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Diego Luna: “A la chica que está a punto de irse a Barcelona le han contado que aquí se folla más rico; pensamos en la migración como una búsqueda de trabajo, pero la gente busca vivir"

El actor mexicano, estrella global gracias a la serie 'Andor', presenta su nueva película como director, 'Ceniza en la boca', historia de una migrante que trata de sobrevivir en la Barcelona de hoy

Àlex Montoya
Escrito por
Àlex Montoya
Editor de cine
Diego Luna
Foto: Maria Torner / Time Out Barcelona | Diego Luna
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Estos días se cumplen 25 años del estreno de una película icònica: Y tu mamá también (2001) confirmó el talento del cineasta Alfonso Cuarón, y descubrió a dos jovencitos con aura de estrella, Gael García Bernal y Diego Luna. Dos décadas y media más tarde, ambos han desarrollado una carrera interesantísima, como intérpretes pero también como directores. En el caso de Luna, además, es toda una estrella global gracias a protagonizar Rogue One: Una historia de Star Wars (2016) y la serie Andor (2022). Ahora llega a Barcelona con su quinto largometraje bajo el brazo: en Ceniza en la boca adapta la novela homónima de Brenda Navarro para hablar de la experiencia del migrante y de la respuesta de quienes recibimos a personas de otros lugares que llegan a nuestras ciudades para salir adelante.

Pero Ceniza en la boca habla también de la ausencia de la figura materna, algo que el protagonista de estas líneas conoce muy bien. Tenía solamente dos años cuando su madre falleció, y, como nos cuenta, esa experiencia es algo que atraviesa todo aquello que encara profesionalmente. A sus 46 años, ha interpretado films como Open Range (2003), Soldados de Salamina (2003), La terminal (2004), Mi nombre es Harvey Milk (2008), Sólo quiero caminar (2008), Elysium (2013) o Día de lluvia en Nueva York (2019). Y ha dirigido Abel (2010), Mr. Pig (2016) y la serie Todo va a estar bien (2021), una estupenda mirada a las rupturas matrimoniales que Netflix estrenó casi de tapadillo y de la que hablamos fuera de micro. Sirva este texto para reinvidicarla. Charlamos con Diego Luna, pues, tras una agotadora gira promocional que le ha llevado por festivales como Cannes o San Sebastián, y la misma ciudad de Barcelona que sirve de escenario para el camino vital que hace la protagonista de Ceniza en la boca.

En Ceniza en la boca dialogan constantemente dos líneas temáticas: la experiencia del migrante y la ausencia materna.

Sí, sin duda. Hablar sobre la ausencia materna es algo que me acompaña en todo lo que hago, y siempre termino encontrando ese ángulo, sobre todo cuando dirijo. Obviamente, todas las migraciones traen consigo una fractura familiar. Parte de migrar es dejar algo atrás. Y el desgarro que se genera. Yo no me había detenido a pensar en la migración latinoamericana a España como lo hice después de leer el libro (de Berta Navarro). Y es esencial hoy en día, cuando la migración latina hacia Estados Unidos está bajando en sus números por múltiples razones: por la violencia que los migrantes enfrentan cruzando México, por las políticas de Donald Trump, por un discurso de odio generalizado, por una violencia y una persecución tremenda. Entonces, España y Europa empiezan a sonar más como un puerto seguro. Y el libro ya empezaba a preguntarse qué va a pasar con estas comunidades, con esas redes de protección que se tejen entre migrantes, en lugares como Barcelona o España.

Los discursos racistas y de odio son más ruidosos, pero somos muchos los que estamos dispuestos a encontrarnos y entendernos

Desde que lees la novela y empiezas a preparar la película, y con el auge de las extremas derechas, probablemente haya crecido ese discurso de odio hacia el migrante. ¿Puede provocar que cualquier aproximación al tema se pueda quedar corta?

