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Jorge Sanz: "¿Yo, historia viva del cine español? No, hombre, superviviente"

El icono del cine español participa en '9 lunas', la historia de un hombre trans que duda sobre si seguir adelante con su embarazo

Àlex Montoya
Escrito por
Àlex Montoya
Editor de cine
Jorge Sanz (9 lunas)
Julio Vergne | Jorge Sanz (9 lunas)
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Hace casi 50 años que se dedica a la interpretación, que se dice pronto. Películas tan icónicas como El año de las luces (1986), Si te dicen que caí (1989), Amantes (1991) y Belle Époque (1992) lo convirtieron en un nombre imprescindible de aquel cine español de la época, que daba un salto cualitativo y empezaba a internacionalizarse. Por aquel entonces, Jorge Sanz (Madrid, 1969) ya hacía tiempo que habitaba los platós: empezó de bien pequeño, en La miel (1979), y quien más quien menos lo recuerda como la versión infantil de Arnold Schwarzenegger en Conan el Bárbaro (1982). Se fue haciendo mayor rodeado de cámaras, trabajando en éxitos como Orquesta Club Virginia (1992), ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? (1993) y Los peores años de nuestra vida (1994), convertido en uno de los hombres más populares de España.

Exprimió a fondo la fama y todo lo que conllevaba; se ha escrito mucho sobre aquellos tiempos, y el propio protagonista también ha explicado detalles. Y conoció de cerca la otra cara de la industria, la del fracaso, la de los teléfonos que dejan de sonar, la de filmes objetivamente mucho peores respecto de los filmes objetivamente mucho mejores. Su vida ha sido tan de película que nada mejor que recurrir a aquella joya de la autoficción llamada ¿Qué fue de Jorge Sanz? (2010), la serie que hizo con su amigo y cómplice David Trueba, y que, de alguna manera, nos advertía que continuaba con ganas de reencontrarse a sí mismo, de reírse de todo lo que había vivido y de renacer.

9 lunas
Julio Vergne9 lunas

Ahora presenta 9 lunas, una película–abrazo que narra la peripecia de un hombre trans que debe decidir qué hacer cuando se queda embarazado sin habérselo propuesto. En el film, Jorge Sanz interpreta al padre del protagonista, un hombre en pleno proceso de deconstrucción que solo aspira a entender y a acompañar a su hijo en un proceso tan complicado. Nos encontramos con nuestro entrevistado para hablar de este trabajo, pero también del contexto que vivimos, del significado del éxito, de etapas vitales y profesionales. Bromeamos con su vínculo con Barcelona, ciudad que ha pisado a menudo por mil razones, también interpretativas: "He rodado muchas películas aquí... hombre, que soy el Timbaler del Bruc", dice en un catalán perfecto entre risas, recordando el ya lejanísimo largometraje del mismo título rodado en 1982. Y disfrutamos, en definitiva, del encuentro con alguien que es historia viva del cine español.

Hay una frase de Patricia Ortega, la directora de 9 lunas, que es toda una declaración de intenciones: "Contra el odio, ternura radical". Esta es la apuesta de una película que habla de la experiencia trans sin traumas, sin dolor.

Es que los tiempos cambian muy rápidamente. Hace pocos años, la experiencia de las personas trans, de sus tratamientos y todo lo demás, podía ser algo más sorprendente. Ahora ya no. Ahora, para mí, lo extraño es que alguien se extrañe de que haya este tipo de familias o este tipo de casos. Afortunadamente ya no es algo traumático, ya no es algo por lo que tengas que luchar en el trabajo o en la calle. Lo extraño es no aceptar esta realidad...

Pero sigue habiendo odio hacia este colectivo, por eso es tan importante la frase de Patricia.

A ver, ¡que se jodan! Si de verdad hay gente que cree que tiene que odiar a alguien porque está buscando la felicidad donde sea, porque piensan que aquello no es "como Dios manda", que no se corresponde con cómo hemos sido toda la vida, y que no se puede permitir... Ellos son los que se verán retratados. No en la película, que también, sino en la vida en general. ¡Ya les vale!

La gente que odia a alguien por buscar la felicidad... ¡que se jodan!

¿Qué te interesó de interpretar al padre del protagonista, alguien en plena deconstrucción de su masculinidad?

