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Cala S'Alguer
Foto: Diego Espada. 2019. Arxiu Imatges PTCBGCala S'Alguer

Del mar a la montaña: cuatro rutas enogastronómicas en la Costa Brava y el Pirineo de Girona

Vinos excelentes, arroces impresionantes, cocina de mar y de volcanes... Girona es un paraíso gastronómico que funciona todo el año sin interrupción. Os invitamos a descubrirlo con una ruta en cuatro fases

Time Out en colaboración con Patronat de Turisme de la Costa Brava Girona
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La característica que más ha sorprendido y gustado históricamente a los visitantes de la Costa Brava es que la belleza salvaje del mar y de sus costas es solo el aperitivo de una expansión geográfica fascinante que tiene pocos puntos comparables en el mundo. Porque solo un poco más allá de la playa, está la montaña alta del Pirineo. Uno puede estar probando el pescado más fresco y, en pocos minutos, encontrarse en medio de un bosque lleno de vida donde se acaba la llanura y subir a 3.000 metros de altura. Toda esta riqueza natural es la que ha hecho de la Costa Brava y el Pirineo de Girona un lugar privilegiado que, entre otros factores, beneficia la gastronomía. Y aunque generalmente se relaciona la zona con el turismo estacional -la Costa Brava en verano, el Pirineo en otoño e invierno-, la realidad es que la riqueza natural no descansa, siempre está radiante, y hay placeres para disfrutar durante todo el año.
Costa Brava Pirineu de Girona es una zona natural donde se puede vivir el doble. ¿Por qué tenemos que elegir entre mar y montaña, cuando podemos tener las dos cosas? ¿Por qué separar la cocina inspirada en el pescado y el arroz de la que se practica en las regiones volcánicas del sotobosque? ¿Por qué conformarnos solo con un tipo de vino, cuando la variedad de la zona es inmensa? Y más aún: ¿por qué elegir solo un paisaje, y un tipo de actividad de ocio -relajarse, hacer deporte, etcétera- cuando lo tenemos todo a la mano? Ya se ha acabado el verano, pero todavía tenemos días libres. Aquí os proponemos cuatro rutas enogastronómicas que conducen por toda la Costa Brava y el Pirineo de Girona en un recorrido narrativamente compacto: de la línea de mar a la cima de la montaña.

El mar: cocina tradicional en los pueblos de la Costa Brava
Foto: Didier Laget. Arxius imatges PTCBG

1. El mar: cocina tradicional en los pueblos de la Costa Brava

La Costa Brava empieza en Blanes y, si queréis ser exhaustivos, necesitaréis muchas escapadas, porque los restaurantes que preparan platos marineros típicos, con un necesario toque actualizado, son muchos y hasta llegar a Cadaqués o Portbou hay que comer mucho. Pero si lo que queréis es tener pistas para empezar a elegir en una primera escapada, aquí tenemos unas cuantas. Los productos estrella, lógicamente, son el pescado y el marisco. Si hablamos de la gamba de Palamós como uno de los milagros de la naturaleza, será por algo. Y el producto del mar, como mejor sabe, es acompañado con buenos caldos y buenos arroces. De todo esto se puede encontrar en restaurantes como Els Pescadors, la Sala d'Isaac o el Compartir de Cadaqués: tienen como especialidad la langosta frita con huevos fritos, las gambas a la brasa o las sardinas marinadas. Platos humildes, de toda la vida, pero hechos con una nueva intención y con el buen gusto de siempre.

Como imaginamos que la escapada será de más de un día, también es importante elegir bien el hotel, y que este también tenga una propuesta gastronómica interesante. Encontraréis unos con bodega propia como el Cala Jóncols en Cap de Creus y otros con una selección de vinos igual de meditada como el hotel Sa Rascassa o el hotel Ses Negres. Estas pueden ser buenas bases de operaciones para extender la exploración por la costa -e incluso comer en un barco en La Gastronòmica, con el que navegaréis por la Costa Brava y haréis parada en una cala preciosa para degustar productos de la Llotja del pescado de Palamós y vinos del Empordà-, o visitar villas marineras como Roses o Palamós y aprovechar para presenciar una subasta de pescado o nudrirse del ambiente de los puertos, o probar vinos típicamente ampurdaneses, los de Mar d'Amunt, a bodegas como Hugas de Batlle o Somni d'Istiu, de entornos ideales para montar un buen plan de enoturismo. Con estas recomendaciones no es que vayamos a vivir el doble, sino el triple.

