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Escultura Montjuïc

Homenaje esculpido

Vázquez Montalbán nos guía por una ruta por el arte que pasa desapercibido

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El itinerario arranca en las páginas de 'Barcelones', la glosa a la ciudad donde Manuel Vázquez Montalbán instaba al lector a recorrer Barcelona a partir de la estatuaria. "Es historia de la historia e historia del gusto", decía. Obedeced, bajad del funicular de Montjuïc y avanzad por la avenida Miramar hasta la plaza de Dante. Allí detectaréis la presencia de una figura femenina desnuda y hermosa, la alegoría de la belleza de Josep Llimona. Regalaos cinco minutos de erotismo antes de dar la vuelta y seguir paseando hasta el Estadi Olímpic. Vázquez Montalbán instaba a comprobar qué había pasado con los atletas fornidos de los hermanos Miquel y Llucià Oslé que decoraban el Estadio antes de los Juegos Olímpicos. Ahora lo coronan las cuadrigas y los jinetes de Pau Gargallo (una de las obras de los Oslé está en el almacén municipal y la otra en el Museu Olímpic). Seguid bajando por la montaña, por el serpenteante paseo de la Santa Madrona,  hasta los jardines que rodean el Museu d'Arqueologia. La impúdica 'Marinada dansarina' del modernista Antoni Alsina Amills os espera aireando el mantón.

Avanzad decididos por Blasco de Garay, Poble-sec abajo y en dirección al Raval. En la confluencia de caminos y antigua puerta de entrada a la ciudad está la plaza del Padró. Aquí podréis admirar la Santa Eulàlia de Frederic Marés y recuperar alguna de las crónicas del barrio Chino de Vázquez Montalbán. Subid hacia el norte, Joaquín Costa y Tallers, siguiendo el consejo del periodista, para contemplar otra escultura de la lista de imperdibles. La Font del Trinxa, de Josep Campeny, en Pelai con Ronda Universitat, es la más antigua y pilla. Lástima que la eclipse un contador...

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