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Reseña
Que un restaurante sea muy grande y que pertenezca a un grupo de restauración no quiere decir que las cosas no se puedan hacer muy bien hechas. Y este es el caso del restaurante Nomo Eixample: estamos en un espacio de 570 m² y con capacidad para 120 comensales, y a pesar de ello, no se pierde la sensación de intimidad: el diseño de Ricard Trenchs, de Trenchs Studio, crea un espacio que transmite calma mediante la utilización de pocos materiales, pero que a la vez genera una experiencia cálida y sobria. La separación de las mesas y una sabia utilización de la luz exterior, contrastada con los tonos cromáticos neutros, hacen que el comensal se sienta recogido, a pesar de las grandes dimensiones del espacio de este excelente restaurante de alma japonesa y mediterránea.
Pero esto no es un catálogo de interiorismo. Lo que realmente importa de Nomo es la labor del chef Naoyuki Haginoya, que ha conseguido la proeza de armar una carta enorme en la que todos los platos funcionan y, a pesar de la gran variedad de apartados y estilos (nigiris, gyoza, parrilla robata, fideos y arroces, apartado de crudos, plancha y tempura...), a menudo alcanza la excelencia de la hiperespecialización japonesa. Y todo ello sin traicionar su estilo personal de cocina nipona enamorada del Mediterráneo. Ved el ebi chili: fideos kataifi, finísimos y crujientes, con langostinos picantes y un huevo frito, suculento triple paseo mediterráneo, asiático y catalán. O su ya clásica croqueta de rabo de toro. Los nigiris son de otra galaxia, el tipo hace lo que le da la gana y siempre acierta: uno de pez limón con yuzu y chile de Jalapa marinado pone la ortodoxia del revés, pero el arroz siempre se deshace en la boca como Dios manda. Por si fuera poco, dispone de un par de menús degustación a precios ajustados.
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