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Su primer álbum, 'Ouineta verificada', es la consolidación de un universo propio dedicado a las divas del pop

Ouineta es una popstar construida para que la miremos, la gocemos y deseemos ser como ella. El artífice de este ventrílocuo a medio camino entre monstruo de Frankenstein y Britney Spears es Marta Ros, una coreógrafa de la Roca del Vallès que, tras años de trabajar para hacer brillar a los demás –ha trabajado con artistas como Rigoberta Bandini o Amaia– decidió que ella también quería jugar. De hecho, Ouineta parece que juegue: con la música, con el escenario, con el cuerpo y con todos nosotros. ¡Y es verdad que se lo pasa bien! Pero detrás de una imagen naïf y casi edulcorada hay pasión por el art y una necesidad visceral de crear, crear y crear. Ahora ya han empezado los conciertos de su primer álbum Ouineta Verificada. Nos confirma que están yendo muy bien.
¿Qué significa que un concierto vaya bien, para ti?
Un concierto va bien cuando me lo paso bien. Yo sí que había actuado en conciertos como bailarina. Hice una gira, de hecho, con un proyecto que ya iba muy bien, el de Rigoberta Bandini. ¡Y mi acostumbré a actuar ante masas de público que estaba a tope! Lo más importante es la energía, ¡porque un concierto con tres personas de público puede ir bien! Pero a veces, en fiestas mayores o ambientes en los que la gente no conoce mi proyecto, he sentido un poco de hostilidad. ¡Yo lo entiendo eh! Yo soy de pueblo, entiendo que por la fiesta mayor, quieres salir de fiesta y ya está… y después te encuentras con mi show, ¡y no es lo que esperabas!
¿Ouineta no es para todo el mundo?
Creo que mi música mezcla muchos tipos de géneros y los hace a su manera. A mí eso me encanta, me lo siento muy mío. Pero el público tiene delante una balada, después un dembow y después una canción experimental… Entiendo que pueda dificultar la conexión inicial, sobre todo si no entiendes nuestros códigos. Pero precisamente por eso, cuando veo que el público responde pienso: ¡por vosotros me desviviré!
Tú trabajabas de coreógrafa y bailarina. ¡Y te iba bien! ¿Por qué decidiste que también querías tener un proyecto musical propio?
Yo tenía canciones hechas ya. Componía en casa con los acordes que sabía de piano y las compartía con amigas. ¡El nombre de Ouineta, de hecho, existía antes del proyecto! Ya existía, pero en formato íntimo. Estar en el escenario me hizo darme cuenta de que me encantaba crear shows, eso me fascinó. La vida me fue llevando hacia aquí, y mira que yo había estudiado Comunicación Audiovisual, quería ser directora de cine, ¿sabes? [ríe] Me gustaba mucho bailar, pero no me imaginaba que mi carrera sería de coreógrafa. Ni tampoco de cantante. Pero me encontré con ello y creo que he llegado desde la pura pasión.
Un poco lo contrario de una industry-plant…
Bua, a veces pienso que me gustaría componer para los demás, compartir mi manera de trabajar, que es la de alguien que no tiene formación musical. No sé cuánto durará Ouineta, pero me encantaría entrar en el equipo de una artista que sea industry-plant… ¡y usar mis habilidades para otra persona!
¿Te gustaría que te acusaran de ser industry-plant?
Me encantaría. Es que también creo que es muy Ouineta, ¿sabes? El proyecto nació así, decidí que quería construir una popstar desde la ironía y el juego. Me interesa mucho analizar los estereotipos de las divas del pop y adoptar esas máscaras. En las entrevistas todavía se nota mucho que soy Marta, me da un poco de vergüenza, pero me gustaría llevar el personaje al siguiente nivel. Me interesa mucho ese compromiso que hacen algunos artistas con su personaje.
A veces se critica a los artistas que no tienen una formación musical clásica. ¿Cómo lo vives tú?
Yo estudié piano y lenguaje musical de pequeña con mi abuela, aunque he perdido parte de la técnica. Ahora hago clases de canto. Pero creo que la formación a veces es limitante. En el mundo de la danza lo veo a menudo: bailarinas superformadas que tienen que hacer un esfuerzo por desaprender las normas clásicas y ser libres. En la música me pasa lo mismo; como no estoy ligada a las estructuras clásicas, me siento mucho más libre para crear y probar cosas nuevas. Estoy en un proceso de aprendizaje constante y me apoyo mucho en los productores con los que trabajo, como Juan Feduchi.
¿Y con la danza?
