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La lista de los largometrajes imprescindibles de 2025 que no te puedes perder si amas el buen cine

Historias intimistas y superproducciones, dramas y comedias, terror sobrenatural y películas-abrazo, cine de aquí y de allá. El año 2025 nos ha regalado momentos para soñar, para alucinar, para sufrir, para reflexionar, para llorar y para reír, para disfrutar. Hacer listas nunca es fácil, siempre queda la sensación de injusticia, de dejar fuera títulos que muy bien podrían estar presentes, pero estos diez largometrajes ejemplifican talento, riesgo, emociones y puro cine.
Secretos y conflictos de familia, un cineasta egocéntrico y manipulador y sus dos hijas, depresiones y ataques de ansiedad, traumas heredados y responsabilidades nunca asumidas, Ingmar Bergman y Henrik Ibsen, detrás de las cámaras y entre bambalinas, Europa y Hollywood (y Netflix), homenajes y reproches, una casa y mil recuerdos. Tras enamorarnos con La peor persona del mundo, Joachim Trier y su musa Renate Reinsve superan con nota la expectación alrededor de su nueva propuesta: un poderoso drama tocado con brillantes toques de humor con el que el cineasta noruego nos hace mirar por el ojo de la cerradura la intimidad de un núcleo familiar desestructurado.
El padre, reconocidísimo director de cine, se largó décadas atrás. Ahora, tras la muerte de la madre, se reencuentra con sus dos hijas: más que recuperar el tiempo perdido y conectar emocionalmente, parece desear solo que una, actriz teatral con problemas de salud mental, sea la protagonista de su regreso a los rodajes con una película con evidentes elementos autobiográficos. La negativa de ella lo llevará a contratar a una estrella estadounidense y provocará un terremoto emocional a su alrededor. Con unos magníficos Stellan Skarsgård, Elle Fanning e Inga Ibsdotter Lilleaas acompañando a Reinsve, Valor sentimental bebe del cine de Ingmar Bergman, sí, pero también del de Woody Allen, para construir un relato tan conmovedor como divertido sobre la relación entre el arte y la vida, la memoria y el perdón. Una obra sensacional que confirma a Joachim Trier como uno de los grandes del cine contemporáneo.
Cuando Thomas Pynchon escribió Vineland, el enemigo era la administración Reagan, a quien era fácil imaginar en modo Robert Duvall –“me encanta el olor a napalm por la mañana”–, arrasando con lo conseguido por las luchas sociales de finales de los años 60. En su adaptación libre, Paul Thomas Anderson actualiza las preocupaciones ante la conquista imparable de las derechas más extremas: la América que Trump intenta hacer grande otra vez es la del autoritarismo, el odio y la intolerancia, la del supremacismo blanco y los centros de detención y deportación de inmigrantes, la de la polarización salvaje, la de los fundamentalismos y los negacionismos, la de las fake news, la de los recortes de libertades que todos creíamos aseguradas.
El fascismo avanza sin freno y Una batalla tras otra nos recuerda que plantar cara es una obligación cíclica: los protagonistas de esta historia, revolucionarios o terroristas o ambas cosas, lo hicieron años atrás, y hoy sobreviven camuflados y en permanente estado de alerta. Si la juventud era rebelión y utopía, la madurez es rendición ante la derrota escrita. Frenética y visceral, comprometida, pero también tan divertidísima como un episodio del Coyote y el Correcaminos, con un sensacional Leonardo DiCaprio en albornoz, con persecuciones, tiroteos y atracos, esta es una película donde confluyen el potente discurso político y el entretenimiento con mayúsculas. Paul Thomas Anderson ha vuelto, y con una de las mejores obras de una carrera llena de mejores obras.
La puedes ver en HBOMax a partir del 19 de diciembre.
La película-abrazo de 2025. La sabiduría observacional de Jim Jarmusch condensada en un precioso tríptico que, como Valor sentimental, navega en las aguas de las siempre conflictivas relaciones pa/maternofiliales para hacernos plantear si aquellas personas que deberían ser las más cercanas por vínculos de sangre no acaban siendo, al fin y al cabo, verdaderas desconocidas. A partir de tres episodios aparentemente desvinculados e inconexos, Jarmusch dibuja tres encuentros familiares muy particulares: en el primero, un hombre y una mujer hacen un largo trayecto en coche para visitar a su padre, que vive en un pueblo nevado de Estados Unidos. En el segundo, situado en Dublín, dos hermanas visitan a la madre para cumplir con una tradición que incluye tomar el té el mismo día cada año. Y en el tercero, un joven y su hermana se encuentran en París tras la muerte de sus padres, con la intención de hacer una última visita al piso donde vivieron y crecieron cuando eran pequeños.
