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'Dolor y gloria': ¿lloramos juntos?

Dolor y gloria

Todo comenzó con un discreto y casi impercetible lloriqueo. Escasos minutos después, se habían sumado algún sollozo, una nariz que goteaba y una risa nerviosa, al fondo. Cinco minutos más tarde, era evidente que la pequeña sala donde se proyectaba, en petit comité, 'Dolor y gloria' era un valle de lágrimas de proporciones bíblicas. Cierta escena de la última película de Pedro Almodóvar, esa en la que hablan Antonio Banderas y Julieta Serrano, había abierto heridas, desatado recuerdos, provocado reacciones tremendamente íntimas y activado sentimientos antes controlados.

En el filme, Serrano interpreta a la madre de un Banderas que hace de Almodóvar, con ese pelo enloquecido, incluido. Un director de cine que, en un momento delicado de su vida, mira hacia atrás y recuerda su madre (entonces, encarnada por Penélope Cruz), limpiando en el río junto a una Rosalía que pronuncia la frase más brillante de la película (la encontraréis  en el tráiler). La reacción de buena parte de la prensa durante la restringida presentación de 'Dolor y gloria' me lleva a preguntarme si los espectadores de ahora (los de las salas, no los de Netflix) siguen dándolo todo en el patio de butacas cuando les tocan las fibras más sensibles. Como antes, como cuando éramos pequeños y más naïfs que el Lazzaro de Alice Rohrwacher.

Todos con Lady Gaga!

Hace unas semanas. Sesión de las 16 h, en los cines Verdi. 'Ha nacido una estrella'. La cosa ya hace rato que no pinta bien entre Bradley Cooper y Lady Gaga, la infelicidad ha contaminado sus existencias y... pasa lo que pasa en la pantalla, mientras una espectadora extranjera lo recibe como si le hubieran matado a un familiar. En fin, los pobres chavales que la acompañaban no sabían qué hacer para consolarla. Consignas de ánimo, caricias en la cabeza y en las mejillas, susurros porque, ay, ay, ay, no gritara tanto. Estuve a punto de sacar a pasear mi poco inglés para unirme al equipo de rescate de la pobre chica.

Barbara y Julia, no nos hagáis esto

Rememoro experiencias similares, y me tengo que transportar a los años 80 para encontrar equivalentes. Aunque no tan bestias. Cine Borràs, donde ahora está el teatro del mismo nombre. La película? 'Eternamente amigas', dirigida por Garry Marshall en 1988. Muere el personaje de Barbara Hershey en el hospital, y Bette Midler se pone a cantar, en homenaje a su amiga, 'Wind beneath my wings'. Los tristes bramidos de una espectadora, justificados y justificables, fueron míticos. Y contagió al resto. Un año después, el deceso de Julia Roberts en 'Magnolias de acero' puso el público presente en el cine Bosque de parte del resto de los personajes femeninos: Sally Field, Shirley MacLaine, Olympia Dukakis, Dolly Parton, Daryl Hannah... un espectáculo.

Nada de pañuelos...sábanas!

Esta columna es un aviso: si vais a ver 'Dolor y gloria', puede que las movidas con la droga de Asier Etxeandia os importen un bledo, que encontréis que Cecilia Roth quizás debería dejar de operarse el rostro, que penséis que Raúl Arévalo desaparece del mapa demasiado pronto, pero estoy segurísimo que caeréis en la trampa de la mencionada escena entre madre e hijo. Así pues, llevad una sábana de casa, en vez de insignificantes pañuelos, porque los gastaréis.

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