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Reseña
Inaugurado en 1929, Can Lluís nació con fuertes raíces familiares vinculadas a la cocina casera catalana y alicantina. A lo largo de su trayectoria se consolidó como un restaurante de trato cercano y honesto, con una propuesta centrada en guisos, arroces y platos tradicionales, siempre con especial cuidado por el pescado fresco y las recetas de toda la vida reinterpretadas con sensibilidad. Su clientela fue especialmente diversa: vecinos del barrio, artistas, intelectuales, personalidades internacionales e incluso premios Nobel, con Manuel Vázquez Montalbán como uno de sus grandes fieles.
Situado en la calle de la Cera del Raval, con Ferran Rodríguez en la sala y Júlia Ferrer en los fogones, el local mantuvo durante décadas el ambiente de fonda clásica, con un servicio cercano y eficiente. Su cocina, basada en menús diarios asequibles y platos como la olleta, el espencat, el bacalao o el fricandó, lo convirtió en un referente del barrio. En 2022, sin embargo, acabó cerrando víctima de la presión inmobiliaria, con un alquiler inasumible y un proceso judicial que culminó en desahucio.
A finales de 2025, los antiguos clientes Denis Minkin y Olga Minkina reabren Can Lluís con la voluntad de preservar su espíritu original. El local mantiene elementos emblemáticos como los azulejos, las vigas y columnas verdes, las paredes llenas de carteles y arte, las neveras de madera e incluso el agujero de la explosión de una bomba anarquista de 1946 en el comedor. La única intervención importante se ha hecho en la cocina.
Al frente de los fogones, Albert Güell recupera y mantiene los platos icónicos de la casa, como los pies de cerdo con caracoles, los erizos de mar al horno, el canelón de pollo a la catalana, el esqueixada de bacalao, la paletilla de cabrito o las costillitas. También se conserva el menú del mediodía, a 27,90 euros, fiel al espíritu original del restaurante.
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