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Popular por series como 'Valeria' y 'La casa de papel', la actriz barcelonesa es una de las protagonistas de 'Cronos', la película que ficciona los atentados en Barcelona y Cambrils

Un 8 de mayo de hace seis años, cuando vivíamos en estado de alarma en plena pandemia, Netflix estrenó una serie llamada Valeria, adaptación de las novelas de Elísabet Benavent que, en seguida, se colocó entre las más vistas de la plataforma. Seis años y cuatro temporadas más tarde, su protagonista se ríe cuando le recordamos que, en aquella época de incertidumbres sanitarias en todo el mundo, ella mostraba una enorme prudencia respecto a los caminos que se podrían abrir con la serie. “Si nunca se sabe qué puede pasar con un trabajo, en aquel momento todavía te lo podías imaginar menos. ¡Pero la serie lo petó! Y mira que hubo momentos de duda, porque parecía que se iba a acabar después de la tercera temporada. Pero funcionó tan bien que Netflix decidió rodar una cuarta. Fue una experiencia muy feliz, y el impacto... es muy fuerte ir a cualquier parte del mundo y que acabe habiendo alguien que te conozca por Valeria”, explica con una sonrisa Diana Gómez (Barcelona, 1989).
De hecho, que su cara fuera familiar a un lado y a otro del planeta también tiene que ver con su participación en el fenómeno de La casa de papel (atentos al final de la entrevista). A ambos proyectos de éxito llegó con una larga carrera a sus espaldas, con apariciones en series como El secreto de Puente Viejo, Sé quién eres, El crac y El día de mañana, y en largometrajes como Salvador (Puig Antich), Any de gràcia, Girasoles silvestres y Viatge al país dels blancs. Pronto la veremos en dos series más: La acusación (de nuevo en Netflix) e In vitro (que 3Cat estrenará en otoño).
Time Out se sienta con la actriz para recordar el pasado y las dudas, cuando el trabajo costaba llegar y la actriz tuvo que acompañar a turistas ejerciendo de guía o sirvió copas en el Sónar. Pero sobre todo para hablar de uno de los proyectos más llamativos del año cinematográfico. Nos referimos a Cronos, que llega a las salas el 4 de septiembre y que ficciona los traumáticos atentados yihadistas en la Rambla de Barcelona y en el paseo marítimo de Cambrils. Aquel 17 de agosto de 2017, la sociedad catalana fue salvajemente golpeada, dejando una herida que todavía no ha cicatrizado.
Dirigida por Fernando González Molina, la película toma su título del nombre del dispositivo policial activado por los Mossos d'Esquadra ante ataques terroristas. Y Diana Gómez interpreta en ella a la jefa de comunicación del cuerpo policial, un personaje directamente inspirado en Patrícia Plaja, responsable (junto con Marc Homedes, jefe de prensa de Protección Civil) de la comunicación de los hechos a la ciudadanía. Aquel seguimiento minuto a minuto fue reconocido, aquí y en todo el mundo, como una referencia de gestión comunicativa, y Cronos lo refleja. Al margen de Gómez, el reparto está encabezado por Enric Auquer, Mónica López, Xavi Sáez y un Pablo Derqui excelente en la piel del mayor Josep Lluís Trapero.
Me dicen que vienes a nuestra entrevista directamente de una proyección de Cronos. Ahora que la acabas de ver, ¿qué impresión has tenido?
Pues es todo un shock. Es que todos recordamos qué hacíamos y dónde estábamos durante los atentados, lo tenemos todavía muy reciente. Y revivir todo aquello a través de la película te deja un poco en estado de shock. Y el final es demoledor. Te queda un poco... de "Uf, ¿y ahora con esto qué hacemos?".
Yo me preguntaba si había pasado suficiente tiempo para hacer una película sobre ello. ¿Te lo preguntaste tú cuando te propusieron hacer el casting?
Es curioso porque me pasó algo que no me pasa nunca: creía que no había nadie mejor que yo para hacer este personaje. Quería estar en la película, tenía tantas ganas de hacerla... y pensaba que, por responsabilidad, me tenía que esforzar mucho. Creo que es una película valiente porque, en general, tanto en Cataluña como en España, nos cuesta mucho contar nuestra historia reciente. Parece que tenga que pasar mucho tiempo para hacerlo. En este sentido, Cronos tiene un guion muy inteligente, porque se centra en el dispositivo policial, y es muy cuidadoso y respetuoso con las víctimas. La película no es para nada morbosa. Es verdad que solo han pasado nueve años, y todavía hay una herida como sociedad. Pero se tiene que poder hablar de ello, se tiene que poder hacer una ficción de una historia que nos ha pasado y nos ha tocado.
Es una película valiente porque, tanto en Cataluña como en España, nos cuesta mucho contar nuestra historia reciente
Dices que nadie mejor que tú para hacer la película...
