'Food-trucks' que no se mueven

Los ‘food trucks', como la vida en pareja, piden estabilidad y buenos alimentos. Vemos dos casos de furgonetas singulares aparcadas: Toya y Van Van Var

Toya Bar
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Toya Bar
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Toya Bar
Van Van Var
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Van Van Var

Rodar o no rodar, esta es la cuestión. Hace cuatro años, las furgonetas de los 'food trucks' empezaron a llenar estómagos en plazas y descampados, los fines de semana y festivos. A la espera de una inminente normativa municipal que adapte las características de las 'gastroroulottes' a la realidad, algunos han hecho el camino inverso: abandonar el movimiento perpetuo para cocinar más y mejor.

Max Porta, uno de los impulsores del Van Van Market (la semilla del boom), abrió el Van Van Var el verano de 2017. Es un punto estratégico para la (in)movilidad: justo debajo del empinado puente de la calle de Pujades, la brecha que marca la frontera entre el centro y la periferia industrial. “Teníamos este bar al lado de la oficina y estaba en traspaso. Y tenía las medidas exactas de la cocina de un food truck: 18 m² y dos entradas”. O sea que decidieron abrir un bar que nace y muere cada semana: de lunes a sábado, de 12 a 22 h, se instalan tras la barra “las entrañas de un 'food truck' diferente”. Puede escoger: disponen de unas 350 furgonetas.

Fácil: el sitio es una delicia. Está encajado en un amplísimo (y oculto) chaflán, una placita no oficial, donde puedes dejar que los niños jueguen sin preocupaciones. Difícil: un bar lo hace su clientela, y esta se tiene que adaptar cada semana a una cocina nueva. Pero Porta prioriza que su oferta “no sean variaciones de lo mismo, sino cocinas totalmente diferentes: mexicana, peruana, mediterránea, vegana y brasileña es lo que ha desfilado últimamente”. La carta residente son delicias de aperitivo en lata y palillo, comisariadas por Casa Mariol.

Y la misma jugada ha hecho David Villanueva, un cocinero peruano que, en un movimiento insólito, ha incrustado su 'food truck' Toya en la esquina de Ca la Montse, un restaurante de cocina catalana y arrocería de la Barceloneta abierto en 1959. “Trabajé de lavaplatos aquí hace 17 años. Y ahora Ca la Montse le ha hecho de paraguas al Toya y le aportamos nuestro valor añadido”. Villanueva es una 'rara avis': durante años tuvo el Toya como un one-man bar (¡el lo hacía todo tras la barra!) en la calle de Viladomat y también rodando (“la recaudación de la furgo cubría el alquiler del bar”).

Ahora, desde esta esquina, adapta cebiches y anticuchos al formato de calle y para llevar  –su anticucho, de corazón de vaca, con Parmentier de yuca, es excelente, trabajó en Astrid y Gastón– y hace fusiones de comida de calle latina con sentido, sensibilidad y sustancia (¡arepa a la peruana!). Solo tiene un wok y una plancha, pero la producción casera le permite cocinar delicias como un burrito de pollo adobado con salsa anticuchera, con hummus y envuelto en pan libanés.

Masala73

Durante una buena temporada, esta furgoneta picante –un cocinero catalán y uno hindú– rodó y rodó. Ahora es un señor restaurante (en Muntaner, 153) que privilegia el curry y el encuentro de Asia y Cataluña. Como una potente bomba con mayonesa de curry.

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L'Antiga Esquerra de l'Eixample
Skye Coffe

Skye Coffe

El decano de las cafeterías móviles en Barcelona es este 'food truck' que entre semana encontraréis siempre aparcado en el utracool Espai 88 (Pamplona, 88). Su repertorio y calidad no tienen nada que envidiar a las cafeterías de especialidad fijas.

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Pastrami Bar / El Paradiso

Pedían a gritos que las sublimes recetas de ahumados de Rooftop Smokehouse tuvieran lugar estable. Cada día de la semana, en Rere Palau, 7, tenéis maravillas como panecillos de caballa ahumada con ensalada de remolacha. Abren a las 19 h.

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