Armada con un encantador minimalismo zen y de una sutil comicidad, Father Mother Sister Brother es también un film juguetón que utiliza un puñado de running gags para atravesar las tres historias. ¡Y qué actores! Adam Driver, Cate Blanchett, Vicky Krieps, Charlotte Rampling, Indya Moore, Luka Sabbat y el grandísimo Tom Waits. Un fabuloso regalo de Navidad que entra directo al top de lo mejor del año.
Cine de terror y de gánsteres, blacksploitation pulp a ritmo de blues. Vampiros y sensualidad, vudú y ley seca, sangre e hígado (vísceras), Ku Klux Klan y clubes clandestinos. Dos, o tres o cuatro, películas en una. Ryan Coogler y Michael B. Jordan, director y actor fetiche que recuperaron la magia del primer Rocky en Creed, dan un salto adelante y sirven una obra de género(s) que trasciende el cine-espectáculo con audacia y ambición. Años 30, al sur del Mississippi, entre campos de algodón que recuerdan que la esclavitud no quedaba tan lejos, dos hermanos gemelos vuelven a casa dispuestos a gastarse el dinero ganado en el Chicago de la prohibición en un bar donde ahogar las penas con whisky y escuchar música de la buena, abierto hasta que salga el sol.
Con inesperados giros de guion, Los pecadores remata la capacidad de sorpresa con una escena musical que nos deja boquiabiertos: mientras suena I lied to you, las fronteras temporales se rompen y se hace un recorrido en plano secuencia que va del blues de los años 30 a los DJ de hoy, pasando por percusionistas africanos o figuras del hip-hop. Cine extraordinario disfrazado de horror sobrenatural que nos invita a disfrutar sin prejuicios hasta que los créditos terminan, y más allá. Esperad hasta el final, que hay (todavía más) sorpresas.
La puedes ver en HBOMax.
Después de su excelente debut con La hija de un ladrón, la cineasta catalana Belén Funes da dos o tres pasos adelante y, conectando con experiencias propias o cercanas, vuelve a abordar un cine social arraigado a los tiempos que vivimos: asuntos como la precariedad y la violencia habitacional, con los desahucios como pan nuestro de cada día, los conflictos de clase y la educación que depende del bolsillo y condiciona el futuro de unos jóvenes que, demasiado a menudo, no pueden acceder a una formación que les permita romper la cadena y tener un futuro mejor.
Los Tortuga habla también sobre las dificultades de empezar de cero lejos de casa. Pero es la relación entre una mujer y su hija (magníficas Antonia Zegers y Elvira Lara) la que lo atraviesa todo: el duelo dudosamente llevado las coloca en un nudo emocional que supone el cuerpo de una película conmovedora y políticamente comprometida, y con más capas que una cebolla, que reafirma a Funes como una de las voces más lúcidas de nuestro cine.
La puedes ver en Movistar+.
Nadie os culpará si os dan pereza los biopics autorizados de estrellas de la música, de Bohemian Rhapsody a la reciente Springsteen: Deliver Me from Nowhere. De hecho, nadie os culpará si os dan pereza los biopics autorizados en general. Pero el caso de Better Man es una extraordinaria excepción. En medio de una narrativa más o menos convencional de orígenes, fama, caída a los infiernos y redención, la vida del polémico cantante Robbie Williams no evita una parte oscura conocida por todos: el narcisismo, las adicciones al alcohol y a la cocaína, los excesos y las resacas, los problemas de salud mental, la arrogancia y las infidelidades, las peleas (con Gary Barlow, el resto de miembros de Take That y su expareja Nicole Appleton) y las rivalidades (fabulosa aparición de Oasis), y la traumática relación con el padre que lo atraviesa todo.
Dirigida por Michael Gracey, Better Man conmueve y divierte. Y, aunque todavía no lo hemos comentado, es la clave de todo: tiene una premisa tan sorprendente y extravagante como tremendamente efectiva: está protagonizada por un chimpancé generado por ordenador. Esta decisión se revela como un sensacional acierto que contribuye a poner el foco en la autopercepción de Williams como un payaso, como un mono nacido para ser mirado. Más allá de esto, Better Man tiene algunos de los mejores y más deslumbrantes números musicales vistos en el cine contemporáneo: por encima de todo, aquel que pone a bailar a medio Londres al ritmo de Rock DJ, una sofisticada secuencia sin cortes aparentes que nos deja con los ojos como platos. Hacednos caso y recuperadla. Es una joya.
La puedes ver en Movistar+.
