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Reseña
El estadounidense Richard Bies, pastelero de pro -exjefe de pastelería en Escribà- sería la envidia de un aspirante a 'hipster': barba sumeria y años de formación y trabajo en San Francisco y NY. La Donutería es un pequeño obrador con una barra de café, excelente, y una salita protegida por muros de piedra de medio metro de espesor (obra vista y acero, en las antípodas de 'cupcakelandia'). "Tenéis una comida fantástico, pero en la bollería el nivel cae de golpe. Además, yo siempre había trabajado en puestos de precio prohibitivo ", son algunos de sus motivos de 'donutear'.
Él solito se enfrenta a una producción diaria donde cambia cada día el sabor de diez berlinas menos una: la de vainilla glaseada, el hit. ¿Qué podéis encontrar? Pues una de chutney de mango, coco y curry, pero quizás la próxima semana preparará una de crema catalana. Hoy, la de manzana, bacon y jarabe de arce. Son densas, grandes, sabrosas, a años luz de la poca sustancia industrial: "Sin nada que no sea natural", asegura. Paradoja: Bies es un americano que vende una especialidad yanqui ('doughnut') con nombre catalán (Andrés Costafreda, de Panrico, importó el concepto en los años 60). Respuesta: "A menudo viene un señor mayor que trabajó haciendo Donuts® en los 60. Sólo me pide la masa frita y nada más". Muy curioso.
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