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La idea de la hamburguesería Barkada era la de hacer felices a los asiduos y ofrecer los bocados más sabrosos a la gente del barrio que lo acoge. Y así fue durante un tiempo, aunque acabaron haciéndose famosos. No es de extrañar, porque el producto siempre es de primera calidad: la carne hecha al punto (o al punto del comensal); salsas artesanales con sello propio —si vais, no dejéis pasar la secreta y única burger sauce—; y panes brioche que dan la mano a la carne, sin ser nunca demasiado ni demasiado poco.
La historia dio un giro inesperado cuando un vídeo se hizo viral y la compararon con una hamburguesería famosa de California. Clientes de todas partes venían a probarla y a ver esta recreación californiana en clave barcelonesa. Esto demuestra que no hay que correr para llegar lejos: si las cosas se hacen bien y poco a poco, siempre hay recompensas inesperadas. Y es que Barkada no tenía ninguna intención de convertirse en un referente internacional.
Una de las claves es que el propietario y cocinero tiene muchos años de experiencia preparando carne: ha trabajado durante catorce años en una brasería y también más de ocho años en una hamburguesería. Además, las raíces filipinas del equipo permiten verter la influencia estadounidense —por proximidad física— y la herencia asiática del país en sus creaciones, con twists de aquí y de allá, pero sin pasarse de la raya y manteniendo la esencia de la burger. ¿Ya se os hace la boca agua?
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