Sí, así lo sentía y no me ha pasado nunca en la vida. Pensaba que la película necesitaba a alguien involucrado a nivel informativo de la manera en que yo me había involucrado. Entonces me salía una especie de orgullo que no me ha vuelto a salir jamás. Y es un orgullo que creo que mi personaje también tiene. Porque hablamos de una mujer que ha crecido en un mundo masculino, y en un cuerpo policial cuando ella no va uniformada. Por lo tanto, para que sus ideas se pongan en marcha, ha tenido que hacerse grande en un entorno que no se lo ha puesto nada fácil.
El director Fernando G. Molina me explicaba que te obsesionaste con leerlo todo sobre el tema y con hablar muchísimo con Patrícia Plaja. ¿Es así?
¡Es así, es así! [Ríe]. Patrícia fue muy generosa y me contó muchísimas cosas. La parte buena de que mi personaje se llame Daniela y sea una ficción es que me daba cierta libertad a la hora de interpretarla, aunque tenga bastantes elementos de la Patrícia real. Es una mujer muy apasionada con su trabajo, que cree firmemente que lo que hace es un servicio público y por lo tanto lo tiene que hacer bien, y en un momento completamente único.
Me descargué todos los tuits en todos los idiomas de la cuenta de Twitter de los Mossos d'Esquadra.
En cuanto a la preparación obsesiva, me leí todo sobre el protocolo de comunicación que habían parido Patrícia y Marc Homedes. También me descargué –y esto fue un palizón de trabajo que me vino muy bien– todos los tuits en todos los idiomas de la cuenta de Twitter de los Mossos d'Esquadra. Teniendo delante toda aquella comunicación que se hizo en tiempo real, la fui comparando con la retransmisión en directo de TV3: aquello me venía muy bien para ver toda la rumorología que iba saliendo en aquellos momentos de caos, y cómo los Mossos iban confirmando o desmintiendo la alud de noticias que aparecían. Todo esto me ayudó mucho a construir y a tener muy claras las cosas: viendo qué tuits salían, por qué y en qué momentos, yo podía entender mucho mejor los estados emocionales por los que transitaba mi personaje.
Hay otro apunte muy interesante en Cronos, y es la batalla política por el relato en un contexto sociopolítico muy particular, en pleno Procés y a pocas semanas del referéndum de autodeterminación.
El referéndum o el Procés no se mencionan, ¡pero están ahí! También hay otro elemento que me subrayó Patrícia: era la primera vez que todos estos políticos vivían un atentado de estas características. Seguramente, si ahora volviera a pasar, hay cosas que se harían de otra forma. Pero en aquel momento pilló a todo el mundo de vacaciones. Los Mossos tenían un trabajo previo con el protocolo y un dispositivo que pusieron en marcha, mientras los políticos vivían un contexto muy concreto. Por ejemplo, Rajoy y Puigdemont llevaban seis meses sin hablarse. Todo esto tiñó un poco lo que pasó, y en la película se ve un poquitín. Pienso que tenía que aparecer y está muy bien que así sea.
Cronos se ha rodado en catalán. ¿Cómo lo valoras?
Pienso que era necesario hacerla en catalán porque es una historia de aquí, no hay más, no había otra opción. Y creo que está muy bien que una película así, con presupuesto, siendo una producción grande como es, se haga en nuestra lengua.
Tengo la sensación de que con Cronos se puede repetir el éxito de Balandrau, otra mirada a unos hechos reales con mucho impacto en nuestra tierra...
Sí, yo también lo creo. Nunca se sabe, pero espero que la gente vaya a verla, en parte también porque hay una herida como sociedad y ha habido consecuencias a partir de aquel 17 de agosto de las que tampoco hemos acabado de hablar mucho, y creo que hace falta hacerlo. Al final, que los terroristas fueran cinco chicos de aquí, que hablaban catalán, es algo que nos toca de cerca.
Has hecho muchas series y algunas han funcionado muy bien. ¿Puede ser Cronos el proyecto que abra la puerta a hacer más personajes potentes en el cine?
¡No tengo ni idea! Esta profesión me ha enseñado que a veces tienes unas expectativas sobre trabajos que te pueden abrir según qué puertas, y al final no pasa. Yo estoy muy contenta y orgullosa de haber hecho Cronos, y muy agradecida a Eva Leira y Yolanda Serrano, las directoras de casting, porque no sé si yo era la opción más obvia, viniendo de Valeria, que es otra cosa. Tengo la sensación de que hicieron una apuesta conmigo. Y he disfrutado mucho haciendo algo que no tiene nada que ver con todo lo que había estado trabajando hasta este momento. Ojalá de aquí salgan muchos más trabajos. Ya se verá.
Antes hablábamos del impacto internacional de Valeria...
Es muy fuerte, sí. Pero para mí fue muy gradual, porque después de estrenar en pandemia aún pasó bastante tiempo hasta que hicimos vida normal. Al principio, el impacto lo notaba más en redes sociales. En todo caso, es curioso que tú estés en casa y me parece alucinante que quizás te esté viendo una persona desde Indonesia.