Si vienes del contemporáneo tienes una noción menos rígida de lo que está bien o mal. Yo sé que tengo un talento natural para la danza y la coreografía, pero al principio de mi carrera me daba mucha inseguridad no saber contar los tiempos de la música como lo hacen otros coreógrafos de danza urbana. Me daba miedo que los bailarines lo notaran. Después vi que hay muchas maneras diferentes de transmitir el movimiento y gané seguridad.
Tu estilo coreográfico es muy reconocible. ¿Te sientes demandada actualmente como coreógrafa?
Sí, recibo muchas propuestas de trabajo de coreógrafa sin tener que buscarlas. Ha sido un año de muchísimo trabajo… porque llevar el proyecto musical y el de coreógrafa a la vez es una locura.
En la canción Evil Ouineta dices que te copian los pasos de baile. ¿Sientes que ahora eres alguien a quien copiar?
Soy muy consciente de que me inspiro en muchos coreógrafos de Barcelona. Hay una generación del Institut del Teatre increíble: la de Mabel Olea, Guillem Jiménez, Candela Capitán... Son ídolos para mí, ¿sabes? Y me han influido, pero también hago un esfuerzo por no copiar. Lo mismo pasa con la moda, si me gusta un vestido que otra persona ya ha llevado, no me lo pongo o intento estilizarlo diferente. Sí que creo que también todas tenemos referencias, y tanto a nivel musical como a nivel de danza a veces hay coincidencias. La frase de la canción… [ríe] es una manera de fortalecerme, porque en momentos de la vida me he sentido muy insegura. Sobre todo como coreógrafa.
¿Sí?
Es un trabajo muy mal pagado y eso hace que te cuestiones mucho tu propio valor. Por eso, para mí, que sepan identificar que un trabajo es de Marta Ros o de Ouineta es un gran cumplido. Me hace mucha ilusión. El otro día una amiguita me decía si había hecho las coreografías de Harry Styles, y yo pensaba: "¡Ojalá!", si las hubiera hecho lo estaría diciendo a todo el mundo a cada momento. Me parece genial conseguir tener una autoría clara.
El proyecto musical tiene un aire muy femenino, fresco, incluso naïf o adolescente. ¿Cómo llegas aquí?
Ouineta es un proyecto sanador, que hago 100% por mí y por quienes conectan con eso. Durante mucho tiempo he sentido que se me tomaba por tonta, porque soy una persona inocente. Y he hecho un ejercicio de ver que yo también era inteligente y de no creerme lo que proyectaba de adolescente. Me encanta jugar con esta máscara porque es la que he tenido durante mucho tiempo… el proyecto nace un poco de jugar con las máscaras para mí, y después para todas, porque al final creo que es algo que nos ha pasado a muchas, ¿sabes? ¡Es liberador!
¿Por qué?
Me emociona pensar que te puedes apropiar de la máscara que te han puesto. He creado un personaje que soy yo pero llevado al extremo y tiene un montón de cosas íntimas mías. Por eso crear música es lo que me cura. Cuando me pongo un beat y saco una letra entera, eso me mejora el ánimo instantáneamente.
¿Y eso conecta con el público?
Me escuchan sobre todo chicas de 25 a 30 años. Me encanta cuando descubro que hay alguien fuera de estas franjas que escucha Ouineta, claro. Pero el otro día escuchaba el pódcast Radio Noia de Mar Vallverdú, en el que hablaba de Addison Rae y de su público que son básicamente chicas y gente del colectivo. Y pensé que quizás no hace falta luchar por el mainstream. Al final yo también soy público, y tengo los referentes de the girls and the gays. Gracias a ellos, no me tengo que sobreexplicar y es muy guai sentirse entendida.
In el disco hablas de verificarse. ¿Qué significa para ti este concepto?
Es una autoverificación. Como es mi primer álbum, yo misma me declaro una artista verificada. Y lo más bonito es que se ha cumplido: actuar en el Primavera Sound, hacer un sold out en Razzmatazz yo sola, ser portada de la revista Time Out, salir en Vogue o hacer mi propio merchandising son hitos que me van verificando en la realidad. Es una lectura festiva de la trayectoria. Ahora miro mi carrera así, ¡con la ilusión de ir viendo que cada hito que alcanzo es una verificación!
¿Cuáles serían tus verificaciones soñadas de cara al futuro?
Hacer un Gallery Sessions o hacer un Tiny Desk me haría mucha ilusión. También hacer colaboraciones con artistas que admiro o hacer un concierto fuera de España, en Europa.
¿Te ves viviendo en Barcelona a largo plazo?
Yo soy de pueblo [Marta nació en la Roca del Vallès] y siempre me he imaginado viviendo fuera de la ciudad en un futuro. Por ahora estoy muy cómoda en Barcelona; me siento más city girl que nunca y mi momento vital me pide estar aquí centrada en el proyecto de Ouineta.
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