Un paseo por los restos romanos de Barcelona

Del mar a la montaña, Barcelona es una ciudad perfecta para recorrerla caminando
Temple d'August
Temple d'August
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La mayoría de las calles más conocidas de Barcelona, la calle Hospital o incluso el Paseo de Gràcia, yacen sobre calles romanas. La mejor manera de entender lo que fue la ciudad romana es recorrer la zona de sus murallas. Por el camino aparecerán todo tipo de vestigios romanos. Un buen lugar para empezar el paseo es en la calle Paradís, entre la Catedral y la plaza de Sant Jaume. Allí veréis gravada en el suelo una rueda de molino que indica (según se cuenta) el centro exacto del Mons Taber. Es aquí donde se encuentra el Temple Romà d’August.

Donde termina la calle Paradís y se abre la plaza de Sant Jaume es donde se cruzaban las dos calles principales de Barcino. La calle de la izquierda, Llibreteria, fue en sus orígenes la Cardus Maximus, calle principal que llevaba a Roma. Justo al final encontramos la Plaça del Rei y el Museu d’Història de Barcelona, que alberga la excavación subterránea de yacimientos romanos más grande de Europa.

De vuelta a la calle Llibreteria, giramos a la izquierda en la calle Tapineria para llegar a la plaza Ramon Berenguer el Gran y descubrir el tramo de muralla antigua más grande que sigue en pie, y que está adosado al Palau Reial. Dando la vuelta por la calle Capellans hacia la calle Duran i Bas, se observan cuatro arcos del acueducto. Girando a la izquierda y en dirección al Portal de l’Àngel, llegamos a la plaza Vila de Madrid donde está la necrópolis romana, con las tumbas visibles.

De vuelta a la catedral, giramos a la derecha en la calle de la Palla, y un poco más adelante encontramos un fragmento considerablemente grande de muralla que fue descubierto en los años 80. En el número 4 de la calle de Banys Nous encontramos La Granja, una preciosa cafetería que alberga un fragmento de muralla romana en la parte posterior. 

Desde la calle Milans, giramos a la izquierda en la calle Gignàs y en el cruce con la calle Regomir encontramos restos de la cuarta puerta del Mar, que daba a la playa y al astillero romano. Subimos por la calle Regomir para visitar una de las reliquias más importantes de Barcino, el Pati Llimona. Este centro cívico está construido sobre restos de unas termas portuarias que datan del siglo I. Después seguimos por la calle Correu Vell para encontrar más fragmentos de la antigua muralla y es en la plaza Traginers donde veremos otra muestra del pasado de la ciudad, una torre romana y un borde de la antigua muralla, en un perfecto estado de conservación.

Finalmente, antes de llegar a la Plaça de l’Àngel y terminar con nuestro paseo, giramos en la calle del Sots-Tinent Navarro, que goza también de un inmenso tramo de murallas romano.


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