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¿Los deportistas no se merecen (inolvidables) películas?

El mejor, dir. Barry Levinson
Foto: Fotograma de la pel·lícula 'El mejor' El mejor, dir. Barry Levinson

Humanos fuera del terreno de juego

La muerte de Blanca Fernández Ochoa y el triunfo de la selección española de baloncesto han hecho aflorar historias personales que a menudo quedan escondidas detrás de los deportistas famosos: la esquiadora era una mujer que sufría mucho, y Ricky Rubio está marcado por el fallecimiento de su madre, Tona, por culpa de un maldito cáncer de pulmón, a los 56 años. Los medios nos acaban de ofrecer la cara más humana y cercana de los deportistas de élite. Pero, ¿qué pasa con el cine y los deportistas? ¿Por qué hay tan pocas películas potentes y emocionantes sobre el mundo del deporte? Vayamos por partes y maticémoslo.


Los boxeadores, los más sufridores

Los únicos deportistas que realmente tienen una considerable, premiada y jugosa filmografía son los boxeadores. Pero no nos engañemos: hablar de boxeo no es hablar de... ¡deporte! Es hablar de orígenes humildes, violencia, intereses, apuestas, trampas, diferencias sociales, zancadillas, problemas con la pareja y grandes putadas. Los biopics de boxeadores así nos lo han confirmado: Paul Newman fue Rocky Graziano en ‘Marcado por el odio’ (1956), de Robert Wise; Robert De Niro se convirtió en Jake LaMotta en ‘Toro salvaje’ (1980), de Martin Scorsese; Denzel Washington se metió en la piel de Rubin Carter en ‘Huracán Carter’ (1999), de Norman Jewison; y Russell Crowe interpretó a James Braddock en ‘Cinderella man’ (2005), de Ron Howard. Dos títulos de Mark Robson (‘El ídolo de barro’ y ‘Más dura será la caída’), uno de Robert Rossen (‘Cuerpo y alma’), la maravillosa ‘Rocco y sus hermanos’ (Luchino Visconti, 1960), la saga ‘Rocky’, ‘Campeón’ (Franco Zeffirelli, 1979), ‘The Fighter’ (David O. Russell, 2010) y las españolas ‘Young Sánchez’ (Mario Camus, 1964) o ‘La distancia’ (Iñaki Dorronsoro, 2006) también nos han enseñado un panorama del boxeo donde el glamur acaba recibiendo un traidor puñetazo por parte del drama desesperado y del patetismo profundo. Dos recitales más de tortazos y humillaciones dignos de ser recordados: ‘Million dollar baby’ (2004), de Clint Eastwood, y ‘El luchador’ (2008), de Darren Aronofsky. 

 

El ídolo de barro

 

Retratos de grupo

Existe otro tipo de pelis ambientadas en el deporte, y son esas que describen a un numeroso grupo de personas dispuestas a ganar trofeos: aquí podemos incluir ‘Carros de fuego’ (1980), de Hugh Hudson, ‘Hoosiers’ (1986), de David Anspaugh, ‘Once pares de botas’ (1954), de Francisco Rovira Beleta, o ‘Invictus’ (2009), de Clint Eastwood. En todas ellas, el foco de atención se desplaza constantemente, porque se tienen que explicar varios relatos a la vez. Y podemos añadir ‘Campeones’ (2018), de Javier Fesser, que introduce más posibilidades narrativas: no se trata de saber si todos ellos triunfarán o no, sino de emocionarse con su duro día a día.


Los personajes importantes no están jugando

Sí, seguro que me he dejado algunas pelis (‘Campo de sueños’, ‘Los Búfalos de Durham’, ‘Rush’), más por falta de espacio y para no agobiaros con un exceso de ejemplos que no por falta de memoria, pero no querría olvidarme del cine y el béisbol: de Gary Cooper haciendo de Lou Gehrig en ‘El orgullo de los Yanquis’ (1942), dirigida por Sam Wood y protagonizada por Gary Cooper; o de Robert Redford en ‘El mejor’ (1984), de Barry Levinson. Y ojo con la divertida, materialista y destructora visión del fútbol americano que ofrecía Oliver Stone en ‘Un día cualquiera’ (1999): el protagonismo, sin embargo, lo acaparaban los personajes satélite, los buitres, pajaritos y pajarracos como Al Pacino y Cameron Diaz, y no los jugadores.

De momento, lo que sí estamos sufriendo es una invasión de documentales (en formato de serie o largometraje) sobre deportistas: algunos espectadores se conforman viendo el lujoso, vacío y tatuado día a día de Sergio Ramos, y otros  quieren alguna cosa más elaborada, y prefieren las películas de Asif Kapadia sobre Ayrton Senna y sobre Diego Armando Maradona. Vuelvo al inicio: me ha conmovido más y me ha permitido conocer más delicadas interioridades del alma el mítico reciente partido de baloncesto de Ricky Rubio que el 80 por ciento de los films citados.

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