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SOS Residents asegura que "cada villa de lujo vendida a un millonario, un jubilado extranjero o una familia extranjera significa una familia local sin casa"

El turismo masivo es uno de los problemas que sufren ciudades como Barcelona, que ya es la ciudad turística más masificada del mundo. Esto, sin embargo, no solo afecta a la capital catalana, sino que hay otros lugares donde los turistas ya no solo causan alguna molestia, sino que potencian la escasez real de vivienda –entre otras consecuencias– que expulsa a los residentes de sus hogares. Mallorca es un claro ejemplo de ello, donde la situación ha llegado a un punto de ebullición.
La isla ha sido durante mucho tiempo un destino estrella para turistas y jubilados gracias a la combinación de playas de arena y un casco antiguo precioso, pero la asociación SOS Residents acaba de hacer pública una carta dirigida a las agencias inmobiliarias extranjeras que dista mucho de ser halagadora. El mensaje a los inversores internacionales es claro: “No sois bienvenidos”.
No son realmente los turistas, las personas individuales que visitan la isla, quienes molestan. Gran parte de la indignación de los manifestantes se dirige hacia las empresas angloparlantes que compran propiedades en la isla y las convierten en alojamientos turísticos, retirándolas del mercado para la gente que realmente vive allí.
La carta dice que esta práctica ha “expulsado [a los locales] de sus pueblos con precios inasumibles”, y añade: “Hace décadas que nuestra isla es tratada como una mercancía, un lugar a explotar, un decorado de vacaciones, una postal de compra y venta. Y esto ha tenido un coste que ya no podemos soportar”.
El aumento de los alquileres turísticos ha sido un problema en destinos de vacaciones populares en todo el continente, también en otras ciudades españolas. En Barcelona, los alquileres de corta duración se han convertido en un problema tan grave para el mercado de la vivienda que este año las autoridades han impedido que 65.000 propiedades formaran parte de este mercado por incumplir las normativas.
La carta continúa explicando que: “Cada villa de lujo vendida a un millonario, un jubilado extranjero o una familia extranjera significa una familia local sin casa. Cada agencia que anuncia un ‘paraíso mediterráneo’ en Londres, Berlín o Nueva York alimenta la gentrificación y expulsa a quienes han vivido allí toda la vida”.
Esto llega después de grandes protestas en toda España, también en Palma, en junio. Los activistas acudieron en masa para presionar más a los gobiernos para que tomaran medidas urgentes contra el aumento de la especulación inmobiliaria que está dañando a sus comunidades.
Según el Instituto Nacional de Estadística, más de 14,4 millones de personas visitan las Islas Baleares cada año, superando con creces a sus 1,2 millones de residentes. Es este volumen, más que el simple hecho de que la gente quiera visitarlas, lo que critican los manifestantes. Algunos dirigentes españoles están combatiendo el sobreturismo con el aumento de tasas y restricciones sobre la propiedad, pero para muchos residentes de Mallorca esto no es suficiente.
La carta concluye que: “Mallorca es más que un parque de atracciones para los ricos: es una tierra viva, una comunidad, un hogar”. Todo parece indicar que el malestar continuará hasta que los responsables tomen medidas contra lo que los locales ven como la gentrificación acelerada de la isla.
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