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El establecimiento de Torrent de l'Olla, en Gràcia, ofrece pequeñas delicias como la tortilla de patatas con cebolla y sin huevo, y el fricandó de gírgolas

Lo que más echaba de menos Isabel Fernández del Amor cuando se hizo vegana diez años atrás era la cocina tradicional. "Las cosas que hacían mi abuela, mi padre", cuenta. Durante la pandemia cocinó muchísimo e hizo cursos de cocina vegana en la Hofmann hasta que se animó a abrir La Perra Verde, una tapería vegana en la calle Torrent de l'Olla, 12, en Gràcia.
Tiene una carta corta donde no falta ni sobra nada. Es sencilla, honesta, y apunta directamente al corazón. El lugar ideal para ir con amigos o pareja y compartir las palomitas de coliflor (crujientes y acompañadas con alioli, el plato que más éxito tiene); la tortilla clásica o bien la trufada (a veces, según temporada, también encontraréis de alcachofa o de calçots y romesco); platillos como las albóndigas a la jardinera y el fricandó de gírgolas (espectacular en textura y sabor); una tabla de quesos veganos, o bocadillos como el planchado mallorquín. Se pueden regar con vinos, cervezas, limonadas naturales o Puig Cola, producida en Mallorca.
Desde que abrió en agosto de 2022 ha tenido una muy buena acogida por parte del público e incluso se erigió, en noviembre de 2025, como Mejor Restaurante de Especialidad de Barcelona en el programa Joc de Cartes, que también le dio el premio al Plato Estrella por una sencilla pero perfecta y equilibrada tortilla de patatas con cebolla y sin huevo.
"Vienen veganos y no veganos, y la mayoría vuelven", explica. Quizás el secreto es "ni replicar ni imitar, la cuestión es que sea bueno y que guste". La Perra Verde es un lugar para dejarse llevar y disfrutar, y quizás por eso Isa tiene muy claro que "tan importante como la comida es el trato con el cliente". Se respira el amor que le pone, el cuidado en cada detalle.
El logo es su perrita Dalla y el nombre, claro, hace referencia a que los veganos "tendemos a ser vistos como los raros, los outsiders", pero también se apropia del insulto perra para convertirlo en un elemento rebelde y reivindicativo. Todo viene de algún sitio, y La Perra Verde tiene que ver con el huerto del padre y quizás también con el trauma que suponía verle matar al conejo para la paella de los domingos.
"La cocina es convencer desde el amor", explica. Y crear un espacio donde la comida sea buena para el cuerpo y para el alma y que esté libre de sufrimiento animal es el acto de amor y rebeldía que Isa, en total coherencia con su segundo apellido, lanza al mundo.
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