Cementiri del Poblenou
Cementiri del Poblenou

11 curiosidades de los cementerios de Barcelona

Los cementerios de Barcelona esconden joyas escultóricas y anécdotas históricas que merecen una visita. Por Time Out Barcelona en colaboración con Cementiris de Barcelona

Begoña García Carteron
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Los cementerios son rincones bucólicos, muchas veces olvidados, donde el silencio y la paz dibujan otra mirada de la vida. Recorrer los de Barcelona permite dar un curioso paseo, rodeado de arte funerario y lleno de anécdotas históricas, de la mano de los antepasados de la ciudad. Cementiris de Barcelona, en la web www.cbsa.cat, ofrece rutas y organiza acontecimientos culturales de lo más sorprendentes, como lecturas en homenaje a los poetas y escritores que descansan en las tumbas y rutas nocturnas para descubrir los recintos del Poblenou y Montjuïc a la luz de la luna. Nosotros os proponemos once visiones subjetivas para adentrarnos en un viaje guiado por el designio de la muerte. ¡Confesaos por el camino!

Visiones eternas de Hans Christian Andersen

Cementerio del Poblenou

Una ciudad amurallada habitada solo por muertos y con los guardianes que se alojaban en la portería como únicos seres vivos. Así describió el cementerio del Poblenou Hans Christian Andersen, el autor de cuentos tan conocidos como 'La sirenita' y 'El patito feo', que en septiembre de 1862 pasó unos días en Barcelona y dejó para la posteridad la crónica de la época en el libro 'Viaje por España'. Fue al cementerio un domingo por la tarde, después de ver una corrida de toros en la plaza del Torín, ubicada en la vecina Barceloneta. Recorrió los solitarios caminos flanqueados por filas de nichos dispuestos en pisos, donde yacía una familia al lado de otra como mudos y silenciosos vecinos.

Al salir en busca de vida, le saludó el silbido de un tren que pasaba muy cerca y, más allá, el mar se abrió ante él llevando a tierra unos pescadores con redes llenas de peces. Según explica, hizo una fotografía que vé a saber dónde anda. Pero a menudo, mil palabras valen mucho más que una imagen.

Los santitos de la ciudad

Cementerios del Poblenou y de Sant Andreu

Si necesitáis un milagro, podéis probar suerte pidiendo la ayuda de los santitos que reposan en los cementerios de la ciudad. Son dos. El más conocido es el Santet del Poblenou, Francesc Canals, un chico que trabajaba en los almacenes El Siglo de la Rambla y ya era popular entre sus compañeros por sus sueños premonitorios. Murió a los 22 años en 1899, y son muchos los que afirman que sigue haciendo milagros desde la tumba y lo rodean de exvotos, flores, estampitas y, sobre todo, mensajes escritos.

Si
queréis obtener su favor, hay un ritual: tenéis que escribir un deseo, introducir el papel por la ranura del cristal que protege el nicho, rezar una oración y marcharos de allí por la derecha y sin mirar atrás. Si no se cumple, probad suerte en el cementerio de Sant Andreu. Allí otro santito, Francesc Pla, muerto en 1918 con 25 años, también hace de las suyas. Se le conoce como el cura Francesc, porque era seminarista, aunque no pudo llegar nunca a ordenar sacerdocio porque las autoridades eclesiásticas se lo denegaron. El motivo era que su madre practicaba el espiritismo, un ritual considerado maléfico por los católicos. Y la voz popular explica que eso lo hizo morir de pena.

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Repatriados, judíos, futbolistas y cómicos

Cementerio de les Corts

En el cementerio modernista de les Corts, inaugurado en el siglo XIX, cuando el actual distrito era todavía un municipio independiente de Barcelona, confluyen entierros de diversas comunidades. En la zona central acoge el panteón donde reposan 734 soldados, muertos en Cuba y Filipinas en 1898 y repatriados. Tiene uno de los recintos
hebreos más importantes de Barcelona, iniciado en 1935, donde los difuntos se entierran en el suelo según la tradición judía y donde vale la pena contemplar las inscripciones de las tumbas.

También es el cementerio donde descansan más jugadores históricos del Barça, más de una docena, entre ellos
Kubala, Manchón, Alcántara, Samitier y el portero Urruticoechea, que siguen disfrutando de la proximidad del Camp Nou. Y además reposan para la eternidad Cassen y Joan Capri, que, precisamente, hizo un divertido monólogo titulado 'El enterrador', visible on-line, donde animaba a todo el mundo a ir al cementerio en vida.

