Barcelona de por

Una Barcelona de miedo

Un paseo por rincones inquietantes de la ciudad que os pondrán los pelos de punta

Ricard Martín
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Hay una Barcelona oculta, terrorífica, de fantasmas, demonios y leyenda negra, que quiere salir a la luz. Hacemos un recorrido por esta parte de la ciudad que sale poco en las guías. Si tenéis miedo, cerrad los ojos...

¿Estáis preparados para un recorrido que os helará la sangre? Empezamos en el verdadero túnel del terror: ¡el de Vallvidrera! Utilizarlo en hora punta es una clavada de 4,19 €. Por este precio ya te podrían poner unos murciélagos, hombre. ¡Pero basta de bromas! Me pongo rumbo a Josep Torres, 22.

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Estoy delante de la Casa del Diablo. En el corazón de la Gràcia gitana –la parte más solitaria del barrio–, reina esta majestuosa mansión modernista. El observador atento verá que cada puerta y ventana, tapiadas, están custodiadas por una discreta pero malévola cabeza de demonio de piedra. ¡Seis en total! No es un capricho. El empresario Agustí Atzeries, el año 1892, estaba reformando su casa y a mitad de la obra se arruinó a causa de una maldición gitana. Tan entusiasmado estaba, que dijo que le vendería el alma al diablo para poderla acabar. ¡Y le tocó la lotería! No se lo pensó dos veces el rendirle homenaje a Satán. Hacia 2012, un cartel anunciaba que se construirían viviendas pero nunca más se supo nada. No sabemos si está poseída o no, pero está okupada: un cartel dice que “hace días que vivimos en este edificio que desde hace años está vacío y abandonado (…) No hemos hecho ningún pacto con el diablo ni hemos ganado la lotería. Pero somos jóvenes y queremos rehabilitar el edificio antes que el próximo especulador lo convierta en pisos de lujo”. No sabemos si triunfará el Mal o no, pero las cabezas de demonio no se marcharán: el edificio, de Pons i Trabal, es patrimonio catalogado. ¡A mí no me atraparán aquí cuando anochezca!

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Me acerco a la librería Cor Obscur (travessera de Gràcia, 245). No tengáis prisa. Tenéis todo el tiempo del mundo: su reloj gira al revés. Alexandra Galceran, madre de la única librería de Barcelona especializada en terror y romanticismo gótico, me explica son grandes fans del gore, pero que lo eviten deliberadamente, en favor de la recuperación del romanticismo más medieval y oscuro: “Queremos que la gente le pierda el miedo a lo oscuro, que descubran la ternura de la oscuridad”. Además de los clásicos populares obvios y no tanto (Poe, Stoker...), podéis encontrar libros de refinados decadentistas satánicos y esotéricos, como Huysmans o Heinz Ewers. Visitadla por la noche. A parte de libros, encontraréis objetos casi mágicos, que marcan el tiempo que te queda: “Nocturlabios, relojes de estrellas, objetos que te permiten vivir en la oscuridad”, dice Galceran. Y libros de bibliófilo, como preciosos martirologios o grabados de Dürer, que valen miles de euros. Algún satanista ilustre, como Ishan, del grupo Emperor, ha visitado la tienda.

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Y hablando de esto... ¿En Barcelona hay alguna iglesia satánica? El satanista más famoso de España, Gabriel López Rojas, nació en Barcelona en 1966, y en 2006, cinco años después de ir a juicio por amenazar de muerte a unos periodistas, pasó a denunciar las sectas organizadas. La secta que él dirigía, la Orden Illuminatti, tiene su sede en València, 387 (según la web de asociaciones del consistorio, guia.barcelona.cat). Rojas tiene un pasado como fan del comunismo más hardcore, que mezclaba con sus creencias mágicas en un cóctel doctrinal explosivo. Quien quiera hacer la relación entre rojos y el Diablo, que lo haga. Me cuelo en el presunto portal Illuminatti y repaso los buzones. No veo a los luciferinos, pero me llama la atención la Asociación Anael en el 1r 7a, centro espiritual donde dan clases de tarot y cábala. ¡Cacao ocultista en Verdaguer!

¿He dicho Verdaguer? El autor de Canigó hizo de exorcista en la Casa de la Oración, en el cuarto piso de Mirallers, 7. Después de una crisis espiritual, el cura fue seducido por la movida ocultista que había montado el padre Joaquim Pinyol, convencido que el demonio pudría la mente de los obreros con ideas anarquistas. Allí, el poeta nacional hizo más de un exorcismo. Si después de este paseo por el lado diabólico queréis protección, id a la tienda Santería Milagrosa (Urgell, 40). Pero me temo que pasear por su lúgubre galería de figuritas de santos sincréticos y vudú os acojonará más que cualquier otra cosa.

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