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Reseña
Cruzar el umbral del número 23 de la calle de la Cera es entrar en un búnker de calidez. El espacio es puro Raval: paredes de piedra vista y una luz tenue que invita a la confidencia. Es un local de alma nocturna, con una cocina abierta que permite ver el ritmo frenético de los fogones mientras esperas en la barra con un Blackberry Mojito, un clásico de la casa.
La propuesta gastronómica, liderada por la chef Melissa Herrera, es un puente aéreo entre Galicia y el mundo. La carta es un festín de producto honesto con giros cosmopolitas. Son imprescindibles el volcán de arroz negro con alioli de azafrán y el Ceraviche de corvina con leche de tigre de ají y piña asada, que limpia el paladar con precisión. El pulpo de roca asado se reinventa sobre una causa limeña de "ajada" y el tartar de tomate con anacardos y algas wakame es absolutamente delicioso.
Con 15 años a sus espaldas, este rincón fundado por tres amigos gallegos consigue ofrecer alta cocina de fusión con un ticket medio de 40-45 €.
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