Lo mejor de Hospitalet de Llobregat

La segunda ciudad de Cataluña ya no es solo una ciudad dormitorio: ¡descubre sus tesoros!
l'hospitalet
©Maria Dias
Por Albert Balanzà |
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Cuando Jaume Prims nació, Hospitalet no superaba los cinco mil habitantes, y cuando murió rozaba los 300.000. Entre 1900 y 1970 el vaquero de la calle Mayor simpatizó con las izquierdas (leía L'Òpinió y Justícia Social) y pagó impuestos estatales y locales a disgusto. Prims no conoció nunca las dimensiones que había ido tomando la ciudad, que todavía en los 60 se dividía entre dos núcleos principales (Santa Eulàlia, que miraba hacia Barcelona, y Hospitalet, que tenía Sant Josep como barriada), y que solo tenía población dispersa en la Marina y en el Samontà. Aquel Hospitalet crearía de golpe, entre finales de los 60 y principios de los 70, Bellvitge y Can Serra, primero, y Pubilla Casas y la Florida, después.

A aquel Hospitalet lo trincharían vías de tren, túneles subterráneos y autovías, y perdería la mitad del territorio original por la construcción de la Zona Franca, el alargamiento de la Diagonal y el cambio de frontera del Llobregat. Sumaría doce barrios que casi no se conocerían entre ellos. Pero rebrotaría. El Hospitalet de 2014 no tiene un denominador social común, sus ciudadanos no son solo de aquí o solo de allí. Como siempre: el año 1553 los forasteros ya eran dos tercios de la población. En Hospitalet, quien ha llegado, ha entrado por la puerta sin preguntar, y quien se ha instalado, ha tenido que ponerse al frente de la manifestación para pedir incluso una farmacia. Quizá por eso la segunda ciudad e Cataluña solo tiene 100 metros de núcleo histórico, la entrañable calle del Xipreret. Pero también ahora tiene una plaza de Europa y un distrito económico que genera 18.000 puestos de trabajo, unos barrios dinámicos que ya no son grises sino multicolor y unos ciudadanos, hasta 254.056, que viven en una ciudad que ya tiene una oferta propia. Y no, a Hospitalet ya no se va solo a dormir: los datos del Idescat de 2011 revelan que ya hay una relación de 40%-60% entre no residentes que trabajan en la ciudad y residentes que van a trabajar fuera.

¿Cómo se ha llegado hasta este orgullo hospitalense? Contra pronóstico. Los pequeños movimientos que en los 90 se generaron en el llamado Espai de Debat crearon un símbolo -las iniciales de la ciudad en un círculo dibujado- que el Ayuntamiento adaptaría en unos adhesivos negro sobre blanco, como si Hospitalet fuera un estado. Había nacido el nacionalismo hospitalense. Si la Fira quería ampliar sus instalaciones en el antiguo Polígono Pedrosa, los indicadores debían prever el añadido territorial. Si la Gran Via se urbanizaba a su paso por Hospitalet, no por casualidad se clavaban unas iniciales gigantes en el paso semisubterráneo.

Pero la cicatriz todavía es grande. En una ciudad enorme, sin medios de comunicación propios, con vías de tren que dividen los barrios y ciudadanos que cada día llegan expulsados de Barcelona o que son desahuciados, en cualquier esquina hay una trinchera. Pero Hospitalet se reivindica. Unos lo llaman 'el nuevo Brooklyn de Cataluña', con espacios de creación en las viejas fábricas, con nuevos espacios culturales y centros cívicos, con infinitos bares catalanes, castellanos, gallegos, latinos o chinos. Hospitalet tiene vida, no es de nadie, y es de todos.

 

plaça de l'europa

Plaza de Europa-Distrito Económico

La Gran Vía, para Barcelona, no ha tenido número 0. Para Hospitalet, tampoco: era un amasijo de desagües y muros donde se intuían las casetas de los basureros y las hípicas de Can Pi, la escuela Xaloc (del Opus), la Mecalux y los bloques fantasma del Polígono Gran Vía Sur. Los vecinos sudaron para tener un CAP. Desde 2002 ha emergido una nueva ciudad, con el rascacielos de Toyo Ito, centros comerciales y empresas (el último fichaje: Nissan, que ha dejado las torres de la plaza de Cerdà).

ciutat de la justicia

Ciudad de la Justicia, Cosme-Toda y Can Rigalt

No han cosido nada ni destruido. Son no-lugares. Los vecinos del Gran Vía Center hacen la misma vida, con más tráfico y bares, y la avenida del Ferrocarril por la tarde es un desierto. El tren destripó barrios con trasnochados pasos a nivel y va por debajo, pero las casas miran de lado. Ya no se hace cerámica en Cosme-Toda, en Sant Josep: donde estaba el campo de fútbol hay pisos, pero la fábrica es un bloque tapiado, y la antigua disco Vaya Vaya es escombros. De Can Rigalt, en Collblanc, mejor ni hablar.