No lo creo, no es que se quede corto, porque la película se centra en la experiencia íntima, humana, de quien se mueve. En las heridas, en el hueco que esta mujer carga. Esta historia no va sobre el movimiento, sobre la toma de decisión, sino quien ya lo hizo, quien ya está ahí. Es algo que no podemos negar, ya está frente a nosotros. Quizás decidido ignorarla, pero es irrefutable. Estas comunidades existen. Esta Barcelona o este pedacito de Madrid que vemos en la película, está ahí. Nosotros salimos a su encuentro, a retratar algo que existe. En ese sentido, la película es pertinente porque busca ponerte en los zapatos del otro, para ver si eventualmente podemos relacionarnos de otra forma, para ver si el entendimiento nos termina acercando y nos da la oportunidad de aprovechar todo lo positivo que trae la migración, que trae la mezcla, lo rico que puede ser eso. Yo lo vivo en lo que hago. El cine, mientras más diverso, más rico es. Para filmar esta película, venimos unos cuantos mexicanos y nos juntamos con gente de Barcelona y con gente que ha escogido Barcelona para vivir. Y esa mezcla y esa diferencia, esos múltiples puntos de vista, enriquecen el resultado de la película de una forma muy especial. Intentamos hablar de quienes se mueven, pero también de quienes reciben, debemos replantearnos quienes queremos ser cuando recibimos. Y en la película hay algunos personajes capaces de cambiar su punto de vista, de transitar del miedo y el rechazo a la escucha y la apertura. 

Diego Luna
Maria Torner / Time Out BarcelonaDiego Luna

Esa mirada esperanzada choca con una realidad que nos habla de polarización extrema y de extremas derechas fortalecidas.

Las extremas derechas capitalizan muy bien el miedo, la ignorancia. Pero bueno, eso se contrarresta con información, con paciencia, con comunicación, con entendimiento.

Y con cine...

Con cine, sí. El cine invita todo eso, siembra curiosidad, y además vive de la curiosidad, que solo te puede hacer mejor. Sin duda, los discursos ignorantes y racistas son más escandalosos, más estridentes. Pero no quiere decir que la repetición termine convenciéndote. Creo que somos muchos los que, sin hacer tanto ruido, estamos dispuestos a encontrarnos, a entendernos. Hay que recordarnos constantemente que no estamos solos. Cuando ese ruido se vuelve ensordecedor hay que tener la fuerza de salir al encuentro de quien piensa como tú. La incidencia es posible con el trabajo comunitario, por eso me gusta el cine. A diferencia de la forma hoy de consumo que tiene mucho más que ver con lo individual, con el aparato y el aislamiento... a mí me gusta el cine. Me gusta decir: salgamos y compartamos con gente que no conocemos. De pronto entras en una sala llena y te das cuenta que es mucho más lo que tenemos en común. Hay que recordarlo porque eso nos dará entereza y fuerza para luchar contra el estruendo y lo vacío e ignorante de ese discurso que aparentemente va ganando terreno.

Pero el ruido convence a mucha gente.

La información también. Hay que dejar la arrogancia a un lado y salir al encuentro. Eso es lo que yo digo. Yo confío plenamente en eso... cuando la gente se entera de algo ya no hay manera de que se desentere. Cuando te llega la información de forma correcta y la asimilas ya no te pueden desinformar. Es decir, no hay que perder la esperanza en que uno a uno, en conversaciones horizontales, la gente escucha. Hay que seguir intentándolo. Es la única forma de defenderse de ese discurso. 

En el retrato de las dos ciudades a las que la protagonista migra, primero a Madrid, luego a Barcelona, no sé si también tú veías ciertas diferencias. En un momento en la película alguien dice: “los catalanes te invitan a su casa pero no te dan la dirección”. ¿Existían en tu cabeza las diferencias entre ambas ciudades?

