Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Barcelona icon-chevron-right El Palau de la Música apuesta fuerte por la música minimalista

El Palau de la Música apuesta fuerte por la música minimalista

El prestigioso compositor John Adams será el protagonista de un fin de semana monográfico a finales de mayo, y Philip Glass será una de las figuras estrella de la próxima temporada que promete ser hipnótica. ¡Te damos 8 razones para descubrirlos!

Por Time Out en colaboración con Palau de la Música Catalana |
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La programación del Palau de la Música durante toda una temporada es variadísima, y ​​precisamente por eso incluye mucho más que los platos fuertes habituales de un espacio consagrado a la gran música, las voces más poderosas del momento en el repertorio lírico y los programas sinfónicos. Si todo lo que programaran los auditorios y las salas de conciertos fuera sólo el repertorio de finales del siglo XIX hacia atrás, esta situación no sólo sería injusta, parcial e incompleta, sino que además dejaría de lado absolutas obras capitales de la música más reciente. El siglo XX suele tener fama de período musical difícil, abrupto, a veces incomprensible para el gran público, y aunque esta apreciación es incierta –no todas las vanguardias son hostiles, y no toda la música del siglo XX es vanguardia–, lo más fácil para desmontar el argumento es adentrarnos en el minimalismo americano, seguramente la forma musical heredera del lenguaje occidental que identificamos como clásico y que más aceptación popular ha tenido entre el público.

El Palau de la Música está haciendo precisamente eso: sin olvidar a Beethoven, Mahler o Brahms, en esta temporada que pronto terminará, y en la 2018/2019 que comenzará en otoño, hay mucha música minimalista. Este año, el compositor invitado ha sido John Adams –muchas de sus obras se tocarán en el Palau el fin de semana del 26 y el 27 de mayo, en dos programas dirigidos por Adams en persona–, y la próxima temporada el compositor central también es un genio vivo, y también estadounidense, Philip Glass. El minimalismo merece un espacio cada vez mayor en los auditorios y los programas de clásica. Y el Palau de la Música está demostrando, con hechos, que participa de este estado de opinión. Si aún no estás convencido, ¡aquí tienes 8 argumentos de peso que te harán correr a comprar las entradas!

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¿Qué es el minimalismo? Los orígenes

El minimalismo se define a partir de la raíz "mínimo". Es música construida con pocos elementos sonoros. No es que sea breve, sino que las notas, los acordes y las estructuras principales en las que se estructura el sonido están elaboradas con pocas unidades que se alargan o se repiten. El minimalismo musical es un concepto que identificó el crítico inglés, y también compositor, Michael Nyman para hacer una analogía entre la arquitectura y el arte minimalista, que surge de Mies van der Rohe, y la música: una música hecha con pocos elementos, pero que logra una presencia grande e importante.

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Evolución del minimalismo

El minimalismo es, en la historia de la música del siglo XX, un movimiento que surge en los centros bohemios de San Francisco y Nueva York donde se trabajaba con lenguajes de vanguardia a principios de la década de los sesenta, y que impulsó un retorno al lenguaje tonal –o sea, a los sistemas armónicos codificados por Bach, en oposición a los nuevos sistemas mucho más complicados que empezaron a surgir tras Schönberg–, de tal manera que era un tipo de música "culta" que conectaba muy bien con el pop y el rock de la época, y también con los movimientos contraculturales, como la búsqueda de una espiritualidad basada en la religión oriental y el consumo de drogas para conseguir un estado hipnótico. El minimalismo se expresa musicalmente como un bucle gigantesco, como una constante repetición de patrones armónicos, y cambios sutiles, para entrar en una dinámica que te deja absorto.

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Los grandes maestros minimalistas

Los primeros artistas fueron LaMonte Young, Terry Riley, Tony Conrad o Charlemagne Palestine, y más tarde tomó cuerpo la escuela de Nueva York, con Steve Reich y Philip Glass al frente. Durante los años 70 y 80 el minimalismo se desarrolló también en Inglaterra y la Europa continental -–Michael Nyman, Gavin Bryars, Louis Andrienssen, Henryk Górecki–, y durante las siguientes décadas se ramificó en varias variantes, como el minimalismo espiritual –Arvo Pärt, John Tavener– o el post-minimalismo de compositores como John Adams o, actualmente, Nico Muhly. Es música en movimiento, que siempre gana fans y nunca los pierde. La verdadera vanguardia popular de finales del siglo XX.

