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Las filigranas presentes en papeles del Molí Paperer de Capellades presiden la muestra de Clàudia Pagès en los Eventi Collaterali de la Biena

En una pared de Venecia aparecen dibujos de luces hechos con un láser de color violeta. Hay un unicornio, unas balanzas o una mano, y son obra de una artista catalana, Clàudia Pagès, que los ha calcado de las filigranas que podemos encontrar en papeles del siglo XV del Museu Molí Paperer de Capellades para que formen parte de la exposición que el Institut Ramon Llull organiza dentro de los Eventi Collaterali de la 61ª Bienal de Arte.
Bajo la comisaría de Elise Lammer, Pagès ha creado una instalación de luz, sonido y movimiento inspirada en las filigranas, dibujos hechos para ser vistos solo a contraluz que servían para autentificar documentos, que le sirven de punto de partida para explorar las infraestructuras de poder. En la sala también hay unas estructuras que nos recuerdan a los skate-parks barceloneses y una gran pantalla LED con forma de canal de agua, fabricada a medida por el estudio GOIG y Tallers Soteras, que se lleva al público en un recorrido por el sistema hídrico del Anoia y el Alt Penedès donde verá el agua brotar de fuentes, acuíferos y cauces fluviales gracias a imágenes grabadas con dron.
Pero la filigrana solo es el punto de partida para hablar de lo que no se ve a primera vista, de lo que queda oculto bajo la superficie de las cosas. Por un lado, permite a la artista investigar las redes subterráneas de agua, pero también conflictos ocultos del pasado como la expulsión de las comunidades musulmanas, que habían introducido y mantenido la producción de papel en Cataluña. Así, Paper Tears conecta con los conflictos geopolíticos, las crisis migratorias y los estados de emergencia del presente, temas a la orden del día en un evento como la Biennale.
La muestra conecta con la ciudad de Venecia a través del agua, un elemento clave del paisaje de la ciudad pero también crucial para muchas industrias catalanas durante siglos. El papel tambén sirve de vínculo entre ambos territorios: la filigrana es un invento que proviene de la Toscana y, además, después de que la producción local de papel entrara en crisis, Cataluña tuvo dependencia de exportaciones papeleras de tierras italianas. Así, Clàudia Pagès diseña una propuesta que encaja con el espacio y que pone el foco en la materialidad del papel como contenedor de memoria histórica y tensiones geopolíticas.
En la pantalla LED, el agua oscura rápidamente se transforma en acuíferos catalanes, pero también aparecen personajes que se acercan a la figura del bufón y que charlan sobre temas contemporáneos, pero casi de manera cómica, hasta que el lenguaje deja de tener sentido. La experiencia sensorial se completa con una composición sonora creada en colaboración con la productora nara is neus. A través de un coro de voces y una percusión lenta y repetitiva, la pieza busca inducir a los espectadores en un estado de trance, marcando el ritmo de una dramaturgia dividida en tres actos.
Así, Paper Tears funciona como una reivindicación de todo aquello que permanece bajo la superficie y dialoga con el título de la Biennale de este año In minor keys, ya que se centra en esos detalles aparentemente menores, ocultos o ignorados de nuestro contexto que, a pesar de su naturaleza discreta, pueden servir para explicarlo. Con esta exposición, que se podrá visitar en Venecia hasta el 22 de noviembre del 2026, el Institut Ramon Llull consolida la presencia de la cultura catalana en la Bienal, un escaparate donde Cataluña participa desde el año 2009. Después, el proyecto se podrá ver en Barcelona, en La Fabra Centre d'Art Contemporani, como parte de una exposición que este espacio de Sant Andreu dedicará a la artista.
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