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My Fucking Restaurant

Restaurantes, Mediterránea El Raval
My Fucking Restaurant
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Time Out dice

Con el símbolo de interrogación palpitante en el coco, me acerco a My Fucking Restaurante. ¿Un restaurante nuevo en Nou de la Rambla, 35, dirigido al barcelonés? Ser el 86º mejor restaurante de 8.817 según la lista Tripera es relevante? ¿Cuando comes en la Rambla, te obligan a tragarte una litrona? En la puerta veo la placa de Slow Food, garantía de producto de proximidad fiable (que los propietarios y chefs, italianos, lo sean también del barato y bueno bar Ovis, promete).

El local es elegante, el espacio entre mesas suficiente, y el servicio es rápido, amable y eficaz: educado y con un punto informal, sin ser pelota. Aquí la cosa va de compartir, ese mantra ubicuo que a veces esconde cantidades exiguas. Bueno, compartimas. Lo hacemos con un salpicón de pulpo y cerdo (9,50 euros), que en una fila delgada se rebaña con pan de gamba. Y donde manda la hierba silvestre. Bastante bueno, pero le falta la marchita cítrica que un relaciona con el salpicón. De cítrico divertido van sobradas las croquetas de osobuco (a 1,70 la unidad): pelotitas de guiso tierno y poco cremoso, redondeadas con un rebozado con raspadura de limón. Deliciosas.

De segundo, atacamos un onglet de buey y las 'fucking' alitas de pollo de la casa. Hoy es fiesta mayor y queremos carne y sangre. El onglet (12,50 euros) es delicioso, al punto y tierno y cortado en lonchas diminutas; llega sobre una pequeña brasa en la que quema romero, que la aromatiza. Tan bueno que para compartir se queda corto. Las aletas (cuatro piezas, 8,50 €), deshuesadas, reposan sobre una galleta hecha de su piel y llegan a la mesa sobre un rodillo de amasar. Se devoran de un solo bocado. Y son un bocado sabroso y divertido, aunque no mejores que unas aletas adobadas y fritas, de las que te has de pelear por la carne. No acabo de ver qué utilidad tiene el virtuosismo y el 'gadget' si no se potencia el sabor.

¿Salimos satisfechos? Sí y no. Buena pitanza, cantidad escasa. El problema y la solución es racional: aumentar las raciones. Si sirves principales en pequeñas dosis tienes que ser como los Ramones de la cocina: cada plato tiene que reventar cabezas. Un risotto a 13 euros me parece la mar de correcto, siempre que no sea de tamaño tapa, como aquí pasa.

El camarero es encantador; se le ve feliz de poder practicar su catalán con aborígenes, en una sala con un 80% de turista (y me invitan a una copa de vino). Salimos encantados por el trato y con la barriga no del todo llena: con la reconfortante (o inquietante) sensación de que el futuro en el centro pasa por tratar bien al barcelonés. Por lo que tiene de especie en extinción.

Detalles

Dirección Nou de la Rambla, 35
Barcelona
08001
Transporte M: Liceu
Contacto
Horas de apertura De jue. a lu. de 17 a 23.45 h

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