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John Adams: el genio inesperado

John Adams no fue un compositor de la primera ola, ya que sus primeras obras las tenemos que situar a finales de los años 70 y su consagración no llegó hasta los 80, con la ópera "Nixon in China" (1986) , pero su papel es importante porque es la figura central del post-minimalismo, del desarrollo del estilo hacia regiones inesperadas. Su música es orquestal, vibrante, dinámica, no tanto repetitiva como la de sus predecesores, y muy inspirada en la cultura popular estadounidense: sus obras tratan sobre conflictos políticos, el arte americano y la vida moderna –hay una tendencia en su música hacia la velocidad–; muchos críticos de prestigio lo consideran como el principal compositor americano vivo, o al menos el mayor de los últimos años del siglo XX, aunque en el XXI se han mantenido en forma.

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Adams en el Palau

Adams ha sido el compositor invitado del Palau en la temporada 2017/2018, y ahora culminará su ciclo con un fin de semana monográfico donde se interpretará, bajo su dirección, un abanico amplio de piezas: el sábado 26, "Short Ride in a Fast Machine", "Absolut Jest" y "Harmonium", una pieza coral inspirada en los poemas de Emily Dickinson; el domingo 27, el Attacca Quartet interpretará la integral de sus cuartetos de cuerda.

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Philip Glass: el maestro de los cambios

Philip Glass es, posiblemente, la gran figura popular del minimalismo americano. Lo es, entre otros motivos, por haber sido muy activo en el campo del cine –ha compuesto bandas sonoras para Martin Scorsese o Paul Schrader, entre otros directores importantes–, y también por haber colaborado activamente con muchas estrellas del pop, de Suzanne Vega a Paul Simon, pasando por David Byrne. Ha sido el compositor más cercano a la escena de vanguardia de Nueva York en todos los ámbitos –desde la fotografía al cine, pasando por el teatro–, y fruto de estas relaciones se han dado algunos de los trabajos más importantes de la su trayectoria, como la ópera "Einstein on the Beach" –con el director de escena Robert Wilson–, o sus sinfonías basadas en discos originales de David Bowie, como "Low" o "Heroes". Glass nunca ha dejado de trabajar simultáneamente en los campos de la música seria y la popular, y esta doble participación en campos supuestamente adversos no le ha repercutido en ninguna merma en su prestigio.

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Glass en el Palau

Durante la próxima temporada, hay varias citas relacionadas con Glass que hay que apuntar ya en el calendario: el 15 de enero, el concierto del pianista Vikingur Ólaffson (en la foto) con piezas de Glass escritas expresamente para piano (como "Glassworks" o los "Études"), el 11 de mayo de 2019 con el concierto de órgano protagonizado por Iveta Apkalna, y el 21 de mayo una colaboración entre Glass y el Orfeón Catalán, con piezas para coro y orquesta. Y como traca final, la ópera entera "Einstein on the Beach" en versión concierto el 27 de mayo de 2019, una experiencia repetitiva y mántrica de más de cuatro horas.

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Arvo Pärt: la música de Dios

Arvo Pärt ha sido importante en las programaciones del Palau de la Música de esta década; el compositor estonio es uno de los más aclamados de todo el siglo XXI y el tramo final del XX, gracias a su espiritualidad incontenible en piezas sencillas y conmovedoras como "Spiegel im Spiegel" o "Für Alina", o en su música religiosa para coral. Esta próxima temporada la presencia de Pärt es testimonial, porque sólo estará en un programa –el próximo 29 de enero–, pero a la vez importante porque interpretarán su "Te Deum" y la obra "Summa" en versión de cuerdas, junto con una cantata de Johann Sebastian Bach y la apertura de "La Belle et la Bête" de Philip Glass, su banda sonora alternativa –en formato "ópera dentro del cine"– de la famosa película de Jean Cocteau.

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