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Shigemi Kawahara, conocido en todo el mundo como el rey del ramen, abrió el primer Ippudo en 1985 en Hakata, un barrio de Fukuoka donde nació uno de los estilos más celebrados de este plato japonés. Hablamos del ramen de Hakata, con su característico caldo tonkotsu: una preparación densa y cremosa a base de huesos de cerdo, rica en colágeno, que se combina con fideos finos y elásticos. Cuatro décadas después, el imperio de Kawahara suma unos 150 restaurantes en Japón y un número similar en el resto del mundo, especialmente en el sudeste asiático y Estados Unidos. A finales de 2025 abrió Ippudo Barcelona. No es una franquicia: el restaurante depende directamente de la compañía.
Esta cadena es una muy buena puerta de entrada al mundo del ramen, tanto por la calidad de sus elaboraciones como por unos precios razonables: el ticket medio ronda los 25 euros y el menú de mediodía no llega a los 15. La carta barcelonesa es más breve que la japonesa, pero va al grano y se centra en aquello que mejor domina la casa: el ramen de Hakata, con caldos trabajados y fideos finos que absorben el sabor sin perder textura.
El Shiromaru, el ramen de la casa, es su mejor carta de presentación: cremoso, sabroso y bien equilibrado, con una profundidad de sabor que no se traduce en pesadez. El caldo tiene cuerpo, pero no cae en el exceso graso que a veces se asocia al tonkotsu. Quienes busquen algo más de intensidad pueden optar por el Akamaru, que incorpora aceite de ajo negro y añade un toque tostado y aromático al conjunto. La carta también deja espacio para otras propuestas, como el ramen vegetariano o el Tan Tan Men, una versión picante inspirada en el dan dan chino, con una base —el tare, en la jerga del ramen— elaborada con pasta de sésamo.
El espacio es amplio, sobrio y cómodo, lejos de la caricatura temática de los locales estrechos, con taburetes incómodos, ambientes cargados de vapor y sistemas de extracción deficientes.
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