Carla Simón cierra su trilogía familiar sobre la identidad y, mientras continúa explorando la memoria íntima, busca retirar un estigma que ha durado demasiado tiempo: el de aquella generación perdida que despertaba de cuarenta años de dictadura y acabaría marcada por el sida y la heroína. El diario de la madre de la directora sirve para vehicular el viaje de una chica, alter ego de la cineasta, que rastrea sus orígenes paternos: llega a Galicia para recoser hilos rotos y reencontrarse con abuelos y tíos, intentando entender quién fue su padre. Y, al mismo tiempo, en una exploración de nuevos caminos narrativos que amplían el naturalismo de Verano 1993 y de Alcarràs hacia una especie de realismo poético, Simón reconstruirá la historia de amor de sus padres con una serie de recursos oníricos visualmente bellísimos, utilizando la lírica de las imágenes y una cierta experimentación para construir recuerdos. Romería es un paso adelante creativo y un relato que viaja de la memoria a la fabulación, del testimonio a la evocación.
Cine monumental y contra todo corriente. Celuloide, 70 mm y VistaVision. Tres horas y media de ambición narrativa y temática, de épica íntima o de intimidad épica, con un intermedio de quince minutos, como hacían las superproducciones de los años 60, marcado por un reloj que cuenta hacia atrás. Una epopeya humanista que revienta el sueño americano y cuestiona la esclavitud al capitalismo más salvaje, historia con H mayúscula que nos lleva hasta aquella América que recibía cargamentos de refugiados que huían de los estragos de la Segunda Guerra Mundial en una Europa devastada. Uno es el protagonista de El brutalista: el magnífico Adrien Brody es un arquitecto húngaro superviviente de un campo de exterminio nazi que, llegado a Estados Unidos, es apadrinado por un mecenas multimillonario que financia su colosal proyecto, un edificio de hormigón que sirve de metáfora de los sufrimientos que lo han destrozado por dentro.
Con ecos de Ciudadano Kane, El manantial y Pozos de ambición (There will be blood), y aroma de gran novela americana, el film señala el talento de su hasta ahora desconocido director, Brady Corbet, llegado para demostrar que se puede hacer cine bigger than life desde la rebeldía ante una progresiva y aparentemente imparable rendición al algoritmo.
El menosprecio a las comedias a la hora de formar parte de las listas de lo mejor del año o de llevarse premios es tan histórico como injusto. Y el caso de Mi amiga Eva es paradigmático: por un lado, es una excelente muestra del cuidado que su autor, Cesc Gay, pone en los guiones de sus películas. En esta comedia con toques dramáticos sobre una mujer que, al llegar a la cincuentena, decide romper con todo para volver a participar en el juego del amor, Gay no deja nada al azar. Hay un equilibrio, una finezza, en cada secuencia, en cada momento, en cada réplica, que hacen avanzar la trama con una ligereza que solo es aparente. La escena de la cena de parejas es modélica en este sentido.
Por otro lado, el film ofrece una oportunidad de oro para que Nora Navas nos regale la mejor interpretación femenina del año: es tan difícil lo que hace en la película, la sutileza de cada uno de sus gestos y sus miradas, de sus silencios y de la forma de pronunciar sus líneas de guion, diciendo tanto sin levantar la voz... Mi amiga Eva es un clarísimo ejemplo de cómo las buenas comedias con vocación popular, y no hay tantas, son las eternas olvidadas. ¡A nosotros nos encanta!
George Clooney haciendo de una estrella de cine que se parece mucho a George Clooney. Y pidiendo repetir una escena, una más. Intentando hacer las paces con sus hijas, con su padre y con su pasado. Mezclándose con el populacho en un tren italiano camino de la Toscana. Bailando el Rumore, rumore en una fiesta. Comiendo tarta de queso. Corriendo detrás de un ladrón, de un taxi o por un bosque en plena noche. Y viendo un greatest hits de su carrera mientras le rinden un homenaje. George Clooney se pone en manos de Noah Baumbach, director de Historia de un matrimonio y Frances Ha, y no tiene ningún miedo a la inevitable identificación actor-personaje para hablar de la búsqueda de la identidad de alguien que se ha pasado la vida interpretando a otra gente.
A modo de road movie emocional y casi existencial, Jay Kelly humaniza a las grandes estrellas que hacen soñar al público y pone el foco en las sombras de una vida que todo el mundo envidia, en sus pérdidas y renuncias. Clooney hace de Clooney y, a su lado, brilla Adam Sandler como el paciente mánager que es, al mismo tiempo, confesor y escudo, amigo y enemigo, consejero y sirviente. Equilibrando comedia y drama, la película es un homenaje al cine lleno de guiños y un recordatorio del carisma de Clooney, una estrella como las de antes.
La puedes ver en Netflix.
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