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L'acollidora
©Maria Dias

La ruta del colesterol

La Rambla tiene un uso 'medicinal': los médicos recomiendan el recorrido a pacientes con alto índice de colesterol. Desde la Marina hasta Just Oliveras. Veréis los bloques de Bellvitge, que cumplen 50 años (como la SEAT, donde trabajaban muchos de los vecinos); pasaréis por las naves de la carretera del Mig (donde la nueva inmigración latina baila en el Agapito) y de la avenida del Carrilet (donde los modernos van al Salamandra). En el centro os recibirá la estatua de la Acollidora, con su especie de 'trompeta' extraña en la cabeza.

veïns l'hospitalet

Las entidades de las pequeñas revoluciones

¿Cómo dinamizar a 250.000 habitantes? Lo hace la Federación de Asociaciones de Vecinos de L'Hospitalet, del incombustible Manuel Piñar, atendiendo a desahuciados y repartiendo alimentos. También el Centro de Estudios de L'Hospitalet, depositario de la memoria histórica; la Fundación Akwaba, por la cooperación interna que hace en la Torrassa; la cofradía laica 15 + 1, como aglutinadora de las entidades andaluzas... Todo vale para motivar, incluso lemas como el de Waslala: La Florida, puto barrio de mierda.

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Palauet can buxeres

El modernismo de la gente normal

La batalla del patrimonio artístico se ha dirimido entre neoclásicos y modernistas. Los primeros tienen el Ayuntamiento, el palacete de Can Buxeres o los caserones de Pubilla Casas o de Can Rigalt; los segundos han representado la voluntad artística de una clase media en el eje de la calle Mayor-Rambla utilizando materiales más baratos, menos dimensión o sólo elementos del arte déco catalán. La Botiga Nova, el Estanc de Cal Testos y las Casas Baratas son un ejemplo.

parc de la marquesa

El instituto de los famosos

Una de apodos: Cal Neguit (parada de legumbres del mercado de Santa Eulàlia) o personajes históricos como la burguesa Eugènia Casanovas, alias la Marquesa, a la que Collblanc le dedicó un parque. Los institutos han tenido nombres populares: El Piojo Verde (el IES Llobregat) de Sant Josep o el Copem (el IES Santa Eulàlia). En este último, primero instituto de la ciudad, estudiaron Paula Vázquez, Juan Alberto Belloch, Joan Tardà y Manuel Campo Vidal.

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tecla sala

Las fábricas

En 1982 La Farga cerró y acoge mítines, ferias sectoriales o (ya no) el Festival Erótico. También renacen espacios como La Bòbila, en Pubilla Cases, exfàbrica de ladrillos, donde han ensayado Miguel Poveda y Los Vivancos; la Tecla Sala, en la Torrassa, ha cambiado hilados por la biblioteca central y la escuela de artes plásticas TPK; el edificio Freixas, en Santa Eulàlia, entre okupas, ha sustituido la Phillips por los artistas, y muy cerca, el edificio Vanguard ya tampoco hace telas y acoge el Canal 25TV.

Mercat de los pajaritos

¿El mercado de Los Pajaritos sin pajaritos?

La alternativa al mercado de Sant Antoni siempre ha sido Los Pajaritos, el punto de encuentro de las mañanas de domingo en la Florida, en el Torrent Gornal, donde comprar y cambiar de todo, sobre todo jilgueros, periquitos... Hace dos años, después de la denuncia de la ONG Libera!, el Ayuntamiento decidió prohibir la venta de los pájaros. Los Pajaritos, con liftings arquitectónicos, acento boliviano y rebautizo catalanizado, ha evolucionado, pero sigue fiel a las tradiciones.

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Pedro Alvarez

Pedro, asesinado por un policía

Cada 15 de diciembre desde hace 22 años, Juanjo y Carmen ponen flores en la avenida de Cataluña, en la Florida, en el lugar donde un 15 de diciembre de 1992 su hijo discutió con el conductor de un Opel Vectra blanco. El coche frenó, se bajó el conductor y sacó una pistola. Pedro Álvarez, asesinado por un policía ha sido lema de paredes y adhesivos. Un detenido, José Manuel SF, agente adscrito a Seguridad Ciudadana, fue suspendido de empleo y sueldo tres meses.

Cine victoria

La tumba de Balañá

En la Rambla, los pisos donde estaba el cine se venden a 242.000 euros más IVA. No hay cines de barrio en una ciudad que ha llegado a tener 25. Los Victòria, en Santa Eulàlia, cerraron en 1987 y son unas galerías comerciales y pisos. El Stadium, en Sant Josep, cerró en 1984, fue sala de fiestas y ahora es un macrosúper y un gimnasio. Uno de los grandes promotores, Balañá, tiene la tumba familiar en el cementerio de Sants, en Collblanc, en terrenos de Hospitalet.

