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Un home escanea un código QR en un restaurante
Foto: Shutterstock Un home escanea un código QR en un restaurante

Cinco motivos para quitar los códigos QR del restaurante y volver a la carta

Está demostrado que el riesgo de coger el virus tocando la carta de un restaurante es nulo

Escrito por
Ricard Martín
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¿No estás hasta las narices, de escanear esa especie de manchas Rorscharch llamadas códigos QR? ¿De pasarte el día cazando Pokémons en el restaurante cuando lo que quieres es tener una carta física en las manos? Está demostrado que el riesgo de contagio de Covid-19 por tocar una superficie es nimio –es mucho peor lo que hace la muchísima gente, quitarse la mascarilla todo el tiempo dentro del local- pero el gremio de la restauración persiste a hacernos pasar por el trance de los QR. Aquí tenemos cinco motivos para reclamar el retorno de las cartas.

1. El riesgo de contagio por tocar una superficie es bajísimo. Concretamente, de uno entre 10.000, según la OMS. Mucho menos elevado que estar a un metro y medio de aquel pesado sin mascarilla que canta los goles como si fuera Pavarotti haciendo versiones de Manowar. No evitas coger los productos del súper, los libros de la biblioteca o las cartas de correo, pero sí las cartas del restaurante. ¿Qué sentido tiene esto?

2. Los códigos QR son alienantes. Si no comes solo, te sientas en el restaurante a comunicarte con alguien, y que te obliguen a sacar el móvil y a navegar por internet a la primera de cambio –o cada vez que quieras consultar la carta– es un corte de rollo. Tú venga a pulsar el 'browse web' y el otro con cara de cabreo.

3. Los códigos QR son discriminatorios. De acuerdo, el mundo está montado de manera que el 90% de las gestiones financieras sean imposibles de hacer ya sin el puto 'smartphone'. Pero esto no debería incluir algo tan sencillo como mirar qué hay para comer. Además, estás en tu derecho a no vivir conectado. Si eres una persona que quiere tener de móvil una caja de zapatos de 2006 –sea cual sea tu edad– no significa que tengan que dejarte de lado la mayoría de los restaurantes.

4. Haces trabajo que no te toca. La experiencia del restaurante difiere en la del 'delivery' en que te atienden y te sirven. El hecho de escanear y mirar la carta por QR es como si te hicieran repartir los menús. Como decían Manic Street Preachers, 'if you tolerate this, you children will be next'. ¿Qué será, lo siguiente? ¿Que te hagan pelar patatas? ¿Lavar los platos? Y tú venga a abrir pdf's por estas webs de Dios sin miramientos (si vas siempre corto de datos, como yo, al final tienes que pedir la carta cantada). ¡Lo primero que tienes que hacer en un restaurante con solo QR es conseguir la clave del wifi!

5. Es mucho mejor una pizarra que el QR. ¿Que no quieres que la clientela manosee las cartas? Cuelga dos pizarras que presidan el local, bien grandes y bonitas. Una solución que se puede compaginar con tener el dichoso adhesivo blanco y negro por todas partes (aunque la pizarra es mucho más bonita).

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