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Lionel Messi
© Ververidis Vasilis / Shutterstock.comLionel Messi

La Barcelona de Leo Messi

Seguimos el rastro que el crack argentino ha dejado en en la ciudad desde que llegó hace 20 años

Por Jordi Puntí
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Por Jordi Puntí*

La huella de Leo Messi en Barcelona siempre ha sido más bien ligera. Hay quienes afirman que vive como si estuviera en su Rosario natal, en una burbuja social, pero solo hace falta ver los tatuajes que lleva en el brazo derecho para entender la simbiosis: un rosetón inspirado en la Sagrada Familia convive con un rosario y un mapa de América del Sur. ¿Se puede ser más simbólico?

En realidad Leo Messi vive en Castelldefels y no es como Ter Stegen, que los domingos que no tiene partido sale a comprar croissants por Gràcia. No, Messi hace más vida de suburbio rico, a la americana, pero lleva a sus hijos a la escuela y no es imposible verlo de noche en algún concierto, o en el teatro si actúa algún argentino. De hecho, la anécdota más repetida sobre la vida pública de Messi en Barcelona, ​​la explica el actor Ricardo Darín. Una noche que iba por el paseo de Gràcia, después de una cena, y no encontraba taxi, un coche se paró a su lado, bajó la ventanilla y le dijo: "¡Ricardo! ¿Te llevo?". Era Messi.

"Un rosetón inspirado en la Sagrada Familia convive con un rosario y un mapa de América del Sur. ¿Se puede ser más simbólico?"

Quien quiera nutrirse de este tipo de mitomanía debe comenzar por la prehistoria de Messi en el Barça. El 18 de septiembre de 2000, él y su padre llegaron por primera vez a Barcelona, ​​para hacer una prueba, y el agente Josep Maria Minguella los instaló en la habitación 546 del hotel Catalonia, en la plaza de España. Allí, mientras contemplaban el castillo y las fuentes de Montjuïc, esperaron durante quince días alguna respuesta del club, sin éxito, y volvieron a Rosario.

El siguiente lugar santo es el Club de Tennis Pompeya, también en Montjuïc, detrás del Poble Espanyol, donde Carles Rexach y el representante Horacio Gaggioli firmaron un acuerdo en una servilleta de papel. Aquella servilleta hizo posible que unos meses más tarde, en febrero de 2001, la familia Messi viniera para quedarse. Primero se instalaron en el hotel Rallye, en la travessera de les Corts, y esta vez, cuando miraban por la ventana, veían el Camp Nou. Poco después se trasladaron a un piso de la Gran Via Carles III. Leo Messi tenía 14 años y no eran tiempos fáciles, por las lesiones y las dificultades físicas. Vivía con su padre, añoraba a su madre, que había vuelto a Rosario, y para matar el tiempo por la tarde paseaban por el barrio de les Corts y pasaban horas en El Corte Inglés de la Diagonal. Cuando la nostalgia sobresalía, comían un asado en Las Cuartetas, el restaurante argentino de la calle Santaló –esto, claro, mucho antes de que Guardiola fuera su entrenador y le prohibiera la pizza.

Con los años y los éxitos, la vida exterior de Messi ha quedado más ligada a cuestiones comerciales y sociales, ya sea a través de su fundación para la ayuda contra el cáncer infantil, o la tienda de zapatos de lujo Sarkany, que su pareja, Antonella Roccuzzo, abrió en la Diagonal (la tienda cerró un año después). También como socio del restaurante Bellavista del Jardín del Norte, una especie de recreación pintoresca, medio sentimental medio de lujo, en la calle Enrique Granados. Como no acababa de funcionar, hace poco se lo traspasó y es una pena, porque el lugar quería ser como él: un trocito de Rosario en Barcelona.

*Artículo aparecido en el Time Out Barcelona 568 (10 al 16 de octubre de 2019), dedicado al espectáculo 'Messi10' del Cirque du Soleil. Jordi Puntí es escritor y autor de 'Todo Messi' (Anagrama).

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