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la vakeria

Las vaquerías y el peluquero anti SGAE de la calle Major

Cal Flotats o Cal Prims fueron las últimas vaquerías, en la calle Mayor, ya cerradas cuando se completó la legislación que prohibía el ganado en núcleos urbanos de más de 10.000 habitantes. Cal Prims, en el número 57, junto a la plaza de la Constitució, fue luego el Centro Social Okupado La Vakeria. En el número 70 está la peluquería Evans de Esteve Criado, el primer establecimiento que en 2009 fue perseguido por el afán recaudatorio de la SGAE.

Quico sabaté

La calle del Xipreret, la calle de Quico Sabaté

Sólo cien metros de centro histórico. El Xipreret es una rareza flanqueada por la Talaia y el Ateneo hasta Casa Espanya, sede del Museo de L'Hospitalet. La calle estrecha y empedrada, con rincones y huertos, esconde un medio secreto: nació el más famoso de los maquis catalanes, Quico Sabaté. En el número 55. Lo explicó Pilar Eyre en un libro: el entorno de infancia de Quico, con su padre vigilante municipal y él escondiendo armas en casa. El Ayuntamiento le dedicó una ruta.

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Ermita de bellvitge

Las dos ermitas

En las iglesias del Hospi, se hace de todo... desde el siglo XIII, empezando por las ermitas de Bellvitge y Santa Eulàlia de Provençana: en pleno franquismo la una acogía encuentros sardanistas en medio de los campos y la otra, reuniones de las juventudes comunistas. En la iglesia de Santa Eulàlia, adosada a la ermita, en los años 80, se rodó 'Los bingueros' de Esteso y Pajares. La inmigración latina católica va a Sant Enric d'Ossó (Can Vidalet) y la evangelista, a la calle Rodés (Sant Josep).

El camí de la fonteta

El camino de la Fonteta

"Nos quedamos en el parque". Así responden los tres últimos vecinos que no se irán del camino de la Fonteta, una hilera de casitas del parque de Can Buxeres. No quieren ser trasladados a los pisos del antiguo cuartel de la Remunta. Los arquitectos y técnicos de las constructoras toman nota de los números 10, 11 y 20 para rodearlos con huertos urbanos. La mayoría de vecinos ya se han ido, ocho más lo harán en Navidad y los tres negocios de construcción y de mecánica, también.

Ruta al L'H auténtico de antes de los juegos

Deportivo
© Maria Dias

Un sábado por la mañana, si hace sol, no hay nada como empezar el día almorzando en la terraza del Casino (Prat de la Riba, 337) y mirar las fotos históricas del interior. Tomando la literalidad de la ruta del colesterol, hay que bajar a La Flama (Rbla. de Marina 250), casa castellana, y volver a remontar hasta el Deportivo, para provar las croquetas y las bravas (Rambla 63), y dejar algo de hambre para comer en La Bodegueta (Lleida, 32). Pero últimamente, para comer en el centro de Hospitalet hay más sitios competentes: el Mug (Roselles, 14) ha aterrizado con buen pie.

Por la tarde, la cosa se descentraliza. Ir hasta Pubilla Cases, a los bares de la calle de Luarca, obliga a detenerse en el Córdoba (Luarca 10). Ir a la Torrassa es la excusa para parar en el gallego O Vall d'Ouro 6 (Av. de Catalunya 1). Ir a Sant Josep hace años era peregrinar al Bar Castilla (Muntanya 5), donde se hacían las mejores bravas del mundo, pero cerró, y tampoco existe en Santa Eulàlia el Deportes (Av. de Carrilet, 81), que popularizó José Corbacho. Hay que compensar con el Serra (Santa Eulàlia 100), el bar que a base de hamburguesa completa consiguió tumbar la competencia feroz de McDonald's, Pan's & Company y Bocatta.
Por la noche, pasamos a Collblanc, donde hay dos alternativas para cenar: una más tradicional, Cal Siscu (Martí Julià, 82), donde a menudo nos encontramos con el hotelero Jordi Clos, o el Cóm (Progrés 9). Para que todo baje, hay que estar a medianoche en el Tirsa (Rafael Campalans, 174), la coctelería que a finales de 2014 bajará la persiana por culpa de la Llei d'Arrendaments Urbans. Pero la noche no se acaba: cogemos el metro y volvemos al centro. Nos espera el Oncle Jack (Roselles, 32), donde seguro que Dani Flaco hace de gran anfitrión, y acabamos sí o sí la noche en la Salamadra 1 y 2 (Av. Carrilet, 235 y 302); tan tarde no habrá concierto -y hacen 100 al año, con el Let's Festival o los conciertos sorpresa de Manu Chao-, pero es igual.

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