Yo pertenezco a una generación en la que, socialmente y en todos los aspectos, había que ser muy macho. Los hombres no lloran, las chicas juegan con muñecas y los chicos, con pistolas. Los maricones y las lesbianas, allá apartados y señalados. Y los machos aquí, echando piropos a las chicas. Y de repente, claro, los tiempos cambian, y muy de prisa. Y hay que saber adaptarse, vivir en los tiempos que corren, y aprender. Aprender a no fastidiar a nadie, a intentar ser la mejor persona posible, y a comprender que todo el mundo tiene derecho a buscar la felicidad, esté donde esté. En el caso de este padre con su hijo, la cuestión es decir: "Me vas a tener que perdonar, pero no entiendo nada. Explícamelo dos veces y yo haré lo posible por comprenderlo. Tardaré un poco más, pero explícame bien esto de que estás embarazado". Entonces es muy divertido, porque mi personaje representa a mucha gente que quiere cambiar y estar al día de los tiempos, aunque tenga unas creencias, una educación, un determinado formato del disco duro. Y quieren ser felices y que la gente que los rodea también lo sea.

Pertenezco a una generación en la que había que ser muy macho

En el contexto que vivimos, ¿hacer películas tiernas, luminosas, bonitas, como 9 lunas, es más necesario que nunca?

A mí esto de que el cine sea necesario me parece un poco demasiado. El cine tiene su función: llevarte a unos espacios, hacerte reflexionar, plantearte qué harías tú en una situación similar a la que te muestran, que te acompañe a un lugar que te despierte algo por dentro de alguna manera... No diría necesario, alabándolo, pero siempre es bonito que alguien te cuente historias, que te cante una canción, que te emocione. La verdad es que para eso estamos.

9 lunas
Julio Vergne9 lunas

En 9 lunas eres un secundario de peso...

He sido niño actor, galán joven, galan romántico, galán cómico, galán maduro... lo he hecho prácticamente todo. Excepto primera dama en una compañía de teatro [risas]. Como intérprete, llegar a ser un secundario de peso es cojonudo porque puedes tener mucho trabajo y te abre un abanico de posibilidades muy grande. Si eres el protagonista guapo, tienes trabajo y es muy chulo, de acuerdo, pero también es más limitado. En cambio, el secundario está en todas partes.

"Jorge Sanz, historia viva del cine español". ¿Qué te sugiere esta película?

Nada especial... Además, es que me hace mayor, tío. Y ya soy bastante mayor [risas]. ¿Historia viva? No, hombre. Superviviente, más que otra cosa. Llevar una carrera larga en este oficio es lo que tiene más mérito. Y estoy cerca de cumplir 50 años en la profesión. Empiezo a pensar en prejubilarme y no me da ningún mal rollo ni me genera ninguna mala conciencia; hace 50 años que me lo trabajo. Si hay alguien que se ha ganado la prejubilación en este país... soy yo [risas].

Si hay alguien que se ha ganado la prejubilación en este país soy yo

¿No echarías de menos actuar?

Sí, claro, totalmente. Este oficio me apasiona. Los actores no tenemos una edad para retirarnos. Si queremos, podemos levantar un poco el pie del acelerador –afortunadamente–, porque los artistas y los toreros tenemos un convenio especial al no tener trabajo todos los días del año. Dicho esto, yo no puedo ni quiero dejar de trabajar. Cuando realmente soy feliz de verdad es cuando estoy trabajando.

Para sobrevivir en este oficio tantos años, y más en un caso como el tuyo, que has estado arriba y abajo y te ha pasado de todo, ¿hasta qué punto son importantes el sentido del humor y la capacidad de resiliencia?

Por un lado, el sentido del humor me parece una manera maravillosa de ir por la vida, y yo creo que la gente inteligente suele ser divertida. También te digo que el odio es muy nutritivo: hay gente que se guía por el odio y por el "no cambiaré", y también les va bien. Pero yo procuro ir por la vida con un cierto sentido del humor. En cuanto a esto de ser resiliente, yo creo que es algo que te viene dado. Y que, o eres resiliente o estás fastidiado. Pero también hay que entender que, en este oficio, no puedes estar siempre en la mejor película, o en la serie de moda. No te lo puedes permitir, hay que dejar respirar al público.

¿Qué importancia han tenido los Trueba en tu carrera y en tu vida?