Gitanos y burgueses

Cementerio de Montjuïc

Desde que se inauguró en 1883, el cementerio de Montjuïc ha sido el lugar escogido por gran parte de los barceloneses para descansar en la vida eterna. La diversidad de gente enterrada y de tipologías de entierro es sorprendente, y un reflejo de la ciudad. Hay filas de nichos y tumbas sencillas, entierros en la tierra y espacio para las cenizas. Y también arcos-cuevas, panteones y un montón de torres funerarias monumentales, de estilo neogótico, neoclásico, barroco y modernista, donde descansan familias burguesas con nombres conocidos, como los Ametller, los Batlló y los Elizalde, entre otros vecinos con casa en el Eixample.

La comunidad gitana, una de las que más tributo rinde a sus difuntos, también hizo de éste su lugar de reposo. Reconoceréis sus tumbas porque siempre están llenas de flores y, si vais al cementerio el día de Todos los Santos, podréis vivir de cerca la importancia con la que celebran la fiesta de los muertos.

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Tumbas de literatos y espíritus creativos

Cementerio de Montjuïc

En el cementerio de Montjuïc descansan ilustres artistas de diversas disciplinas que permiten dar un paseo por más de un siglo de historia de cultura catalana.

Los literatos que quieran encontrar inspiración pueden buscar los espíritus de poetas como Cinto Verdaguer, Josep Carner, Joan Vinyoli, Salvat-Papasseit, José Agustín GoytisoloyJosep Maria de Sagarra, que escribió un poema dedicado, precisamente, a este cementerio. Los amantes de las historias escenificadas encontrarán la compañía de dramaturgos como Frederic Soler,conocido como Pitarra, Àngel Guimerà, Santiago Rusiñol (su panteón, en la foto) yAdrià Gual.
Qui
en prefiera voces narrativas puede escuchar las que han escrito el siglo XX en Barcelona, como las de Carles Soldevila, Manuel de Pedrolo, Montserrat RoigyMercedes Salisachs. Entre los músicos, el gran Isaac Albéniz descansa en una sepultura, y lo hacen en tumbas menores Lluís Millet, Frederic Mompou, Eduard Toldrà, Amadeu Vives, la cantantey cupletista Raquel Mellery, en un nicho, la soprano Victòria dels Àngels.

El arquitectoEnric Sagnier, los pintores Ramon Casas, Isidre NonellyJoan Miró, y también el destacado crítico de arte Cirici Pellicer, son otros de los artistas más inspiradores enterrados allí.

Escenario de cine

Cementerio de Montjuïc

El director de cine Pedro Almodóvar,
impresionado por la belleza de un recinto funerario lleno de panteones y abierto al mar, escogió el cementerio de Montjuïc como escenario para rodar algunas de las escenas de 'Todo sobre mi madre'.

Mostran
do la panorámica de los depósitos del puerto y del litoral que se contempla desde el cementerio, la película se adentra entre las tumbas para asistir al entierro de Rosa, el personaje interpretado por Penélope Cruz.
La impresionant
e escalinata de piedra, que zigzaguea la montaña por una pared llena de nichos, es el lugar donde Manuela, papel protagonizado porCecilia Roth, se reencuentra con Lola, el personaje que encarna Toni Cantó, vestida de luto.

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Colección de carrozas fúnebres

Cementerio de Montjuïc

La construcció
n de cementerios fuera de la ciudad en el siglo XIX comportó cambios en los ritos funerarios. Lo más impactante se dio en 1835, cuando el alcalde prohibió el traslado de difuntos a pie e impuso la obligación de utilizar carruajes. Los barceloneses no acogieron demasiado bien la noticia, aún así, la necesidad era evidente. La industria del coche funerario se extendió rápidamente y los vehículos fueron incorporando avances técnicos y se adaptaron a nuevos estilos y modas.

La Colecció
n de Carrozas Fúnebres que se exhibe en el Cementerio de Montjuïc conserva coches de lujo, carrozas ligeras, la popular Araña, el coche usual de los difuntos de las clases menestral y obrera, la carroza Angélica, destinada a entierros infantiles, una magnífica carroza Gótica, denominada así por su ornamentación, una Gran Doumont, de estilo barroco y realizada en madera, y la denominada Estufa, com la que se trasladó el féretro de Santiago Rusiñol en procesión por la Rambla. Además, hay coches de respeto, también llamados ‘coches de la viuda', y otros vehículos destinados a los acompañantes. Y un magnífico fondo fotográfico documental.

