama de grises. Porque, o bien se muestra una normalidad que aún no existe del todo, o bien se representa a los personajes desde el trauma.

B.C.: Creo que Un altre home sí explora estos grises. Lo que me gusta de David es que se fija en las relaciones familiares y en la psicología de los personajes de una forma que yo compararía con la del cine de Joachim Trier. Obviamente se exploran los traumas, pero se hace en el día a día, desde nuestro presente, desde una cotidianidad, desde cómo hacemos los humanos para sobrevivir a estos traumas. Y no desde una pornografía emocional. En Un altre home, esto está muy bien hecho. Creo que es una película muy local, que habla del mundo queer, del mundo homosexual en Barcelona. Yo soy muy fan de los localismos: cuanto más local es una historia, más universal acaba siendo. Y, en este caso, yo identifico la ciudad y los personajes, que me son cercanos. Hay un naturalismo y un lenguaje muy honesto porque David habla del universo que conoce. Y esto lo hace aún más universal. Por tanto sí, estoy de acuerdo en no asumir que la normalización plena existe, porque creo que la sociedad todavía tiene que dar muchos pasos. Pero tampoco hace falta ir a escarbar los traumas. Y esto si hablamos de la homosexualidad en el cine, porque en el mundo lésbico todavía hay mucho más camino por recorrer.

Un altre home
Foto: FilmaxUn altre home

Esto ocurre en la representación del colectivo LGTBI y en cualquier otra: el campo por recorrer femenino siempre es mayor que el masculino.

B.C.: Ahora empiezan a haber, por suerte, personajes femeninos luminosos. Antes, desde el punto de vista de un hombre, la visión de la mujer era o la femme fatale o la lolita. Había estos dos parámetros. Y el tercero era que las mujeres sufrimos todo el rato. Debe haber luz en medio de este sufrimiento. Las mujeres también podemos ser muy luminosas, y tener mucho sentido del humor e ironía. Mujeres activas, mujeres alegres... sí, existe esa cosa de personajes femeninos a los que siempre se está torturando. ¡Ya tengo un poco bastante de esto!

La otra reflexión de David, y que vemos en Un altre home, es que las mejores conversaciones se tienen en horizontal, en la cama. ¿Estás de acuerdo?

B.C.: Supongo que sí, porque se tienen desde la comodidad y la intimidad, desde el estar relajado. Me has hecho reír porque a mí me pasa que, cuando llega la noche y me tumbo en la cama, es cuando el cerebro me empieza a funcionar más rápido y me encanta mantener conversaciones a esa hora. Justamente, mi pareja quiere dormir y yo tengo ganas de hablar. Me gusta hacerlo y divagar, e ir a lugares que durante el día no te permites. Quizás si trabajáramos menos habría más espacio para conversar en otras horas del día.

Uno de los temas que aparecen en la película en torno al conflicto principal es la gentrificación y la crisis de vivienda. No sé si, desde tu propio proyecto personal, también era uno de los ganchos que te gustó del guion...

B.C.: Sí, obviamente. Antes te hablaba de los localismos que hacen universal una historia, y el problema de la masificación del turismo y de la especulación inmobiliaria que vemos en Barcelona también la sufren las grandes ciudades europeas. Es un tema que nos atraviesa generacionalmente. Leyendo el guion, me sentí muy identificada con esta idea un poco fantasma de: '¿Y si me voy a vivir fuera de Barcelona?'. Porque, al final, nos expulsan de la ciudad. Cuando entro en Idealista, me deprimo porque fuera de la ciudad todo empieza a ser igual de caro. En mi caso, por el hecho de tener que pagar un alquiler que no podía permitirme mantener toda la vida, y tampoco tener acceso a la compra, encontré una alternativa: el modelo de vivienda cooperativa en cesión de uso. Desde hace cuatro años estoy implicada con este modelo en una cooperativa de vivienda, y ya hemos obtenido un suelo público con cesión de uso para construir un edificio ecológico, sostenible, feminista, LGTBI... donde poder proyectar un futuro en Barcelona.

Cuando entro en Idealista, me deprimo porque fuera de la ciudad todo empieza a ser igual de caro

¡Suena muy bien!

B.C.: Entrar en un proyecto de estas características requiere mucha energía y tiempo, y a veces te genera dudas. ¿Lo estoy haciendo bien? Pero cuando reflexiono, siempre llego a la misma respuesta: sí, porque no hay alternativa. Y, además, esta opción es la más saludable: poder volver a vivir en colectivo, en contacto con las vecinas, con espacios comunitarios, con una red de cuidados. Se trata de volver a salir de las pantallas y de estas redes sociales que nos están perdiendo. Se trata de volver a la vida, al presente. En Un altre home, la cooperativa de vivienda todavía no se explora, pero estoy segura de que este modelo aparecerá en nuevas ficciones [ríe].

En el retrato generacional que hace la película, también se habla de la toma de conciencia de la salud mental.