La plana del Empordà: vinos, aceites y arroz
Foto: Dani Salvà. Arxiu Imatges PTCBG

2. La plana del Empordà: vinos, aceites y arroz

El suelo de la plana empordanesa es tan rico, que incluso permite producir sidra, gracias a la calidad de la manzana de Girona. Mooma es la primera sidrería de Catalunya, el ejemplo claro de que aquí todo es posible. Ahora bien, si lo que os motiva es hacer una ruta de vinos, solo alejándonos un poco de la costa y entrando en el interior del Empordà podremos visitar algunas de las bodegas de la Ruta del vino DO Empordà. Las bodegas actuales son herederos de una manera de trabajar que ha perfeccionado el sabor de los vinos. La tradición vinícola de la zona ha hecho crecer múltiples empresas de experiencias alrededor del vino del Empordà, como es el caso de Glops d'Història, que nos habla de los más de 2.500 años de antigüedad de la cultura del vino a la zona o del espacio enogastronómico de la sumiller Laura Mas Ramon en Sant Climent Sescebes, que propone una experiencia de maridaje de vinos, chocolates y aceites de oliva de la zona

Ahora bien, no podemos vivir exclusivamente de vinos. También hay que llenar el estómago, y en la plana el producto estrella es el arroz, que lo preparan de las maneras más imaginativas posibles a bodegas como Mas Oller y el Mas Geli de Pals y restaurantes como el Es Portal o Vicus. Todos ellos, obviamente, también tienen una espectacular carta de vinos. Y para movernos, nada mejor que hacer la ruta en bicicleta.

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La Garrotxa: sotobosque y cocina volcánica
Foto: Toni Vilches

3. La Garrotxa: sotobosque y cocina volcánica

Uno de los atractivos del Prepirineo de Girona es que aún permanece mucha actividad volcánica de eras pasadas, y eso nutre la tierra de cultivo con una serie de minerales que hacen que el producto local tenga un sabor y una calidad excepcionales. Esto significa que todo el producto agrícola y ganadero -porque las vacas y los cerdos que se alimentan de productos de la tierra volcánica también producen leche y embutido con cualidades superiores- tiene un sabor increíble, que combinado con la imaginación de la cocina de vanguardia que se practica en la zona, hace que la Garrotxa sea uno de los paraísos gastronómicos más queridos del país. Aquí podréis degustar desayunos sabrosos, selectos, o disfrutar de la mejor cocina volcánica en restaurantes como La Quinta Justa, el Hostal dels Ossos y el restaurante de Hotel Can Sastre. Todos tres de una cocina basada en la tradición gastronómica de la zona.

Si en la Costa Brava el atractivo turístico es el mar, aquí serían las rutas a pie y el contacto con la naturaleza verde. En alojamientos como Mas la Ferreria además de disfrutar de la paz de la Vall de Bianya y la buena gastronomía, también podréis hacer senderismo o contratar actividades como volar en globo y ver los volcanes a vista de pájaro, y, obviamente, cuando es temporada, también recoger setas.

El Ripollès y la Cerdanya: vinos y cocina de alta montaña
Foto: Anna Cuadrat.Arxiu Imatges del PTCBG

4. El Ripollès y la Cerdanya: vinos y cocina de alta montaña

El siguiente paso, lógicamente, es subir. Las cumbres del Pirineo están muy cerca, y la alta montaña también tiene su cocina especial. En las comarcas del Ripollès y la Cerdanya encontraremos atractivos durante todo el año -la montaña es mucho más que esquí-, como por ejemplo un restaurante con estrella Michelin como la Fonda Xesc, en el pueblo de Gombrèn. En esta zona hay muchos locales tradicionales que hacen cocina típica con productos de proximidad, como Can Pastoret, una masia situada en un entorno privilegiado donde aprenderéis sobre la pastura y degustaréis carne de montaña auténtica. En vuestra etapa final de este recorregut del mar a la montaña, llegados a la Cerdanya, podréis ir a descubrir y probar el vino de hielo y nieve en el WineCorner de Llivins. Y, si queréis rematar la ruta con una experiencia que llene la vista y el paladar, una propuesta irresistible es visitar uno de los locales más innovadores del Pirineo, el Niu de l'Àliga, un refugio con restaurante en La Molina con vistas impresionantes y platos delicados al que se puede acceder subiendo en telecabina.

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