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Lola, Anna y Litus: el increíble poder de la hermandad

Quim Guitérrez, 'Litus'
Quim Guitérrez, 'Litus'

Cuando Rocco llegó a Milán
“¿Casarte? ¿Eres ya tan rico que te puedes casar, cuando tienes a toda la familia sobre tus espaldas?”. Lo preguntaba, entre lágrimas y gemidos, Rosaria Parondi (Katina Paxinou) a su hijo Vincenzo (Spiros Focas) en el inicio de ‘Rocco y sus hermanos’ (1960). La familia de Vincenzo, el patriarca de la cual acaba de morir, llega a Milán con la esperanza de que Vincenzo los salve de la pobreza. Simone (Renato Salvatori), Luca (Rocco Vidalozi), Ciro (Max Cartier) y Rocco (Alain Delon, que lleva una bolsa de naranjas del pueblo) son los cuatro hermanos de Vincenzo, cuatro bocas para alimentar, cuatro cargas para soportar.

La película de Luchino Visconti sigue siendo un profundo y dramático ejemplo de lo que significa tener hermanos: un compromiso moral, un contrato firmado con sangre y con genes, y que contiene unas cláusulas invisibles que mutarán y se actualizarán a lo largo de los años. Es una circunstancia que no has elegido y que llevarás enganchada durante toda la vida. Ser hermano es más que ser amigo o compañero de trabajo. Ser hermano es un asunto más complejo que ser hijo o ser pareja. ¿Tres películas actuales alrededor de la hermandad, con sus vicios privados y sus públicas virtudes, o al revés? Dos en cartel, ‘Lola y sus hermanos’ y ‘La casa de verano’, y una que se estrenará en septiembre, ‘Litus’, de Dani de la Orden.

En presencia de los padres
En la francesa ‘Lola y sus hermanos’, escrita (con David Foenkinos), dirigida y protagonizada por Jean-Paul Rouve, se puede decir que los tres hermanos de la historia (Rouve, Ludivine Sagnier y José Garcia) sólo tienen una cosa en común: una tumba donde están enterrados sus padres y que les sirve como punto de reunión cada cierto tiempo. En ‘presencia’ de sus progenitores, los hermanos discuten, se ponen al día en todo tipo de temas personales y profesionales, y, alguna vez, incluso ríen, lo que no es habitual. El testigo (vivo) de estas reuniones es un hombre viejo, sentado en un banco de detrás, un papel interpretado por el veterano Jacques Boudet, a quien, no hace mucho, veíamos en otra película sobre hermanos, ‘La casa junto al mar’, de Robert Guédiguian. Rouve hace un repaso a temáticas diversas: la paternidad/maternidad, la infidelidad, recomenzar, atreverse a cambiar de rumbo, ser o no ser un bocazas, los estudios... ¡la arquitectura! Con metáfora incluida en esa amenazadora grieta en la pared de un edificio.

'Lola y sus hermanos'

 

'Lola y sus hermanos'

 

 

 

 

La fantasmagórica casa de las dos Valeria
Valeria Bruni Tedeschi es especialista en incorporar su propia vida en sus terapéuticos films. En ‘La casa de verano’, habla de la muerte de su hermano a través de Marcello, el personaje de Stefano Cassetti (¿le recordáis en el ‘Roberto Succo’ de Cédric Kahn?), que tiene una prolongación en el personaje de Vincent Perez. Las dos Valeria (Bruni Tedeschi y Golino) son las hermanas de Marcello, el triste espíritu del cual vagará por las habitaciones y los jardines de una impresionante casa de veraneo. Anna y Elena hablan entre ellas en italiano, se chillan, se abrazan, se critican y cantan juntas para entretener a una familia burguesa tirando a borracha y decadente. Y si sus hombres (Riccardo Scamarcio y Pierre Arditi) no acaban de hacerlas felices, siempre pueden ser visitadas por el fantasma de Marcello, charlar con el descontento personal de servicio o sumergirse en la piscina. Y si, en un momento dado, cualquiera de los personajes tiene que recurrir al insulto y a la descalificación, se cae en ello de cuatro patas.

'La casa de verano'

 

'La casa de verano'

 

 

 

 

Un muerto que nos viene a buscar
Adaptación de una obra de teatro de Marta Buchaca, ‘Litus’ también empieza con la muerte de un hermano, el Litus del título, que decidió quitarse la vida. ¿Por qué? Ni siquiera su hermano (interpretado por un excelente Quim Gutiérrez) lo sabe. Una reunión entre el hermano y los amigos de Litus, tres meses después del suicidio, colocará las cosas y las personas en su sitio. O, como mínimo, moverá un poco las piezas, que ya era hora. ¿Hubiesen podido hacer algo para evitar la tragedia? ¿Quién era Litus? ¿Lo llegaron a conocer? ¿Y él se dejó conocer? Álex García, Marta Nieto, Belén Cuesta, Miquel Fernández y Adrián Lastra acompañan a Gutiérrez en una cita para reflexionar sobre el porqué de las cosas, para poder pegarse verbalmente y para mirarse a ojos, por primera vez después de mucho tiempo. Ahora o nunca, chicos y chicas. Y con la complicidad de una pequeña mentira que ayudará a desatascar las tuberías de la verdad.

 
La señora Rosaria Parondi tenía razón: procura tener siempre a los hermanos limpios y pulcros, contentos, en paz y con el estómago más o menos lleno. ¡Venga, una ronda de naranjas, Rocco!

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