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El hermano más joven del Alba París es sencillo y elegante: cocina con raíces vascas con un predominio de la mejor carne roja y el pescado más fresco. No es barato, pero vale lo que cuesta. Y esconde una pequeña joya ambarina en su planta superior: una coctelería clásica que puede convertirse en vuestro refugio favorito si os gsta la priva de lujo y la tranquilidad. Se llama Bala Cocktail Bar y parece que lo haya decorado el padre de Don Draper. Mobiliario retro, sofás Chester, ladrillos y madera en el suelo, iluminación anaranjada, estantes con botellas, jazz acariciando el personal desde los altavoces a un volumen perfecto ... Sombreros y elásticos permitidos. Es como retroceder a la Nueva York de los 50.
En la barra, me encuentro a Eric Bertran. Descubrí su talento en El Cinco y compruebo que no ha perdido la muñeca: me pone en la mesa un Dry Martini impecable, aromático y con aceitunas; mil veces más refrescante que el agua, donde vas a parar. Porque el Bala invita a beber clásico y reposado. Los Chester se tragan los bebedores, la música fluye y tienen un balcón privilegiado donde se puede cenar, fumar y beber cócteles hasta que estalle el mundo. Cócteles como el remix del margarita que nos ofrece la 'bartender' italiana Giusj Araldini: una magnífica receta en honor a su abuelo, una copa ahumada, delicada y anaranjada, como las paredes de ámbar que nos engullen.
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