En muchos sentidos la película está llena de las expectativas que las mujeres migrantes ponen en el momento de moverse. Por ejemplo, esa cuidadora que habla mal de Barcelona seguramente está establecida en Madrid y siente cierta seguridad. En cambio, la chica que está a punto de irse a Barcelona dice que le han contado que aquí se folla más rico. Es un diálogo entre mujeres que buscan un espacio en el que puedan hacer algo más que trabajar. Tendemos a pensar en la migración como una búsqueda de trabajo y ya está. Y ese es solo el principio, porque lo que busca la gente es vivir. Y eso involucra divertirse, enamorarse, bailar, cometer errores, volver a intentarlo, aburrirse... Encontrar un lugar donde te puedan pasar todas esas cosas que damos por sentado y que son parte de vivir. Esa es la perspectiva de los personajes, mi experiencia en ambas ciudades es distinta y muy buena. 

Sí podemos decir que en tu retrato de Barcelona se escucha mucho más catalán que en mucho cine español situado en Barcelona. Ese tacto es de agradecer...

Es un tema interesante, porque la protagonista llega primero a Madrid esperando que el idioma tumbe esa barrera que la migración latinoamericana ha experimentado siempre en su camino a Estados Unidos. Allí, al llegar, te encuentras con una barrera idiomática que en España no existe. Pero curiosamente, el personaje sí encuentra otras capas de rechazo y esas violencias escondidas en lo cotidiano que también resultan un reto. Curiosamente, sin embargo, ella se encuentra más cómoda en Barcelona, donde sí empieza a aprender otro idioma. Si se encuentra incómoda en Madrid no es porque sea un mal lugar. La película no ejerce juicios en ese sentido. No es de, ah, no migres aquí, migra acá. En Madrid existe una sombra, la de su madre y la de un abandono. Y Barcelona es una válvula de escape, que le permite bailar, sonreír, enamorarse... le empiezan a pasar cosas. Y también está dispuesta hasta aprender catalán. Porque así es la vida, y si te sientes cómoda en un lugar haces un esfuerzo brutal por pertenecer a él. 

Vivo de actuar, y eso me permite dirigir lo que se me antoja con la libertad e independencia que no tienen otros cineastas

Vuelvo a la ausencia materna. Experimentarla... ¿ha sido un motor para escribir y dirigir tus propios proyectos? 

Sin duda. La ausencia materna es el gran tema que ha atravesado todo lo que hago. Y no solo como director, también cuando me involucro como actor acabo encontrando esa vena. De todos los personajes que interpreto me pregunto quiénes son su padre y su madre, dónde crecieron... Son respuestas que hay que encontrar. Y cuando encuentras conexiones contigo mismo... Para mí, la relación con las ausencias es un camino de exploración que tomo en lo que sea que haga. Y ya como director, obviamente, puedes ir más profundo. En Ceniza en la boca hablo de migración, pero esto no es un documental. Me interesa usar el pretexto de la migración para hablar de las ausencias y de las fracturas familiares que la migración genera, y de la distancia entre una madre y una hija. Además, una hija que se convierte en la figura materna de su hermano menor, y que dedica su vida a los cuidados de otros niños y personas mayores. Es un personaje riquísimo para hablar de algo que me importa mucho: ¿qué pasa cuando tu madre no está ahí? A mí, esa pregunta me ha servido para explicarme la vida. Y me la hago como director, y eso hace que esta historia tenga un pulso que me parece importante contar.

¿Es difícil compaginar la actuación cuando eres un actor muy solicitado con muchos proyectos?

Sí. Empecé a dirigir cuando tuve a mi primer hijo. Cuando nació, la vida se me reorganizó un poco. Sigo trabajando, y trabajo mucho, pero las prioridades cambian y te das cuenta que puedes controlar más lo que pasa y lo que no pasa. A veces los actores tenemos la sensación de que hay que estar siempre disponibles como si fuéramos ambulancias. Cuando te llaman, allá vas. Y no, de repente te das cuenta que a veces puedes decir no. O puedes decir me espero. Y a veces conviene decir no, porque quiero hacer esto otro. Y empiezas a generarte tu trabajo y tus espacios. Y a contar historias que te son más importantes o más cercanas, o a trabajar con gente con la que quieres trabajar. Eso viene con el tiempo. También me lo enseñó el teatro: el cine es una maquinaria difícil de conjuntar, pero el teatro hace más fácil que un actor proponga un texto, busque un par de actores más y encuentre una forma de hacerlo. Así empecé a producir, antes de hacerlo en el cine. Para mí es importante hacer esas pausas y decir: ahorita toca dirigir. Porque, además, las películas que he dirigido representan algo importante que pasó en mi vida, y queda esa huella.

