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Después de guerras mundiales, una guerra civil y, recientemente, una pandemia, este rincón de Ciutat Vella es también un espacio gastronómico donde se realizan actividades culturales

Mientras Ciutat Vella ve cada semana cómo locales de toda la vida son obligados a cerrar, la Librería Quera cumple 110 años como símbolo de resistencia. Entre paredes con cicatrices de historia, en la calle de Petritxol, se encuentra un espacio que ha conservado la esencia original de un establecimiento que ha sobrevivido a guerras mundiales, a una guerra civil y, recientemente, a una pandemia: actualmente es la librería más antigua de Barcelona, y mantiene su ubicación original.
Rafa Serra, propietario del Espai Quera (aparte de ser una librería, es un rincón gastronómico que no os podéis perder), afirma que “el camino no ha sido fácil”. La librería se tuvo que reinventar durante la Guerra Civil, y pasó de ser un espacio focalizado en el teatro a convertirse en un lugar de referencia para la literatura sobre excursionismo y montaña.
Con la crisis de los años 90 y la llegada de internet, la venta del libro empezó a ser difícil. Pero, en el año 2019, la librería se reinventó y entró en una nueva fase con un restaurante en la trastienda, curiosamente en el espacio donde antiguamente se ubicaban el comedor y la cocina de la vivienda familiar original.
“Antes era muy normal vivir en la trastienda, y es donde vivía la abuela de la familia Quera”, relata Serra. Todavía hay un agujero en la segunda sala, a la derecha, para observar qué pasa en la tienda. El almacén, donde actualmente se hacen presentaciones de libros y otras actividades culturales, fue el más difícil de reformar, ya que es un espacio pequeño y complicado (hay que recordar que tiene solo 80 metros cuadrados). “Hemos recuperado el suelo hidráulico y el cartel original, le dimos una segunda vida respetando el local”, añade.
“Al dar esta segunda vida al local, ha venido gente conocida a darnos las gracias por recuperar el barrio”, explica Serra, como un hecho recurrente. El propietario recalca que, después de la Covid-19, estuvieron pensando en cerrar el local porque no encontraban la manera de hacer funcionar una librería tan especializada. Fue entonces cuando decidieron incorporar una línea de narrativa de viajes: si la gente no podía viajar físicamente, podría hacerlo a través de los libros.
“Nos encontramos perdiendo dinero por un proyecto que apenas empezaba y yo mi preguntaba: 'Y ahora, ¿qué hago?'”, recuerda Rafa sobre aquella etapa oscura para todo el mundo. Hacía justo tres meses que acababan de incorporar la parte gastronómica de la librería.
Un día, en medio de una calle extrañamente desierta por la pandemia, Serra se encontró con una compañera de la Vila Viniteca, a quien le preguntó qué podía hacer con los quesos del stock. Ella le dijo que los podía congelar, un secreto profesional que él desconocía. Con esta anécdota, el actual propietario del Espai Quera transmite cómo los vecinos se han apoyado mutuamente: de hecho, los pasteles que venden son del local de enfrente y los vinos y quesos son de la Vila Viniteca. Al final, todo viene del barrio que mantiene viva la esencia original de la Barcelona de 1916, y para él "el secreto es el apoyo de los vecinos del barrio".
Rafa Serra es optimista con respecto al futuro: “Tenemos un problema de metros cuadrados para hacer convivir nuestros tres ejes: la venta de libros, la restauración y las actividades”. A pesar de todo, confiesa: “Me gustaría que alguno de los locales de al lado nos pudiera ceder espacio para hacer actividades culturales; esta sería mi carta a los reyes”. Y queda claro que, de momento, no tienen ninguna intención de bajar la persiana.
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