Decidí que quería dedicarme a esto durante el resto de mi vida cuando hice El año de las luces, con Fernando Trueba y con su mujer, Cristina [Huete]. Tenía 16 años, y ya hacía unos cuantos años que trabajaba en ello. Pero era una criatura. Entonces, de repente, me fui a Portugal a rodar la película yo solo. Porque, hasta entonces, siempre había ido acompañado de mi madre o de alguien. Me veo como protagonista de una película maravillosa. Y con estos tipos que disfrutan de la vida, de los rodajes y del camino hasta llegar a tener el trabajo terminado. Y que, además, hacen películas preciosas. Allí vi claro que yo quería ser como esa gente toda la vida. Después llegaron David y todas las películas, todos los viajes, todos los proyectos que hemos hecho juntos. Ha sido maravilloso. Creo que ellos han sido quienes más me han influido en mi vida y en mi carrera.

Fernando y David Trueba son los que más me han influido en mi vida y en mi carrera

Uno de tus trabajos con David Trueba conecta con lo que hablábamos del sentido del humor. En la serie ¿Qué fue de Jorge Sanz?, te desnudabas y, salpicándolo de ficción, bromeabas con la leyenda que había a tu alrededor y que tú mismo has confirmado en algunas ocasiones...

Se confirman todas solas [risas]. Fue un proyecto muy importante para mí. Primero, porque pudimos hacer lo que queríamos y como queríamos. Fuimos los primeros en hacer un tipo de autoficción que sí se ponía en práctica fuera de España: Larry David en HBO con Curb your enthusiasm, o The office con esa cosa del falso documental. Después, poder reírte de ti mismo es un lujo que muy pocos actores tienen al alcance de la mano. Porque, aunque lo quieras hacer, necesitas que la gente sepa que eres Jorge Sanz, el guapito, el que liga. ¿Éxito? ¡Mira la cara B! Los personajes maltratados son muy eficaces y muy agradecidos: tú castigas a tu personaje, que alguien tropiece y caiga... no se sabe por qué, pero es muy gracioso.

9 lunas
Julio Vergne9 lunas

La serie era una ficción basada en hechos reales...

Recogíamos el anecdotario común de muchos de los que nos hemos dedicado toda la vida a esto. Conoces las anécdotas de Juan Luis Galiardo, de Fernando Fernán Gómez, de Agustín González... Había mucho material que nos guardábamos para nosotros. Pero, evidentemente, no todo lo que le pasaba a mi personaje me ha pasado a mí. la gente me preguntaba: "¿Estás tan mal?" Estoy de puta madre, haciendo la serie de televisión que quería y cobrando una pasta.

Estoy de puta madre, haciendo la serie de televisión que quería y cobrando una pasta

A menudo has dicho que la fama es cojonuda. ¿Cómo te relacionas ahora con esta fama que quizás ha cambiado un poco?

Ahora es menos cansada. Más relajada. Antes, la fama casi acaba conmigo. Claro, con 18, 20, 22 años y estás ahí arriba... Chico, ¿qué quieres? Yo la he vivido a fondo, a fondo. Siempre con una premisa que me dio Verónica Forqué, con quien tenía una relación como de hermano pequeño desde que nos conocimos, cuando de niño hice con ella una de mis primeras películas, El canto de la cigarra. Entonces, con 16 años, yo empezaba a ser conocido y aquello te pesa mucho. Y Verónica me dijo que empezaría a ser como el primo segundo de todo el mundo, aquel que ves una vez al año por Navidad. Es cojonudo, así que acostúmbrate y aprovecha la fama. Y me parece maravilloso pasar por esta vida siendo famoso... aunque con un trabajo detrás. Porque yo no soy famoso por haber matado a nadie. Todavía. Pero ser famoso por hacer películas que la gente recuerda...

En estos casi 50 años trabajando, y protagonizando películas icónicas, ¿cómo ves el cine español actual?

Antes una película era el acontecimiento del año. Cuando empecé, estrenabas una película y podía estar un año entero en cartel. Y todo el mundo iba a verla. Ahora todo pasa mucho más de prisa. Pero creo que la curva de aprendizaje del cine español es ascendente. Cada vez se hacen películas mejores, y estamos mejor considerados dentro y fuera de España –no solo en Latinoamérica, donde siempre ha sido así, sino en todo el mundo–. Se nos respeta por los actores que tenemos y por las películas que hacemos. Y es una manera muy bonita de mostrarnos al exterior. Creo que el cine español siempre ha tenido una mala salud de hierro, de hecho, pero siempre estamos ahí.

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