¿Y el impacto a nivel profesional de un éxito así también lo has notado?
Sí y no. Tampoco soy una actriz que esté con muchos proyectos sobre la mesa. Tengo la sensación de que Valeria llegó a una edad, ya cumplidos los 30, en la que ya se empieza a notar un poco de criba, que yo creo que todavía existe con las actrices. A partir de los 30 años es un momento en el que hay muchas actrices que ya se empiezan a quedar atrás. En este sentido sí que, gracias a Valeria, he podido acceder a proyectos que no han llegado a otras compañeras de profesión. Eso sí lo he notado.
A partir de los 30 años es un momento en el que hay muchas actrices que ya se empiezan a quedar atrás
Vives, pues, un momento dulce. Pero no hace tantos años dudaste de tu futuro como actriz y te pusiste a trabajar en el Sónar y de guía turística...
En esta profesión hay precariedad y, en un momento dado, económicamente, de golpe necesitaba trabajar en otras cosas. Ahora, por suerte, Valeria ha cambiado eso y me ha dado estabilidad económica. No se afrontan igual los parones laborales cuando tienes ahorros que cuando no los tienes. Ahora ya no hay motivo para dudar de la profesión. Vivo un momento muy bueno, pero eso tampoco significa que pueda hacer lo que quiera. La gente se piensa que eliges qué quieres hacer en tu carrera, y obviamente no es así, porque escoges dependiendo de lo que te va llegando. Pero sí que tengo la gran suerte de poder formar parte de proyectos chulos, con personajes, arcos dramáticos y tramas que me gustan y que me interesan. Y hay muchas compañeras que no tienen esa suerte...
Fuiste madre no hace mucho. ¿Conviven bien la maternidad y la interpretación?
Pues es verdad que hay momentos complicados. A veces te sale trabajo en Madrid y solo puedes venir los fines de semana, que es justamente cuando mi pareja [el periodista Roger Escapa] tiene más trabajo. Él también se involucra mucho y se puede ocupar del niño con más tiempo los lunes y martes. Y siempre tiramos mucho de los abuelos, así que, al final, la logística se saca adelante. Pero tengo que decir que al principio sí que sentía mucha culpa cuando tenía rodaje en Madrid, la reacción de una criatura cuando vuelves a casa lo hace más difícil. Pero, poco a poco, fui aprendiendo a hacer convivir la maternidad y la interpretación. Al final vas entendiendo, y lo vamos entendiendo todos, que esta es mi profesión, y que hay épocas en las que estás muy presente y hay otras en las que no estás tanto.
Poco a poco, fui aprendiendo a hacer convivir la maternidad y la interpretación
Debutaste en el cine con Salvador (Puig Antich), hace ahora veinte años. ¿Qué te dice esta cifra?
¡Ostras! ¡No la tenía para nada controlada! La hice con 16 años y descubrí la figura de Puig Antich a través de la película. ¡Y unas hartadas de llorar... muy fuertes! Creo que es una gran película. Veinte años después soy consciente de que llevo una época profesionalmente muy buena, así que, ahora, a aquella Diana que en algunos momentos ha sufrido le diría: “Tranquila, saldrá bien” [Ríe]. Esto es un oficio, y ojalá pueda dedicarme a él toda la vida.
¿Qué te gustaría hacer en el futuro?
Siempre había pensado que me gustaría mucho hacer algún proyecto internacional, en inglés. Pero ahora me pasa, y creo que será así hasta que mi hijo crezca y sea más grande, que a nivel de conciliación familiar no me veo pasando mucho tiempo fuera de casa. Otra cosa es trabajar en Madrid. Ahora bien, ¡también deseo que ojalá salgan personajes que me motiven, con buenos directores y directoras, pero que el trabajo sea aquí! [Ríe]. Tengo ganas de hacer cine en catalán, me encantaría trabajar con Mar Coll, por ejemplo.
¡Haz un llamamiento!
¡Mar Coll, me encantaría trabajar contigo! Cuando quieras, estoy disponible [Ríe].
Termino. Eres más culé que el palo de la bandera. ¿Cómo es conocer a Messi?
[Ríe] Sí, sí. Claro, para mí Messi es... Me ha hecho muy feliz durante mucho tiempo y lo adoro, lo quiero mucho de una manera irracional. Ahora, con los jugadores del Barça me pasa que los veo mucho más jóvenes que yo y no siento esta devoción, pero con Leo, sí. Entonces, cuando lo fuimos a conocer a Miami y lo tuve delante... yo tenía muchas ganas de decirle que lo quería mucho. Pero me corté. Sí que le dije que era una alegría conocerlo, y que ojalá el Barça le haga el homenaje que tanto se merece. Y nada, después estuvimos hablando de otras cosas.
No me digas que había visto algún trabajo tuyo...
Sí, había visto La casa de papel, y me conocía de ahí [Ríe].
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