B.C.: Claro, en este caso no se especifica exactamente el problema mental del personaje de la madre. Pero sí se indaga en cómo se viven, como hijo, los problemas de salud mental de los padres. A diferencia de la anterior, nuestra generación ha hecho mucha terapia, y eso es positivo: yo soy una persona más madura gracias a haberme trabajado durante muchos años en terapia. Puedo asumir mi profesión de una manera mucho más tranquila y explorar los personajes sin miedo... Creo que me ha dado un bagaje muy interesante. Pero ha sido muy importante asumir que la enfermedad mental equivale a una enfermedad física, y que deje de ser un tabú. ¡Cuanto más se hable de ello, mejor!

Soy una persona más madura gracias a haberme trabajado durante muchos años en terapia

Ligándolo a tus años de terapia, has explicado a menudo las decepciones posteriores al hecho de empezar en el cine tan arriba, con Agustí Villaronga en Incierta gloria y con Carla Simón en Verano 1993. Ahora estás mucho más relajada y exploras trabajos más ligeros como Pizza movies y Los justos.

B.C.: Mira, justo ayer nos reencontramos con Carla Simón y Paula Robles, una de las niñas de Verano 1993, y ahora hace diez años que estábamos con los ensayos de la película. Fue bonito mirar atrás porque te das cuenta de este tiempo que ha pasado y del momento dulce que vivo ahora. Estoy más relajada a la hora de elegir proyectos, con más confianza en mí misma. Pienso que ya he entendido la dinámica de mi profesión: tuve aquel momento de subidón y después vino una bajada. La cosa va así: son olas, momentos en los que estás arriba y momentos de resaca, y yo he aprendido a vivirlos todos. Ya no tengo miedo al futuro. Tengo una carrera de larga duración y creo que, con los años, trabajaré más. Lo estoy viviendo desde la tranquilidad de entender de qué va mi oficio. Nada es permanente.

Balandrau, vent salvatge
Lastor MediaBalandrau, vent salvatge


Hace un mes estrenabas Balandrau, viento salvaje. Un fenómeno de público en Cataluña, pero absolutamente ninguneado en el resto del estado español. ¿Cómo te lo explicas?

B.C.: Para mí no es extraño. Balandrau habla de un hecho que pasó aquí, es una historia catalana, nuestra. Después, todo lo que venga de fuera, bienvenido sea. Sí que estoy sorprendida del fenómeno, porque nunca se sabe si una peli funcionará, pero también tengo mucha fe en las cosas hechas desde el corazón y con respeto. Es un homenaje a todas las personas que murieron en la montaña. Siempre es un poco cursi decir esto, pero pienso que Balandrau es una película con alma. Y muy bien hecha, con pocos medios para la ambición que tenía...

Siempre es un poco cursi decir esto, pero pienso que 'Balandrau' es una película con alma

No eran los de La sociedad de la nieve...

B.C.: Exacto. No eran los medios de La sociedad de la nieve, y nos hemos salido muy bien. A mí me parece que toda la escena de la tormenta tiene una excelencia técnica increíble. Quizás ha habido un menosprecio fuera de Cataluña, pero confío en que pase como con los buenos vinos y de aquí a unos meses ya veremos. No sé si es una respuesta política, o si es que la han percibido como una película demasiado local, o si ha pesado que ya existiera La sociedad de la nieve. Pero el buen vino al final acaba saliendo.

Cada vez nos encontramos con más actores y actrices que manifestáis la necesidad de explicaros, desarrollando vuestros propios proyectos personales. ¿En qué punto están los tuyos?

B.C.: Mira, mi necesidad de contar historias nace de mis momentos sin trabajo. Siempre me he considerado una actriz creadora. En el Institut del Teatre hice Gesto y visual, una especialidad que te da formación dramatúrgica. Cuando no he tenido trabajo, mi manera de agarrarme a la creación ha sido escribir. Si no me llaman, ya me crearé yo mis personajes. Para mí, generacionalmente, los primeros referentes fueron Lena Dunham y Greta Gerwig. Viendo que ellas lo hacían, pensé que yo también podía dirigir. Después han ido llegando muchas más, como Elena Martín, Berta Prieto y Belén Barenys con Autodefensa, Julia de Castro... Te crea una sensación de confianza.

¿Y cuándo veremos un proyecto parido por Bruna Cusí desde el inicio?

B.C.: Te puedo decir que actualmente estoy avanzando con el desarrollo del guion de una serie y que tengo fermentando un proyecto de largometraje. Creo que la serie llegará antes. Todavía no sé qué formato tendrá, pero estoy segura de que quiero actuar en ella. Dirigiré algunos capítulos, o no, pero sí que quiero hacerla en colectivo. Hablará de relaciones, porque me interesa la psicología de los personajes. Y el tono será de comedia dramática: me gusta trabajar el drama desde la comedia de situación y añadirle un cierto realismo mágico. Todo dependerá de si me dan mucho trabajo como actriz o no...

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