Almas de la revolución industrial

Cementerio del Poblenou

Gracias a los epitafios, en el cementerio del Poblenou, inaugurado en 1819, se puede hacer un recorrido por el espíritu más innovador del siglo XIX. Entre las tumbas más antiguas, del mismo año de la inauguración, está la de Gabriel Bonaplata, fabricante de indianas, y la de Esteva Guilla, propietario de una compañía de comercio, ambos precursores de la revolución industrial en la ciudad. Precisamente, los Bonaplata fueron una de las familias que apostó por la introducción de la máquina de vapor y que contribuyeron a hacer de nuestra ciudad la Manchester catalana.

Las nuevas fortunas que comportó este cambio y los indianos que volvieron enriquecidos de tierras americanas llenaron el cementerio de panteones neogóticos y neoclásicos, en un nuevo recinto, mostrando la opulencia de las familias de la nueva burguesía de finales de siglo. Y allí también se encuentran insignes padres de la Renaixença cultural catalana, como Valentí Almirall, político y director del 'Diari Català', el primer diario escrito en lengua catalana, y Josep Anselm Clavé, músico, poeta y político que creó La Fraternitat, la primera sociedad coral obrera del Estado.

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Un cementerio poético

Cementerio de Sarrià

El escritor Carlos Ruiz Zafón lo avisa en su novela 'Marina': el cementerio de Sarrià es uno de los rincones más escondidos y difíciles de encontrar de Barcelona. Vale la pena perderse en el intento y no decaer en el viaje, porque también es uno de los rincones más poéticos de la ciudad.

Situa
do por encima de la Via Augusta, rodeado de modernos edificios y protegido por los árboles de las zonas ajardinadas, este pequeño y sencillo cementerio, con solo algunas sepulturas monumentales, permanece como un recuerdo del siglo XIX, cuando fue construido en unos terrenos que entonces estaban a las afueras del pueblo de Sarrià. Además, entre los difuntos que gozan del silencio sepulcral están ilustres poetas oriundos, como Carles Riba, Caterina Arderiu y J.V. Foix (en la foto).

El Beso de la Muerte

Cementerio del Poblenou

Un esquelet
o alado se inclina delicadamente sobre un joven caído li he da un sensual beso en la frente, justo en el momento en el que el alma del hombre se desvanece. La escultura conocida como El beso de la muerte es todo un símbolo entre los amantes de la estética gótica, sirve para ilustrar poemas y un montón de escritos 'on-line' y se ha hecho tan famosa que incluso hay quien se la ha tatuado.

Si
queréis verla de cerca, la encontraréis, por siempre jamás, en el Departamento III del cementerio del Poblenou, el espacio que había sido fosa común hasta que en 1920 se empezaron a construir panteones y tumbas menores. El conjunto, realizado en mármol en el año 1930, lo ideó el escultor Jaume Barba inspirándose en unos versos de Cinto Verdaguer:

“Mes son cor jovenívol no pot més;
en ses venes la sanch s’atura y glaça
y l’esma perduda amb la fe s’abraça
sentint-se caure de la mort al bes.”

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Del Via Crucis a las torres

Cementerio de Sant Gervasi

Si Sarrià
tiene un cementerio escondido, Sant Gervasi también. Se inauguró en 1853 y recorrerlo es un descubrimiento. La gran escalinata modernista que lo cruza por el centro ofrece un mosaico con las 14 estaciones del Via Crucis. A lado y lado, la arquitectura funeraria se despliega con esplendor en panteones que parecen torres y tumbas monumentales, mostrando la opulencia de las familias burguesas y aristócratas enterradas. Los Bertran, incluso, le encargaron su tumba al escultor Frederic Marès, que proyectó dos brazos que abrazan la sepultura y que funcionan como banco para las visitas.

Entre
los ilustres enterrados está el arquitecto Lluís Domènech i Montaner, en un sencillo nicho. También Joan Maragall, a la sombra de un almendro, en un panteón con forma de banco cuadriculado y abierto por delante, donde cada segundo domingo de febrero se hace en honor del poeta la llamada Fiesta del Almendro en Flor.

Val
e la pena acabar de subir las escaleras: desde arriba, las vistas sobre Barcelona son impresionantes, rodeados de montaña y con el mar como horizonte.

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