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Reseña
Los buenos paladares deben vivir la experiencia al Monvínic, el genial invento de Sergi Ferrer-Salat, un lugar que con los años se ha convertido en emblemático. Y todavía más con la incorporación de Ariadna Julian al frente de una cocina de donde salen platos exquisitos, y no sólo en referencia al gusto. Cuando una trayectoria en restaurantes del mundo es bien aprovechada, los resultados son claros, como la liebre a la royale o el pichón a la brasa, y llevado a la mesa con una salsa y acompañamientos, que son como un plato aparte. Y qué decir del huevo poché, con sobrasada, parmentier, setas y jugo de asado de pollo.
Ariadna, que pasó por los altares de la cocina parisina, se superó después en tierras vecinas, en Cal Xim (Ordal), donde perfeccionó la brasa y dejó excelentes huellas en este gran restaurante. Con respeto por el km 0, la mayoría de los platos pasan por la brasa. Un sibarita disfrutará con su jarrete de ternera: 15 horas a baja temperatura, acabado a la brasa y glaseado con su jugo.
Todo esto se puede disfrutar en un ambiente Premio FAD en 2009 y donde además de un bar de vinos y restaurante, hay una biblioteca, salones y la privilegiada mesa del chef en la cocina. El Monvínic es una bodega abierto al mundo con 3.000 referencias. Y un funcionamiento impecable gracias a sus mujeres: Isabelle Brunet como sumiller -Premio Nacional de Gastronomía 2018 en la mejor cabeza de sala-, la maître Sophie Glossin y la directora Clara Saludes.
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