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La iniciativa permite a muchas barcelonesas hacer frente a la precariedad gracias a la profesionalización de la costura

En la calle Canigó de Barcelona, muy cerca de la Ronda de Dalt, hay un pequeño local donde el ruido de la ciudad disminuye y solo se escuchan conversaciones, risas y el repicar de una máquina de coser. Es la sede de la Xarxa de Dones Cosidores, que ha pasado de ser un grupo de apoyo a convertirse en un auténtico motor de autoempleo que ya es referente en toda Barcelona.
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“La red nació en 2019, después de un viaje a Marruecos donde conocimos un proyecto similar. Vimos cómo trabajaban las mujeres de allí y nos gustó mucho cómo se organizaban, la ayuda mutua que se prestaban”, explica Martha, una de las fundadoras del grupo. Con el acompañamiento de la Fundació Pare Manel y la cooperativa Etcèteres, ella y muchas otras mujeres han demostrado que el textil puede ser una vía de salida profesional digna. La clave es la profesionalización de unas habilidades que muchas mujeres ya poseen y que ahora se convierten en su medio de vida.
“El objetivo inicial era encontrar una salida laboral a través del hilo, la aguja y el textil”, apunta Eva, otra de las fundadoras. Las integrantes, mujeres que conviven en los barrios de Horta y Nou Barris, no solo cosen: gestionan, eligen proveedores y deciden el rumbo de la producción con una gestión no jerárquica que garantiza precios justos, salarios dignos y horarios conciliadores, compatibles con las realidades de cada mujer.
“Nuestros clientes son la administración pública, centros cívicos, pequeños talleres y emprendedores del territorio que apuestan por nuestro trabajo de proximidad”, explican las costureras. A lo largo de su trayectoria han hecho de todo, desde mascarillas para la Covid-19 hasta piezas de arte textil para la Bienal de Arte Manifesta 2024. En su día a día, sin embargo, los pedidos más habituales son los de merchandising como bolsas, portabocadillos, mochilas, serigrafía de camisetas y gorras.
Pero la realidad es que la Red hace muchas cosas más: los pedidos de producción se combinan con la oferta formativa y con una red social. Uno de estos espacios comunitarios es “El repunt” (El pespunte), en el que participa Bea. Ella llegó a la Red en 2021, sin saber coser: “Ni siquiera sabía enhebrar una aguja, pero pasaba por un momento personal difícil y venir aquí me ayudó mucho a desconectar emocionalmente”. En “El Repunt”, cualquier persona que lo desee puede traer lo que tenga en casa para coser (pantalones, camisetas, calcetines…) para realizar esta tarea aparentemente solitaria en comunidad. Bea, además, aprovecha el espacio para coser bolsas y otros productos hechos con vaqueros reciclados, que vende para recaudar dinero para la investigación del cáncer infantil, bajo la iniciativa “Bikeguerrer@sl”.
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