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El arte inquietante de José Luis Barquero aterriza en la Galería Mayoral en una breve exposición que termina el 10 de septiembre

José Luis Barquero tiene solo 28 años y sus pinturas ocupan lugares privilegiados. Algunas son virales, como las paredes de la casa de los Javis, y otras lo relacionan con nombres con caché, como Carmen Thyssen o Palomo Spain. Son obras de arte inquietantes, llenas de figuras que se encuentran en la intersección entre la humanidad y la fantasmagoría, y que nos hacen pensar que quien las ha puesto en el salón lo ha hecho por algún motivo más que el simple hecho de encontrarlas bonitas.
Ahora, Barquero inaugura una muestra “exprés” en la Galería Mayoral, que termina el sábado 6 de septiembre: es una oportunidad breve que hay que aprovechar para encontrarse con la potencia cromática que desprenden sus pinturas. Todas ellas, por cierto, creadas desde su estudio-vivienda de 200 metros cuadrados en L’Hospitalet de Llobregat.
Nacido en Barcelona, Barquero se formó entre su ciudad natal y Londres. En sus cuadros de gran formato, la lista de influencias que se pueden señalar es infinita: desde las texturas de Tàpies, el azul de Klein o lo salvaje de Barceló, pasamos a la teatralidad de Kiefer, a la genialidad de Zurbarán y a la profundidad de Goya. En los trazos, sin embargo, también se ve la mirada joven de alguien que creció entre cómics y libros fantásticos, que ha jugado a videojuegos y que ha saciado su sed de imágenes en las profundidades de internet.
El título de la exposición, Muladar, hace referencia al lugar donde van a parar los residuos que desechamos. Y paseando por la sala de arte contemporáneo de la Mayoral, vemos sufrimiento, rechazo y visceralidad, pero también una muestra de esperanza y de compasión que, como apunta Gabriel Ventura en el texto de sala, se hace visible en las manos enormes y extendidas de las figuras que pinta Barquero.
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