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Entrar en una cala gastronómica que es mar, tierra y naturaleza: esto es El Tribut. Enclavado en pleno Port Olímpic, frente a la playa de la Nova Icària, donde no se distinguen las fronteras entre el espacio y la arena, tal como sucede con el mar cuando se funde con el cielo del mismo color. Y esto tiene un motivo: el interiorismo se inspira en las formas de la naturaleza de la ciudad, tal como hicieron los modernistas en su época, convirtiendo a Barcelona en una ciudad única.
Las columnas parecen dunas, rodeadas de vegetación, y van recorriendo las diferentes mesas donde sentarse a degustar toda una explosión gastronómica de altura, que también traslada el mar a quien lo mira de frente (de hecho, hay una terraza con vistas fantásticas donde poder comer con la brisa marina). Los platos elaborados con pescado fresco y los arroces marineros son platos insignia de esta casa de playa, como el lomo de bacalao con picada de frutos secos y dátiles, parmentier trufada y setas confitadas, o la cazuela de arroz caldoso de bogavante, pescado y mejillones con fumet de marisco.
En la carta, sin embargo, hay más oleaje: el boniato al horno con burrata y miel picante, los canelones de asado picados a mano o el solomillo Wellington de El Tribut, elaborado con duxelle de setas, foie y su propia demi-glace, son otros platos que hay que probar. Recetas mediterráneas con productos de proximidad y un enfoque más actualizado. ¿Preparados para este chapuzón en un restaurante delicioso con sello barcelonés?
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