Supermujeres con nombre de calle


El nomenclátor de todas las ciudades es un claro reflejo del desequilibrio de género de nuestra sociedad. En Barcelona, solo un 8,3% aproximadamente de las calles tienen nombre de mujer, y eso que en los últimos años se ha hecho una clara apuesta por incorporar nombres nuevos. Antiguamente, si una calle tenía nombre de mujer, probablemente era el de una reina o una santa y, con suerte, el de alguna pionera en esto de la lucha feminista, como Federica Montseny, la primera mujer que llegó a ser ministra en España en el año 1936, o Maria Aurèlia Capmany, que además de ser una escritora polifacética fue activista política, ocupó la concejalía de cultura en el Ayuntamiento de Barcelona durante la transición y formó parte de la Diputación.
Hoy en día, esta lista se completa con incorporaciones de mujeres que han vivido a la sombra. Como Gerda Taro, la fotógrafa que retrató la Guerra Civil con unas fotos que firmaba su pareja Robert Capa. O Emilia Llorca, dirigente vecinal de la Barceloneta, además de presidenta de la comisión de fiestas de la calle de los Pescadors, a quien ahora sus vecinos pueden recordar cada vez que pisan su calle y explicar a las generaciones futuras quién fue. Esperamos que esta línea de cambios en el nomenclátor de todas las ciudades vaya en aumento y algún día alcance el equilibrio.






