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Reseña
Encontrar un nicho de diferenciación en el abarrotadísimo mercado de las mejores hamburguesas de Barcelona, ya sean smash, gourmet, con panes de colores, veganas o con influencia de la jota aragonesa, es todo un asunto. Y Mecha Burger se ha sacado de la manga el distintivo de la hamburguesa japonesa. Se basa en sus inicios, cuando abrió en el Raval como un local minimalista con el chef y artista gráfico ultracool japonés El Puto Ken. El estandarte de la casa era una hamburguesa (más bien un bocadillo sublime) de pollo frito karaage, un muslo deshuesado, limpio de venas y cartílagos, que se macera durante 24 horas con más de 30 especias antes de rebozarlo con una fórmula secreta.
En 2026 cerró y reabrió como Mecha Burger en el Eixample, donde ya entra de lleno en el terreno de juego de la hamburguesa japonesa (es decir, una hamburguesa occidental, en un panecillo, pero con sabores y técnicas del país del Sol Naciente. Porque allí, de hecho, la hamburguesa autóctona se sirve en plato). Y aseguran que la suya es la única smash burger elaborada con auténtico wagyu japonés, que pican a partir de carne de vaca adulta madurada en lugar de ternera para conseguir un sabor cárnico adictivo, que se completa con su salsa secreta, pepinillos encurtidos caseros y bacon: una combinación de potencia y suavidad que se recuerda un día después de haberla comido. Y si queréis recuperar el bocadillo de pollo fundacional, también lo encontraréis aquí. ¡Ojo con las patatas fritas con queso y wasabi!
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