Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Barcelona icon-chevron-right Bananas, un club para volverse loco

Bananas, un club para volverse loco

Frívolo y sofisticado, este restaurante nocturno del Born redefine el kitsch en Barcelona

Bananas
©IvanGiménez Bananas
Por Laura Conde |
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Había una vez un restaurante que se llamaba Café Kafka y era una especie de reducto bohemio-intelectual del barrio del Born. Un día, el pequeño Kafka tuvo un hermano que, como suele pasar en casi todas las familias, resultó ser todo lo contrario a él. Y es que el clásico patrón hermano mayor responsable/ hermano pequeño travieso se reproduce también en el caso del sobrio y cosmopolita Kafka y el irreverente y delicioso recién llegado, el flamante Bananas. Pero los hermanos se entienden a la perfección y, cosas de familia, no solo están comunicados sino que además comparten cocina.

De hecho, y aquí citamos a Jodorowsky a pesar del mal que pueda hacer tenerlo tan cerca de Kafka, también los nombres marcan la personalidad de los hermanos: Kafka, qué os vamos a contar; Bananas, una auténtica locura siempre animada, un mundo laberíntico lleno de pasillos, uno de los pocos ejemplos que encontramos en Barcelona de aproximación estética en el universo kitsch desde el buen gusto, si es que esto es posible.

El nombre hace referencia a la expresión 'go bananas', muy común en Estados Unidos, que no es más que volverse loco (¿recordáis a Madonna cantando I'm going Bananas en la película Dick Tracy?). En el Bananas encontramos una carta que ellos mismos llaman de fusión mediterránea, en la que las especialidades tailandesas como el 'mee goreng' (fideos con pollo, gambas, huevo y verduras) comparten espacio con platos como las croquetas, los tartars, la carne de vaca vieja, las ensaladas o los tatakis.
Una carta que, como el interiorismo del local, mezcla estilos y conceptos con poca vergüenza y ningún miedo. Los postres siguen la misma filosofía, desde el arroz con leche de coco y mango hasta el cheesecake, y la carta de vinos, muy extensa, con más de 70 referencias, incide en los vinos estatales.

Después de cenar a la hora que sea (la cocina es ininterrumpida) llegan la música y los cócteles, y el sofisticado espacio se convierte en una especie de camarote de los hermanos Marx, donde una serie de mojitos multicolores (tienen de menta, fresa y mango) circulan por encima de nuestras cabezas, mezclados con daiquiris igualmente coloridos. Todo esto con ritmo de música latina bien seleccionada, en un sitio donde podréis bailar con garantía de no tener que escuchar los chillidos de Shakira.

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El hermano pequeño y kitsch del Café Kafka se llama Bananas, y es del todo opuesto: este restaurante-club irreverente, coloreado, divertido y con un punto de locura, es uno de los pocos ejemplos de aproximación estética al kitsch hecho con buen gusto a Barcelona. ¿Qué se come? Ellos mismos se denominan fusión mediterránea, en que las especialidades tailandesas como el mee goreng (fideos con pollo, gambas, huevo y verduras) comparten espacio con platos como las croquetas, los tártaros, la chuleta de de vaca vieja, las ensaladas o los tataki.

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