Como el de dirigir tras ser padre, voy con otro punto de inflexión. Estos días se cumplen 25 años del estreno de Y tu mamá también. ¿Cómo recuerdas aquella época en la que Gael y tú eras jovencísimos y la liabais en festivales como Donosti?

Sí, hicimos muchas locuras (risas). Fíjate que, para mí, Y tu mamá también fue un parteaguas (un antes y un después) en muchos sentidos. Y lo más bonito que pasó es lo que no estaba esperando. El gran regalo que recibí fue el proceso y conocer a Alfonso Cuarón, y entender cómo trabajaba y el rigor que le ponía. Eso me iluminó el camino en muchos sentidos. Luego pasaron cosas muy lindas, de repente se abrieron puertas que yo ni sabía que me interesaba cruzar. Lo fui descubriendo. Y encontramos complicidades laborales y de vida. En España, en Inglaterra, en Estados Unidos, en Italia, en América Latina. Yo ya había hecho varias películas y fui por primera vez a promocionar una en Argentina. Y pasé un tiempo allí y fue muy emocionante. Se tejieron lazos que conservo. Le debo mucho a esa película. 25 años, ya...

Diego Luna
Foto: Maria Torner / Time Out BarcelonaDiego Luna

De todo hace 25 años.

Sí, sí, sí me pasa. Así he podido sentir el tiempo. Más allá de que mis hijos me lo recuerdan todo el tiempo, por ejemplo, tenemos un festival de cine documental en México que empezamos hace más de veinte años. Es interesante, porque conocí a un documentalista que antes fue voluntario del festival, y antes público. Y cuando dices, ¡ay, cabrón, llevamos tanto tiempo! [risas]. Sí, sí, empiezan los dolores, los achaques. Pero bien merecidos, ¿eh? O sea, yo estoy muy feliz. Además, porque sigo disfrutando mucho lo que hago y gozo de una libertad que valoro muchísimo. Hago lo que me gusta hacer y generalmente con personas de las que puedo aprender mucho. 

Al hilo de lo que dices, segundo punto de inflexión. Participar en la saga Star Wars con Rogue One, primero, y con la serie Andor después. ¿Ha contribuido decisivamente a tener esa libertad. ¿Cómo se vive un éxito popular tan grande?

Definitivamente le suma la libertad. Pasan dos cosas. Por un lado, hacer Rogue One y Andor es un regalo. Da la posibilidad de ser parte de un proyecto megapopular que llega a lugares que no conozco. Tiene ese alcance. Pero me permite seguir siendo quien soy. Había un sentido de independencia en los proyectos, en el proceso, que no imaginas que sería posible en el universo de Star Wars. Pero sí, lo fue y lo es. Yo lo gocé muchísimo porque se parece a lo que hago en otros ámbitos. Simplemente soy parte de un proyecto que genera una expectativa enorme, y eso le trae mayor libertad a la otra parte de mi vida, la del que produce y dirige. Mayor libertad porque ahora llego a lugares en los que puedo presentar mi película porque me vieron en un trabajo previo que hice como actor y que me abrió una puerta. Como decías, llevo trabajando más de 25 años y, por supuesto, vivo una posición de privilegio como director. Yo no vivo de dirigir, vivo de actuar. Por ende, puedo dirigir lo que se me antoja, y contar la historia que quiero con la independencia total que probablemente un director que vive de esto no se puede dar. Pero llegar a eso también pidió trabajar mucho. Entonces me siento afortunado y con ganas de no perder esta oportunidad, 

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Este artículo ha sido publicado el 8 de octubre a las 11.02 h

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