1. Un punto de encuentro: La Violeta de Gràcia


Para empezar la ruta no hay mejor punto de partida que un lugar que condense, desde el primer momento, la esencia de Gràcia. Y ese lugar es La Violeta de Gràcia. Ubicada en un edificio histórico del siglo XIX, esta antigua sociedad recreativa se ha convertido en un centro de cultura popular donde siempre hay movimiento: teatro, conciertos, talleres, charlas y, sobre todo, vida vecinal. Aquí se reúnen colles de gigantes, castellers o diablos, pero también gente del barrio que pasa a tomar un café o a participar en alguna actividad. Es un espacio que mantiene viva esa Gràcia auténtica, participativa y un poco rebelde, donde todo el mundo se conoce y siempre pasa algo.
Y llegar hasta allí con la Yamaha XMAX 300 forma parte del plan. Moverse por las calles estrechas y llenas de vida de Gràcia con una moto ágil y con estilo es casi imprescindible: te permite saltar de un rincón a otro sin complicaciones y aparcar sin perder tiempo, incluso en zonas donde el coche lo tendría difícil. Además, su diseño moderno encaja perfectamente con ese contraste tan graciense entre tradición y contemporaneidad.








